Emilia Pardo Bazán | Cómo ser mujer en el siglo XIX (3)

LOS PAZOS DE ULLOA Y EL MACHISMO

La verdad es que el archivo había producido en el alma de Julián la misma impresión que toda la casa: la de una ruina, ruina vasta y amenazadora, que representaba algo grande en lo pasado, pero en la actualidad se desmoronaba a toda prisa.


En su último viaje a París, Doña Emilia asiste, como es costumbre, a tertulias en las que coincide con escritores y aristócratas franceses y rusos. Es entonces cuando empieza su fascinación por la literatura rusa, por sus tramas monumentales, por sus personajes. Con todo eso en la cabeza vuelve a su tierra para retratar sobre el papel la realidad que mejor conoce: la sociedad gallega. Así nace Los pazos de Ulloa (1886), una de las novelas más importantes de nuestra literatura.

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#DoñaEmiliaRocks

Se la conoce como la novela naturalista por excelencia, pero las ideas preconcebidas están para romperlas, ¿no?. No solo hay naturalismo en Los pazos, sino que es una novela social con una reflexión psicológica profunda y una combinación de estilos innovadora. Y todavía puedo fangirlear más: es la novela que mejor ha envejecido de todas las escritas en el siglo XIX. Palacio Valdés dijo que “estas mujeres que se meten a hombres no logran pasar de los veinte años”, refiriéndose a la propia Emilia. Perdona, pero estas mujeres son inmortales y llegan incombustibles hasta hoy gracias a sus obras (otros escritores no pueden decir lo mismo, y no miro a nadie, Armando).

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El tema principal es la decadencia de la novela rural, tema que convive con otros como la política (caciquismo), la religión (siempre benevolente con el clero) y la situación de las mujeres. Emilia Pardo Bazán crea unos personajes que parecen saltar de las páginas, rodeados de descripciones tan vibrantes, llenas de matices, en continuo movimiento. Es una novela dinámica, con un ritmo que se va acelerando especialmente al llegar al final, mientras contenemos la respiración. La trama se va desarrollando ante tus ojos y no puedes más que dejarte atrapar por la absorbente naturaleza gallega.

Sí encontramos naturalismo en la observación minuciosa de la realidad y la contraposición de la civilización frente a lo primitivo y rural. También en las descripciones fisiológicas: el parto, amamantar, la fiereza de excesos como el alcohol. Sin embargo, ese realismo se distorsiona con la presencia de sueños y alucinaciones que reflejan los verdaderos temores de los protagonistas. La crudeza y la magia, la religión y los conjuros viven en los pazos de Ulloa, ese edificio que es ruina física y espiritual. Una ruina tétrica, donde la violencia prevalece.

Sintió [Nucha] también que le asían las manos otras manos despojadas de carne, consuntas, amojamadas y momias; comprendió que la guiaban hacia el estrado, y que le ofrecían uno de los sitiales; y apenas se hubo sentado en él, conoció con terror que el asiento se desvencijaba, se hundía; que se largaba cada pedazo de sitial por su lado sin crujidos ni resistencia; y con el instinto de la mujer encinta, se puso de pie, dejando que la última prenda de esplendor de los Limiosos se derrumbase en el suelo para siempre…

Vale, mucho estilo pero ¿de qué va todo esto? Pues comienza con la llegada de un joven cura, Julián, a la aldea donde se encuentran los Pazos, propiedad del marqués, Pedro Moscoso. Allí el verdadero poder lo ejerce Primitivo, con amenazas y violencia. En toda esa barbarie crece el pequeño Perucho, hijo bastardo del marqués y su criada Sabel, que a su vez es hija de Primitivo. Vemos que este es un círculo cerrado –ya leeremos hasta qué punto-. Pedro cree que ha llegado el momento de buscar esposa y junto a Julián viaja a casa de sus primas. Elige a Nucha, la de apariencia más frágil y pura porque su mujer debía ser “limpia como un espejo” (y él, tremendo salvaje; peligrosa combinación). Nucha experimentará un completo infierno en un lugar que le es tan hostil como podamos imaginar.

Mary Lee Breetz sentencia que “estamos ante el primer estudio del machismo en la literatura española”. Pues bien, en mi última relectura he querido centrarme en este aspecto. Conclusión: es increíble la cantidad de escenas y alusiones a la violencia sobre las mujeres.

Esta es la primera vez que se refiere al maltrato:

Sabel, tendida en el suelo, aullaba desesperadamente; don Pedro, loco de furor, la brumaba a culetazos; en una esquina, Perucho, con los puños metidos en los ojos sollozaba. […]¡Perra…, perra…., condenada…, a ver si nos das pronto de cenar, o te deshago!

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Victoria Abril en el papel de Nucha. Versión de Gonzalo Suárez (1985).

Más adelante, será Perucho quien describa la violencia: El niño recordó entonces escenas análogas, pero cuyo teatro era la cocina de los Pazos, y las víctimas su madre y él. Cuando Perucho acuna a la nené (la recién nacida) le cuenta una historia cuyo protagonista es presentado así “el malo bribón del rey quería comerla, porque era el coco, y tenía una cara más fea, más fea que la del diaño”. […] “Y va el pagarito (Perucho) y con el bico le saca un ojo, y el rey queda chosco [tuerto]”. Es un ejemplo de un niño que presencia y sufre maltrato en su hogar.

Luego vendrán las amenazas de Pedro hacia Nucha: “soy capaz de romperle una costilla si me desobedece (si no da a luz a un niño). Y luego ella experimentará un maltrato físico (del que no somos testigos):

en las muñecas de la señora de Moscoso se percibía una señal circular, amoratada, oscura…

y psicológico, que se percibe en su continuo malestar, la excesiva obsesión con su hija, su enfermedad. Lo que unos llaman histeria yo lo llamo miedo de una mujer maltratada:

Quiero marcharme. Llevarme a mi niña. Volverme junto a mi padre. Para conseguirlo hay que guardar secreto. Si lo saben aquí, me encerrarán con llave, me apartarán de la pequeña. La matarán. […] Yo tengo miedo en esta casa.

El sufrimiento de Nucha es insoportable para ella, para Julián y para todos los espectadores de esta historia de brutalidad hacia las mujeres. (Preparaos para querer arrancar cosas, tirar cosas, entrar a salvar a los protagonistas, etc). Y Doña Emilia lo utiliza para denunciar la educación de las mujeres y la incomprensión de la sociedad.

Si todavía no os habíais acercado a Los pazos de Ulloa por temor soporífero, sabed que aquí no hay descripciones infinitas de 400 páginas ni alardes académicos. Esta es una historia apasionante, testimonio de una época, narrada tan magistralmente por la pluma de mi querida Doña Emilia. El final deja nuestro interés en un punto tan alto que solo podrá satisfacerse con la lectura de la segunda parte, La madre naturaleza.

Fuentes consultadas: 

Acosta, Eva: Emilia Pardo Bazán. La luz en la batalla. Biografía. Lumen, Barcelona, 2007.

Bravo-Villasante, Carmen: Vida y obra de Emilia Pardo Bazán, Revista de Occidente, Madrid, 1962.

[La cita de Mary Lee Bretz estaba en mis apuntes pero no pude encontrar la referencia concreta.]

*Esta entrada forma parte del proyecto “Adopta una autora” para la visibilización de las escritoras. 


Próxima entrada (julio): Emilia Pardo Bazán: “Guía de lectura”.

Las chicas, Emma Cline

Guy no había interesado tanto a la prensa, no era más que un hombre haciendo lo que los hombres llevan haciendo toda la vida, pero a las chicas las convirtieron en algo mítico.


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La idea de este blog es compartir las lecturas que más me han fascinado, tanto de mis escritoras favoritas como de las que voy descubriendo. De ahí que dudara a la hora de escribir –y publicar- sobre Las chicas, un libro que me ha provocado sensaciones contradictorias. La verdad es que no me ha gustado mucho, pero debo admitir que su mérito está en el debate que ha suscitado entre los lectores y creo es interesante destacar aquí los temas que plantea, a partir de varios fragmentos. Dos son los puntos fuertes, en mi opinión, de la novela de Emma Cline; por un lado, el estudio de la adolescencia femenina, las inseguridades de una joven y sus anhelos vistos desde la perspectiva de su yo adulto que reflexiona sobre las decisiones que tomó a sus trece años; y por otro, el lenguaje tan evocador y descriptivo, muy cinematográfico, que nos lleva directamente a la década de los 60 y transmite a la perfección el ambiente de la época, tal y como recordamos haber visto en las películas.

Esperaba que alguien me dijese qué había de bueno en mí. Más tarde me pregunté si sería por eso por lo que había muchas más mujeres que hombres en el rancho. Todo el tiempo que había dedicado a prepararme, esos artículos que enseñaban que la vida no era más que una sala de espera, hasta que alguien se fijara en ti… Los chicos habían dedicado ese tiempo a convertirse en ellos mismos.

Se echan en falta en la novela más párrafos como este. Los momentos en los que la protagonista reconoce el poder de su cuerpo para conseguir su ansiada atención son más abundantes que los que cuestionan la presión que tienen que soportar las chicas adolescentes injustamente. Y es que, siendo consciente de la subjetividad de lo que voy a decir, creo que ya sabemos que en la adolescencia somos muy vulnerables y que la falta de atención de padres o amigos causa actos de rebeldía con los que se corren más o menos riesgos. Aunque no se haya hablado mucho de la adolescencia femenina desde el punto de vista de una mujer, la autora no nos aporta nada nuevo al relato ya conocido. Creo que son más necesarias historias que ofrezcan otros modelos posibles de adolescencia, que den seguridad a las chicas que los lean o que propongan una reflexión más profunda; que no nos despisten de la misma manera que se ha hecho siempre: haciendo que los hombres no sean protagonistas pero luego resulta que sí.

La bofetada debería haberme puesto más alerta. Como quería que Russell fuera bueno, lo era. Como quería estar cerca de Suzanne, me creía todo lo que me permitiera estar allí. Me decía a mi misma que había cosas que no comprendía. Recuperaba las palabras que había oído decir a Russell y les daba la forma de una explicación. A veces tenía que castigarnos para mostrarnos su amor.

Emma Cline Bertran

Ahora ya puestas unas gafas más objetivas, creo que hay cabos sueltos en el relato. La admiración que siente Evie por Suzanne, como concepto, me parece de lo más acertada. Sin embargo, en la novela, no está realmente justificado por qué Evie siente esa adoración por su compañera. La autora nos atrapa con descripciones tan originales y sensoriales como esta:

La sonrisa de Suzanne, que floreció dentro de mí como pirotecnia, esparciendo su humo de colores, sus cenizas errantes y hermosas.

¿De dónde sale toda esa pirotecnia? ¿Es su pelo? ¿La indiferencia? ¿Los efectos de una droga? Inevitablemente percibo que esto no es suficiente para creerme la relación entre ellas. O quizás sea el misterio que provoca Suzanne lo que quiera trasmitir Emma Cline con esas omisiones. Al fin y al cabo, es la autora la que nos indica lo qué debemos pensar de los personajes.

Luego está el punto de vista, desdoblado en las voces de la Evie adolescente y la adulta. Las opiniones de la adolescente sobre sus actos siempre están condicionadas por la mirada de la Evie adulta así que acaba siendo un punto de vista único sin una evolución real. Un ejemplo de cómo mostrar el punto de vista adolescente y las reflexiones posteriores sin que se solapen está en Daniela Astor y la caja negra (Marta Sanz), novela de la que ya os hablé aquí.  Creo que tiene todo lo que le falta a Las chicas.

De cualquier manera, el aparato publicitario ha creado unas expectativas, en mi caso, no cumplidas. La morbosidad del clan Mason y el eslogan feminista han resultado ser la receta perfecta del éxito de la novela. Puede que Mason o los hombres no sean el protagonista pero está claro que la sombra masculina tiene una influencia enorme sobre las chicas que aquí conocemos. A pesar de que habla de los años 60, la Evie actual también verá en Sasha repetido su comportamiento de esa época:

Ya debía de haberlo perdonado por dejarla tirada. A las chicas se les daba bien colorear esos decepcionantes espacios en blanco.

Si trasladaramos a Sasha al 2016 ¿seguiría viendo su comportamiento perpetuado? Seguramente sí porque lamentablemente las cosas no han cambiado mucho. Y yo me pregunto, al menos en la literatura, como arma cargada de futuro ¿es que no hay otro mundo posible? Tengo claro que necesito otra literatura, una alternativa que aporte esperanza y muestre una manera diferente de hacer las cosas. Con todo, no descarto que Emma Cline pueda sorprenderme más positivamente en sus próximos trabajos. Who knows?

Nawal El-Saadawi + recomendaciones

La esperanza es poder. En prisión, bailaba para animarme. Nunca me he rendido. Pero lo que más me preocupa de Egipto es lo mismo que me inquieta del resto del mundo. No es posible separar lo local de lo global. Vivimos en un único mundo, no en tres, y está dominado por el mismo poder capitalista, patriarcal y religioso.


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Cuando era pequeña, me fascinaba Egipto y su cultura; me rodeaba de libros sobre la Época Antigua, históricos o de ficción. Lo que tenían en común era que siempre contaban la historia de los hombres. Entonces llegó Nawal El-Saadawi (1931), una mujer brillante y valiente que, en sus obras, relata las dificultades de una chica joven egipcia en una sociedad patriarcal. En un país en el que las mujeres permanecen ocultas ella decide hablar. Nawal El-Saadawi se rebela ya desde niña al cortarse el pelo, después al elegir estudiar Medicina y ejercerla en un mundo de hombres. Luego vendrán cargos políticos, directora de Salud Pública o consejera de la ONU para el programa Mujeres en África, pero sus opiniones resultan incómodas y acabará en la cárcel. Nada consiguió cambiar o suavizar su discurso; en vez de eso la represión y la censura la impulsaron a seguir con sus reivindicaciones y su activismo contra la mutilación genital femenina (que ella misma padeció). Sus palabras y su vida son un ejemplo de lucha por los derechos de las mujeres.

En Memorias de una joven doctora nos encontramos un texto autobiográfico cuyos episodios centrales vienen acompañados de una carga emocional que le aporta una matiz muy íntimo. Habla directamente al lector, pero casi parece que dialoga consigo misma para poner en orden sus recuerdos y contradicciones. El-Saadawi creció en una familia conservadora donde su hermano era el centro y ella, más inteligente y capaz, tenía que resignarse a un segundo plano, recatado e inmóvil. Sin embargo, ella no podía parar. En su relato el cuerpo va a tener un protagonismo fundamental; a través de él observamos las diferencias que la cultura ha impuesto a los chicos y a las chicas, y la mirada de una joven doctora sobre los cuerpos muertos, frágiles, donde el hombre aparece desprovisto de poder.

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Memorias de una joven doctora, Lumen (2006).

El enfrentamiento con el mundo que la rodea la lleva a apartarse de él y buscar refugio en una zona rural. Este aislamiento no arreglará su conflicto entre el cuerpo y sus ideas y tendrá que ir superando nuevos obstáculos. Ella es mujer y doctora lo que dificulta ganarse el respeto de la sociedad. No decae y en sus palabras, tan reconfortantes, encontramos auténticas lecciones de vida. Ninguna de sus decisiones es un error sino una oportunidad de aprendizaje, siempre con la búsqueda de la libertad como meta.

La relación con los hombres que aparece en Memorias… es otro ejemplo de la opresión masculina. Su primer marido se vuelve cada vez más controlador y ella acabará divorciándose. La escritora sabe bien que la independencia es un arma contra el control y por eso, en sus entrevistas, repite una y otra vez esa necesidad de autonomía unida al poder de la esperanza. Mi próximo paso es leer sus novelas, basadas en sus propias experiencias y que seguro ayudarán a entender la realidad de las mujeres de su tiempo en un Egipto que, en sus palabras, no ha cambiado mucho desde entonces.

Al terminar este libro de memorias, me queda la sensación de que me hubiera gustado leerlo hace años. Creo que es una lectura muy inspiradora en los años anteriores a empezar la Universidad, antes de tomar la decisión. Su escritura sencilla y emocional consigue diluir los prejuicios de la adolescencia y que veamos con más claridad. Además, su estilo consigue que nos podemos identificar con su historia, a pesar de la distancia temporal y espacial, y es un buen punto de partida para empezar a cuestionar la represión impuesta a las mujeres.

Este es el punto débil en el que los hombres se apoyan para conseguir el control sobre una mujer: la necesidad de protegerla de otros hombres. Los celos del macho sobre su hembra. Él dice temer por ella, cuando en realidad teme por sí mismo, dice estar protegiéndola pero lo que quiere es poseerla y rodearla de un muro.


Conocer las historias de las mujeres a través de su propia experiencia es tremendamente interesante y hermoso. Algunas utilizan el género autobiográfico y otras prefieren la ficción basada en sus vivencias. En todo caso, las diferentes perspectivas nos acercan, sus relatos nos ayudan a no sentirnos solas. Repasando mi cuaderno de lecturas he querido aprovechar esta entrada para compartir algunas lecturas sobre escritoras que nos cuentan la vida en otro tiempo o en otro lugar, no tan diferente ni tan lejano. Mujeres que hacen nuestra historia común #sororidad.

RECOMENDANDO ESCRITORAS:

Apuntes autobiográficos de Emilia Pardo Bazán que podéis leer aquí.

Los usos amorosos de la posguerra española, Carmen Martín Gaite.

Solterona, Kate Bolick. Ver entrada.

Tea-Rooms, Luisa Carnés. Ver entrada.

La mujer nueva, Carmen Laforet.

Mujeres de negro, Josefina Aldecoa (Segundo libro de la trilogía que empieza con Historia de una maestra)

Una habitación propia, Virginia Woolf.

El cuaderno dorado, Doris Lessing.

Women and Economics, Charlotte Perkins Gilman.

Manual para mujeres de la limpieza, Lucia Berlin.

Escucho el silencio, Mercedes Formica.

Y, aunque no los he leído todavía, muy arriba en mi lista de pendientes: La lección de anatomía y Clavícula de Marta Sanz.


¿Habéis leído alguna de estas lecturas? ¿Se os ocurren más libros sobre experiencias de escritoras? Si teneís alguna recomendación, no dudéis en comentar; estoy deseando conocer más libros para continuar mi viaje por las historias de las mujeres :).

Zadie Smith | Dientes blancos: Irie Jones

Irie regresaba rápidamente al número 28 de Lindaker Road, Lambeth, aliviada de estar otra vez en la oscuridad, porque aquello era como hibernar o estar en el capullo, y sentía tanta curiosidad como los demás por averiguar cómo sería la Irie que saliera de allí. Aquella casa era una aventura.


Dientes blancos fue la novela con la que Zadie Smith se presentó al mundo. Aunque solo tenía 25 años cuando se publicó, ya había conseguido tomar el pulso a toda una generación de hijos de inmigrantes, el microcosmos que latía en un barrio al noroeste de Londres. Es una novela monumental porque engloba todos los conflictos posibles mediante el cruce de tres familias y tres generaciones. La cantidad de personajes y temas hacen de ella una novela densa y compleja que se asimila gracias al cambio de tono y de voces, esa alternancia entre la mirada de los adolescentes frente al de los adultos. Tomando como referencia el hecho de que los capítulos llevan el nombre de los personajes sobre los que la autora pondrá el foco en cada momento, así os iré presentando esta novela.

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Tres generaciones: Hortense, Clara e Irie

El árbol genealógico tiene una relevancia fundamental en la vida de cada personaje. Sus raíces, su lugar de procedencia, es un clavo imposible de sacar, una mochila demasiado pesada que impide su progreso. El pasado es una losa. Por eso lo primero que tenemos que saber de Irie es que sus padres son Archie Jones y Clara Bowden, un inglés y una jamaicana con una diferencia considerable de edad y cuya unión más que en el amor se basa en la necesidad (él, un refugio; ella, una vía de escape). Este primer dato sobre Irie nos hace pensar en la propia escritora, que pudo perfilar este personaje a partir de sus propias vivencias.

No contenta con quedarse ahí, Zadie Smith va a remontarse a las mujeres de la familia de Clara para comprender qué tipo de mochila arrastran cada una. Hortense es la abuela de Irie, una excéntrica mujer, excesivamente religiosa y obsesionada con un inminente fin del mundo. Su mayor preocupación es mantener a Clara en la fe y alejada de las tentaciones inglesas: los chicos. Pero la Clara adolescente quiere escapar, enamorarse y dejar de compartir techo con su madre. Algo parecido le pasará a Irie Jones. Sus ansias de ver mundo y tomarse un año sabático antes de la universidad provocarán una guerra en la casa Jones-Bowden. Irie no quiere resignarse y por eso se va a vivir con su abuela, creyendo que así podrá conservar su libertad.

Ninguna de las tres generaciones puede dejar atrás el rencor de un pasado complicado, entre dos culturas, a veces abusivo, otras solo decepcionante.

Una adolescencia que muerde

dientes_blancosIrie Jones es una muchacha que odia su cuerpo, lo siente como una cárcel porque no se corresponde con el modelo de chica que gusta a los chicos (en concreto a Millat): rubia, delada, inglesa. En numerosas escenas la encontraremos con la mano colocada obsesivamente en la barriga: la mano que sirve para ocultar lo que ella rechaza de su físico. Pero no será el único complejo, ni mucho menos. ¿Dónde se centran todas las preocupaciones de una chica? El pelo, sí. El pelo afro es fuente de insatisfacción. Todas las mujeres reconocen la calidad de su melena, incluso la envidian. Ella lo odia. Quiere que sea liso como el de las otras chicas y sufrirá para conseguirlo. Para los que habéis leído Americanah, tiene muchas similitudes con las escenas capilares que recrea Chimamanda. Y es que no hay frivolidad en ello, es la realidad pura y dura, otra muestra más de la esclavitud del aspecto físico. De cualquier manera no logrará su objetivo: llamar la atención del joven Millat.

Pero Irie no sabía que estuviera muy bien. Allí fuera estaba Inglaterra, un espejo gigantesco, en el que Irie no se veía reflejada. Una extraña en un país extraño.

En otro momento,  Irie sugerirá en clase que uno de los poemas de Shakespeare se refiere a una mujer de color. Este comentario rechazado de pleno por la profesora, suscitará las burlas de sus compañeros. Por lo tanto, son dos las causas de su conflicto: no lograr el amor de Millat y no reconocerse en el país en el que vive. Es una chica fuera de lugar.

Machismo

El machismo en Dientes blancos va a tener un papel muy relevante y está presente en cada matrimonio, en cada relación entre los personajes. El machismo adolescente tiene su representación en Millat, el amigo de Irie Jones. Sus frustraciones le han llevado a buscar en los extermos de la religión un refugio que le lleva a mas insatisfacción. Su respuesta es la rebeldía constante. Su última agrupación religiosa busca la opresión y estigmatización de las mujeres y eso se verá en su cambio de actitud hacia su novia. También se ve el machismo en la manera con la que Magnus Chaflen (padre de una familia inglesa que intervendrá en la vida de Irie y Millat) trata a Irie Jones. En una carta, se referirá a ella con condescendencia, haciendo hincapié en su poca brillantez y convencido de que estudiará una carrera sin muchas aspiraciones. Ella le hará caso.

Pero Karina Cain importaba, porque era su amor, y su amor tenía que ser su amor y de nadie más. Protegida como la mujer de Liotta en Uno de los nuestros o la hermana de Pacino en El precio del poder. Tratada como una princesa. Portándose como una princesa. En una torre. Tapada.

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Laten tantos conflictos como personas habitan el noroeste de Londres y Zadie Smith nos lo presenta en Dientes blancos con todas sus contradicciones, desde todos los ángulos y perspectivas. Leeríamos una guía para visitar los puntos de interés de Londres pero escogería a Zadie Smith para entender la multiculturalidad de esta ciudad, qué sentimientos y aspiraciones esconde cada puerta. Es un brillante testimonio de su generación y fue convertida en serie de televisión en 2002, protagonizada por James McAvoy y Archie Panjabi (la inolvidable Kalinda para los seguidores de The Good Wife).

*Esta entrada forma parte del proyecto “Adopta una autora” para la visibilización de las escritoras.


Próxima entrada (junio): Zadie Smith | Sobre la belleza.

El mes más cruel, Pilar Adón

Y, mientras, percibían los evidentes cambios en la intensidad de la luz del sol, y los consiguientes, y también evidentes, cambios en la consistencia del aire.

—La rutina siempre tranquiliza.

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El mes más cruel, Pilar Adón. Editorial Impedimenta, 2010.

April is the cruellest month, breeding / Lilacs out of the dead land, mixing / Memory and desire, stirring / Dull roots with spring rain. (T.S. Elliot, 1922)

Fijaos bien en la portada, en lo que transmite esa imagen, la mirada, la apariencia. Es el mejor prólogo para esta colección de relatos. Todo lo que ella transmite, lo reviviremos en cada cuento. Esa cierta sensación inquietante, el frío y la humedad que desprende su rostro, la mirada firme que parece que interpela al lector, lo interroga. Puede que esté huyendo de algo. ¿Qué revelan sus ojos? Una plegaria o quizás miedo. Lo desconocemos, al igual que desconocemos, por mucho que lo intentemos, el significado de los relatos. Llegamos en medio de una historia y la narradora nos coloca ante un conflicto que nace en la parte más íntima de cada personaje. Unos personajes que están en plena huida. Abandonamos la última página con el desconcierto de quien es expulsado de un mundo que estaba empezando a entender. Pilar Adón nos presenta catorce maneras de escapar, las motivaciones y las reacciones del otro, sus parejas o amistades. Entre ellos hay una incomunicación: cada uno está preocupado por sus propios fantasmas o anhelos, de ahí que haya malentendidos, mentiras, conversaciones banales que esconden algo más profundo.

Todo esto consigue la prosa de Pilar Adón, tan sensorial y descriptiva, poética y turbadora. Esto sumado a la abundancia de detalles consigue que nos dejemos llevar, de la mano de la autora, sumergiéndonos en un mundo atemporal, más cercano a la fantasía. Las historias captan un instante y se desvanecen dejándonos sumidos en la incertidumbre. Pero que nadie se alarme, Pilar Adón nos recompensa con un cierre que remite a los cuentos tradicionales: el poema-moraleja que cierra cada relato.

La introducción de Marta Sanz sabe captar muy bien el significado de la colección, aunque ella dude, como yo, como todos, sobre la correcta interpretación de los cuentos, tan crípticos y volátiles. Lo que está claro es que disfrutaremos de una lectura muy estimulante. El tono del volumen es coherente hasta el punto de que incluso parece que no abandonamos el mismo escenario, como si todo sucediera en la misma zona o, al menos, todos contemplaran el mismo paisaje. También comparten la presencia de los libros y el desasosiego que sienten los personajes y consiguen transmitirnos.

A la hora de hablar de cada cuento en particular, he querido destacar, por su originalidad o por la intensidad de lo que describe: “En materia de jardines”, “El infinito verde” y “Noli me tangere”.

  • “El infinito verde” es un cuento muy breve con dos personajes, dos amigas que corren, en un juego de niños, alentadas por un rumor del pueblo. El lenguaje del relato recrea la naturaleza asfixiante que termina atrapando a las protagonistas. Puedes sentir la velocidad de la carrera con las plásticas descripciones de Pilar Adón. Fantasía mitológica de la fusión hombre-naturaleza, con una narración tan delicada que casi puede tocarse.
  • “Noli me tangere”: un relato desagradable porque aquí no ha elementos fantásticos es la realidad de un hombre que acosa a una joven en la estación. Ella arrastra un temor pasado que contribuye a aumenta la tensión que está experimentando y nosotros trascendiendo la posición de observadores, nos contagiamos de esa sensación. El título y las palabras que repite la protagonista son una plegaria: no me toques.
  • “En materia de jardines”: uno de los dos relatos más extensos de la colección. De nuevo dos protagonistas colocadas ante su reflejo. Parece un juego de espejos en el que ambas se miran, sin entender a la otra, preocupadas por sus propios miedos y conflictos. No hay una comunicación fluida y sus conversaciones, banales, importan más por lo que no se dice. Se nota lo incómodas que se encuentran la una con la otra aunque parecen necesitarse porque se complementan.
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Pilar Adón, Madrid, 1971


Un color anhelante, de un tono despejado y transparente. Tan transparente que tendía al ámbar… Pero la mañana concluía y el tiempo avanzaba hacia la tarde y, cuando eso sucedía, el verde empezaba a transformarse. El día se hacía maduro y el verde se hacía maduro de igual forma, adquiriendo entonces un tono más oscuro, más reflexivo. Más sombrío. Finalmente, la noche, como era de esperar, mostraba un verde mortecino. Un verde sabio pero también apagado. Un verde un tanto trágico.

Las “malas esposas” en el teatro (1): Sibila Casandra

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Nao d’Amores llevó a escena el Auto de la Sibila Casandra. Dirección y adaptación: Ana Zamora.

El teatro nos ha dejado inolvidables personajes femeninos que, pese a vivir en épocas muy diferentes, supieron retratar el conflicto de las mujeres que no se conformaban con ser esposas o madres. Ellas aspiraban a realizarse, sin cadenas, desafiando los prejuicios de la sociedad y la oposición de familia y amigos. La educación femenina lleva siglos asentándose en el principio de la inferioridad intelectual de la mujer frente al hombre. Por eso, nunca esa educación se inspiró en objetivos ambiciosos, más allá de orientarse a encontrar un buen marido. Sin embargo, no todas las mujeres han querido resignarse a ese modelo de “ángel del hogar” y tras la represión llegará su explosión, en forma del portazo más famoso de la Historia del Teatro. El sonido de la mujer que emprende su camino sola.

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Gil Vicente

Nora primero (Casa de muñecas, Ibsen) y Rita casi un siglo después (Educating Rita, Willy Russell) suponen un pulso al personaje femenino tradicional, poco dado a reivindicaciones, siempre un paso por detrás del protagonista masculino. Las dos, en diferente momento de su vida, comprenden que el matrimonio no es su meta, sino que antes necesitan construir su vida, emanciparse. Aunque sus actos nos parezcan muy modernos para su época, la verdad es que siglos antes ya una mujer levantó su voz para defender su decisión de no casarse, algo impensable en ese momento. ¿Y dónde podemos encontrar a una mujer así? En el Auto de la Sibila Casandra, obra del dramaturgo más aclamado en su tiempo, Gil Vicente, y, se supone, la primera obra de teatro feminista. ¡Y se publicó en el siglo XVI! Este escritor portugués gracias a su bilingüismo, nos ha dejado abundante obra en castellano, entre ella, este auto totalmente transgresor. Tanto en Portugal como en nuestro país, sus coetáneos tenían una opinión unánime: Gil Vicente era la figura principal del teatro renacentista. Su mérito reside en la modernidad de su teatro, mezclando estilos, dando complejidad a la trama y a los detalles. No hay que olvidar que estamos todavía en una época en la que el teatro estaba en desarrollo, preludio de la época dorada del Barroco.

El mito en el que se basa es de sobra conocido hoy, pero aquí se centra en la Sibila Casandra, una pastora que rechaza casarse con otro pastor, Salomón. Casandra reniega de la institución del matrimonio y se muestra como una mujer con capacidad de decisión, algo que no era frecuente en la literatura (ni lo será siglos después). Casandra lamenta la suerte de las mujeres que dependen de sus padres o maridos; no nos suena de nada, ¿verdad? Me da la impresión de que llevamos demasiado tiempo oyendo esta denuncia, este rechazo al modelo tradicional de la mujer. A pesar de que son muchas las voces literarias que reafirman esta posición, mientras sigan ocultas o se les niegue la atención que merecen, nadie podrá conocerlas, leerlas y reivindicarlas.

Nuestra Siblia nos da muchas razones por las que no quiere ser una mujer casada, pero su motivación principal es que sabe que el hijo de Dios nacerá de una Virgen y su deseo es ser la elegida. Reconozco que no es un objetivo con el que podamos identificarnos hoy, pero quedémonos con el fondo. Una mujer no quiere casarse porque pretende alcanzar sus objetivos: ella se convierte en prioridad.

Démosle voz a Casandra. Así nos resume las posibilidades que tenía una muchacha en su siglo:

No quiero ser desposada

Ni casada

Ni monja, ni ermitaña.

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En uno de los monólogos más extensos, Casandra explica a su pretendiente las desventajas de casarse a través de las experiencias de las mujeres que conoce:

Veo quexar las vezinas

De malinas

Condiciones de maridos:

Unos ensoberbecidos

Y aborridos;

Otros de medio gallinas;

Otros llenos de celos

Y recelos,

Siempre aguzando cuchillos,

Sospechosos, amarillos

Y malditos en los cielos.

[…]

¡Y la muger! Sospirar,

Después en casa reñir

Y groñir,

Y la triste allí cautiva

Salomón le responderá con un #notallmen de la época: “No soy de esos ni seré,/ por mi fe / que te tenga en bolloritas”. Pero ella se mantiene firme: “¡Y con floritas/ piensas que me engañarás!”

En sus intervenciones denunciará la situación de las mujeres en unos términos que nos recuerdan a lecturas más modernas:

Allende de esso, sudores

Y dolores

De partos, llorar de hijos:

No quiero verme en letijos,

Por más que tú me namores.

[…]

Si la mujer de sesuda

Se haze muda,

Dizen que es bova perdida;

Si habla, luego es herida,

Y esto nunca se muda.

El resto de personajes que aparecen para convencer a la Sibila la toman por loca por querer alumbrar al hijo de Dios, o lo que es lo mismo, por pretender alcanzar algo que entienden por ambicioso, todo un pecado en una mujer. En su opinión, la mujer no debe mostrarse orgullosa sino ser un ejemplo de humildad, vamos no aspirar a nada y quedarse calladita que estás más guapa. No lo digo yo, lo mansplainea Isaac que él sabe de qué va esto de ser madre de Dios:

Cállate, loca perdida,

Que de essa madre escogida

Otra cosa se escrevió.

Tú eres de ella al revés

Si bien ves

Porque tú eres hermosa,

Sobervia, y presumptuosa

Que es la cosa

Que más desviada es.

La madre de Dios sin par,

Es de notar

Que humildosa ha de nascer,

Y humildosa conceber,

Y humildosa ha de criar.

Siempre es una buena noticia que se sigan representando este tipo de obras para hacerlas llegar a un público más amplio y que nos deje con la boca abierta lo que ya se decía entonces y repetimos hoy: ¡dejadnos decidir! Si no conocíais al autor, espero que os haya gustado descubrir a Casandra y sus convicciones. La próxima “mala esposa” es mucho más famosa; se trata de Nora, la protagonista de Casa de Muñecas (Henrik Ibsen).

Emilia Pardo Bazán | Cómo ser mujer en el siglo XIX (2)

EMILIA PARDO BAZÁN CONTRA LA HIPOCRESÍA: INSOLACIÓN.

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Magistral adaptación teatral de Insolación a cargo de Pedro Villora y Luis Luque (2015)

La hipocresía es uno de los temas omnipresentes en los textos de Doña Emilia. Tanto en sus cuentos como novelas el factor “guardar las apariencias” y el “qué dirán” determinarán los actos de los protagonistas. También sus artículos reflexionan sobre la doble moral a la hora de juzgar a las mujeres. En concreto, los siguientes:

“Hipocresía” (1909) De una anécdota de su propia experiencia surge este breve artículo sobre la hipocresía de la sociedad en lo que a las mujeres se refiere. Tras una visita al circo en la que pudo presenciar a una intrépida acróbata poner en riesgo su vida, recuerda a una aeronauta que también había arriesgado en su ejercicio. A pesar de estos ejemplos, sabe Doña Emilia que los autores seguirán hablando de la mujer como un “ser débil, tímido, dulce…” y poniendo el grito en el cielo al hablar de médicas o catedráticas.

“Contra la discriminación” (1911) y “En favor de la igualdad” (1914) se centran en la hipocresía de la justicia cuando le toca condenar a las mujeres. En el primero, una mujer condenada por fumar en público. ¿Su mayor delito? La parte pública, por supuesto. Si lo hubiera hecho en su casa, nada pasaría. “Pero delante de la gente…, es cosa que merece severísimo castigo […] Con esta clase de delitos suelen ser inflexibles nuestras celosas autoridades.” En el segundo, hace referencia al activismo de las sufragistas inglesas y critica que se las juzgue tan severamente cuando son consideradas, en todos los demás ámbitos, menores de edad. El hombre siempre está por encima de la mujer -más derechos, mejor educación-, mientras que las mujeres no pueden elegir nada de lo que les concierne y siempre están en manos de un hombre. Pero cuando hablamos de justicia las mujeres sí son responsables de sus actos e incluso se les aplican mayores penas.

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Por su parte, Insolación (1889) es una novela naturalista con un planteamiento muy moderno: una mujer habla de sus sentimientos y de una relación amorosa. Hasta entonces muchas historias pasionales se habían leído, pocas veces contadas en primera persona por una escritora. Tal fue el revuelo en la época que incluso la tildaron de pornográfica; Pereda se vio ultrajado espcialmente a causa de su narración con minuciosos pormenores sobre su manera de pecar –ejem, Sr. Pereda, se menciona una caricia-. Ya vemos que los críticos estaban más preocupados en desprestigiar a la autora que en comentar los aspectos estilísticos o temáticos. Se le suele atribuir una base autobiográfica, pues la propia Emilia había tenido una aventura amorosa con Lázaro Galdiano durante su relación con Galdós, a la que se refiere, en una carta al escritor, como “error momentáneo de los sentidos fruto de circunstancias imprevistas”. Con semejantes argumentos, ¿quién puede resistirse a Doña Emilia?

Insolación tiene como protagonista a Francisca de Asís, viuda de Andrade, que vive en Madrid en un ambiente privilegiado de cenas y reuniones de sociedad. Al conocer a Pacheco, un donjuán andaluz, su vida tranquila y discreta se tambalea y un poderoso sentimiento se apodera de sus actos. Esta sencilla trama da pie a una profunda y sensorial reflexión sobre la influencia del naturalismo en hombres y mujeres y cómo afecta a su comportamiento. La parte más reflexiva de la historia la representa Pardo, un señor gallego que diserta sobre la tendencia natural de los españoles a la barbarie. Y es que será un elemento natural, el sol que calienta la explanada en el día de San Isidro, el culpable de la censurable aventura que viven los protagonistas. Más adelante, en 1892, Emilia confesará: “¡Ah! No es la naturaleza, es la sociedad tal cual hoy se encuentra constituida quien acaso desequilibra a la mujer.” (“Del amor y la amistad”).

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María Adánez y José Manuel Poga.

A Emilia Pardo Bazán se le presentaba un conflicto: mostrar de forma directa los encuentros entre los amantes u omitirlos y sobre ello reflexionará en la obra (metaliteratura hermosa):

 “Queda, eso sí, el recurso de presentarlas de forma indirecta, procurando con maña que no lastimen tanto como si apareciesen de frente, insolentonas y descaradas, metiéndose por los ojos. Así la implícita desaprobación del novelista se disfraza de habilidad.”

Sin embargo, eso no impide que nos ofrezca descripciones como esta, donde queda claro lo allí ocurrido sin que tenga que esconderse nada:

 “Por eso, y porque no gusto de hacer mala obra, líbreme Dios de entrar hasta que el sol alumbra con dorada claridad el saloncito, colándose por la ventana que Asís, despeinada, alegre, más fresca que el amanecer, abre de par en par, sin recelo o más bien con orgullo. ¡Ah! Ahora ya se puede subir. Pacheco está allí también, y los dos se asoman, juntos, casi enlazados, como si quisiesen quitar todo sabor clandestino a la entrevista.”

Modernas son las descripciones y las alusiones, sin reparos, de la protagonista al aspecto físico de Pacheco. También la introspección femenina sobre la moral, lo que está bien visto frente a lo que se desea libremente. Su mayor preocupación es que les vean los criados o los vecinos, que comenten, que juzguen los otros, el qué dirán. Será en una conversación con Pardo, donde se muestre más extensamente la opinión de la autora sobre la hipocresía de la sociedad y la doble moral:

“La mujer se cree infamada, después de una de esas caídas, ante su propia conciencia, porque le han hecho concebir desde niña que lo más malo, lo más infamante, lo irreparable, es eso; que es como el infierno, donde no sale el que entra. A nosotros nos enseñan lo contrario; que es vergonzoso para el hombre no tener aventuras, y que hasta queda humillado si las rehúye…De modo, que lo mismo que a nosotros nos pone muy huecos, a ustedes las envilece.”

El desenlace es más tradicional ya que solo el matrimonio de los amantes podría remendar los pecados cometidos, a ojos de la sociedad, claro. Ni con esas contentó a la crítica, pero nos deja un testimonio valiosísimo de su época. Queda claro que es una novela adelantada a su tiempo y marcadamente feminista al cuestionar la doble moral de la época y defender la libertad amorosa de las mujeres.

 

Fuentes:

Bravo-Villasante, Vida y obra de Emilia Pardo Bazán, Revista de Occidente, Madrid.

Pardo Bazán, Emilia, La mujer española y otros escritos (Ed. Guadalupe Gómez-Ferrer), Madrid, Cátedra, 1999.

Pardo Bazán, Emilia, Insolación, Madrid, Cátedra, 2005.

*Esta entrada forma parte del proyecto “Adopta una autora” para la visibilización de las escritoras.


Próxima entrada (mayo): Los Pazos de Ulloa: novela social.

Tea-Rooms, Luisa Carnés

Matilde tiene una sonrisa amarga. Ella quisiera…Ella no quiere nada. Nada. El sol va pincandillo. Se cierran los ojos y un calorcito agradable cubre los párpados,  resplandece sobre los párpados. Y el vacío se acentúa.


 

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Tea-Rooms, Mujeres obreras, Luisa Carnés. (Hoja de Lata, 2016)

Al terminar de leer Tea-Rooms y la vida de las mujeres obreras sentí de nuevo la misma emoción que con la película “Las sufragistas“; de nuevo esa oleada de rabia, por los sacrificios y los abusos que sufrieron otras mujeres, pero sobre todo el orgullo de saber que lucharon hasta el final y gracias a eso hoy tenemos más derechos. No me cansaré de leerlas y de hablar de ellas porque no quiero que se olviden. Por eso, al terminar también me preguntaba ¿Dónde estaba Luisa Carnés mientras buscábamos relatos feministas? ¿A qué exilio la relegaron tras su muerte? El exilio del silencio, en apariencia más duradero que el físico puede romperse al abrir Tea-Rooms. Leer sus obras es ahora un acto de justicia literaria, rescatando una voz que nunca debió taparse.

Tea-Rooms, su tercera obra, es una narración con aspiración periodística, una novela reportaje que retrata, desde la ficción, la situación precaria de las mujeres en las primeras décadas de los años 30. Publicada en 1933, refleja la crisis económica padecida por la clase obrera y su impacto en cada una de las mujeres que irán apareciendo en la obra. Estamos, entonces, ante una novela social femenina y, por lo tanto, transgresora y muy valiosa para comprender una de esas décadas enterradas en la historia de las que tan poco se cuenta. Por eso los libros son tan peligrosos para algunos: son arma contra el olvido.

Desde la primera página, Luisa Carnés consigue que formemos parte de la vida de Matilde en su búsqueda de empleo. El ir y venir de las jóvenes aspirantes a secretaria, de los paseantes bajo el atrevido sol primaveral, comienza a envolvernos hasta que nos lleva al escenario principal, el que será su lugar de trabajo: la confitería. Entre brioches y bombones, privilegiados clientes y una odiosa encargada, se cuelan los secretos y miserias de mujeres sin recursos, los delantales negros. Ellas sobreviven a largas jornadas, a las pésimas condiciones laborales, a los abusos de los jefes.

El mayor valor de la novela reside en su capacidad para ser testimonio, contado por una mujer que experimentó esas condiciones y que será una prueba eterna del lenguaje, la moda o las rutinas de esta época sin que tengamos que imaginar o suponer. Tenemos a Luisa Carnés para contarnos cómo era la vida entonces. Los temas que abordará pueden dividirse en dos planos: el político y social –huelgas, paro, crisis- y el de las mujeres –búsqueda de empleo, relaciones sociales, aborto, prostitución-.

El escenario de la confitería se convierte en elemento imprescindible: todo ocurre en esta casa. ¿Y qué es lo que pasa? La vida de las mujeres. Y no es fácil encontrar una novela donde todas las protagonistas sean mujeres, contada por una mujer, y menos que provenga de esta época. Por eso leer esta novela es un ejercicio de empatía y de reencuentro con nuestras antepasadas, supervivientes, inspiradoras y muy realistas. A través de la protagonista alcanzaremos momentos de frustración; sin embargo, los que quedan son los de sororidad.

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Publicada originalmente en 1933 cuando Luisa Carnés ya era una escritora de éxito.

El relato irá acompañado de las reflexiones y reivindicaciones de Matilde –trasunto de Luisa Carnés-. Todo un discurso claro y vehemente de un espíritu inconformista e inteligente como el de esta escritora. Su defensa de los derechos de las mujeres y de la emancipación femenina nos resulta muy actual. Muchas de sus reivindicaciones siguen siendo válidas hoy; y es que se llevan repitiendo los mismos argumentos desde un tiempo que prometía unos avances que no han llegado. El final es de esperanza y duda al mismo tiempo; de no saber cuándo se podrán escuchar todas las voces.

Después de leer este libro y conocer a su autora (a través del imprescindible epílogo de Antonio Plaza) puedo decir que admiro profundamente a Luisa Carnés y espero que este rescate literario no se quede aquí sino que hagan un esfuerzo por reeditar el resto de sus obras. Podemos sentirnos privilegiadas de tener a Carnés de vuelta. Gracias, Hoja de Lata por presentárnosla así.


Pero también hay mujeres que se independizan, que viven de su propio esfuerzo, sin necesidad de “aguantar tíos”. Pero eso es en otro país, donde la cultura ha dado un paso gigante; donde la mujer ha cesado de ser un instrumento de placer físico y de explotación; donde las universidades abren sus puertas a las obreras y a las campesinas más humildes.

#RetoSolterona

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¿Harta/o de personajes femeninos que solo son acompañante, mujer, amante o amiga, un mero adorno o excusa para que el protagonista alcance su meta? ¿Buscas en los libros personajes femeninos que cuestionen los roles tradicionales de las mujeres? Si odias los clichés, recuerda que hay otra opción: ponernos las gafas moradas. Después de la resaca del libro Solterona, decidí crear un directorio de mujeres en la literatura que nos sirvan de inspiración y alternativa, enriquecedoras, empoderadas y diversas. Para ello necesito vuestra ayuda (aquí explicación más larga). Si quieres contribuir, solo tienes que proponer tu personaje femenino en twitter con el HT #RetoSolterona o enviarme el enlace de tu blog donde menciones a ese personaje y lo añadiré a la lista (thewrittengirlblog@gmail.com). Hasta el momento estas son las protagonistas, junto a la persona que la ha propuesto y, en su caso, el blog donde habla de ella y de la obra.

LISTA DEL #RETOSOLTERONA:

Florence Green. La librería, Penelope Fitzgerald. (Ejemplo) Ver.

Feíta Neira. Memorias de un solterón, Emilia Parda Bazán.(Ejemplo) Ver.

Victoria. Partir, Lucía Baskaran. @eslang

Jo MarchMujercitas,  L. May Alcott.  @criscanreadVer entrada.

Marjane. Persépolis, Marjane Satrapi. @odiseapurpura

Lynne. Sueños de piedra, Iria G. Parente y Selene M. Pascual. @RhiverCross

Las Doras. Máquinas del tiempo, Nina Allan. @trad_carbaes

Susannah Dean. La torre oscura, Stephen King. @lostisintheair

Margot. A todos los chicos de los que me enamoré, de Jenny Han. @aiireeen

Scarlett O’Hara. Lo que el viento se llevó, Margaret Mitchell. @Eibi82 . Ver entrada.

Alexandra. Pioneros, Willa Cather. @Eibi82  Ver entrada.

Mujer-Perro. Espejismos, Jeanette Winterson. @Raquel_Rahel. Ver entrada.

PennyBitch Planet, Kelly Sue DeConnick@trad_carbaes

Nihal, Crónicas del Mundo Emergido, Licia Troisi. @Enerio_Dima

Olive. Olive Kitteridge, Elizabeth Strout. El jardín de Olive

Matilde. Tea-Rooms, Luisa Carnés. @criscanread

 

¿Te animas?

Gracias y ¡feliz lectura!

Daniela Astor y la caja negra, Marta Sanz

Vivo en una película que a veces va a cámara lenta y a veces se acelera escatimándome momentos. Vivo en un lugar que es y no es una historia.


Tengo que admitir que he estado posponiendo unos meses escribir algo sobre este libro, sabiendo que será difícil transmitir lo que esta lectura me ha dado. Fue a finales del 2015 cuando por fin me decidí a leer algo escrito por una autora cuyas críticas literarias (aquí comentando Nada se acaba de Margaret Atwood) llevaba leyendo/escuchando algún tiempo. Entonces ya sospechaba que lo que ella escribiera no me defraudaría. Le he estado dando vueltas a los temas, releyendo la historia y resulta que, si parece relativamente sencillo comentar un libro que te ha gustado, la cosa se pone cuesta arriba cuando un libro consigue removerte así. Mi opinión general es que este es uno de los libros mejor escritos que he leído nunca. Así que, tras romper el hielo de manera tan tajante y dejar las expectativas bien altas, no me queda más remedio que hablar de Daniela Astor.

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Premio Tigre Juan 2013

Consuelo, Piedad, Angustias, Martirio, Dolores, Contracción, Lumbalgia, Anestesia, Amnesia, Amputación, Concepción, Alumbramiento, Ascensión, Purificación, Desinfección, Lavado vaginal.

El lenguaje puede ser muy poderoso, si se usa bien. Aquí el lenguaje es fuente de descubrimiento, y a la vez es instrumento para poner al lector en el lugar de la protagonista y desde ahí, más que observar, experimentar la transición emocional de Catalina. Marta Sanz nos cuenta un episodio concreto en la vida de una niña de 12 años y el impacto que supone en su convencional vida. Su mundo está repartido entre la realidad del hogar y el colegio y la dimensión imaginaria que comparte con su amiga Angélica. Las niñas juegan a ser adultas imitando las poses de famosas de portada. Se nutren de gestos estudiados y comentarios banales sobre amoríos y lujo; despliegan todo su espectáculo en “la leonera”, el cuarto que antes fue de su abuela materna. Mientras, en la misma casa, todo ese mundo se irá desmoronando.

Entre la narración de Catalina se cuela la caja negra, fingido documental, collage de entrevistas y comentarios que nos sitúan en plena explosión del destape en España. Es un escaparate de mujeres vulnerables, injustas marionetas de su tiempo, que saltan de plató en plató.

Como las actrices que enseñan sus casas en las revistas del corazón, me gustaría tener un bonito biombo en mi alcoba. Una caja dentro de una caja. Un secreto dentro de otro. Detrás de mi biombo imaginario.

Habíamos dejado a las niñas jugando a seducir y a ser víctima, repitiendo clichés. Pero lo imaginario irá desdibujándose a empujones de realidad, contagiando la existencia despreocupada de Catalina.  La tensión en la realidad crece y Catalina se verá forzada a sacar a Daniela Astor, rebeldía pueril que solo desembocará en decepción. Uno de los rasgos más relevantes de nuestra protagonista es la crueldad con la que se refiere a su madre y cómo irá evolucionando hacía la comprensión en este viaje de reconocimiento. Esa evolución no es fortuita sino que correrá paralela a la crisis que se está viviendo en su casa. Los juegos se esfuman, se dinamitan las idealizaciones, y todo ello irá dejando paso a una claridad  dolorosa que revela a Catalina quién es quién: el padre, el cobarde, la valiente, la amiga. Todo este reconocimiento provoca una punzada en el estómago porque por unos días somos Catalina y escuchamos con la puerta entreabierta las conversaciones de los adultos; recomponemos murmullos, les quitamos la máscara a nuestros héroes y aprendemos que la culpa siempre es cosa de mujeres.

La crueldad más sofisticada consiste en obligar a una mujer a parir, a cuidar, a querer a un hijo que nunca deseó.

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Marta Sanz / Imagen: El Periódico.

Creo que uno de los valores de la novela es el relato de la relación madre e hija y es que nunca ha sido suficientemente explorada en la literatura, sobre todo desde un punto de vista tan honesto. Otro es el excelente retrato de la transición a la adolescencia con su consciencia del cuerpo, las contradicciones, la ingenuidad y el egoísmo, las pequeñas batallas. Además, se habla de la madurez precipitada, de cómo vivieron las mujeres la Transición, de la amistad y del aborto. Y es novedad cuando no debería serlo, tratar episodios recientes que siguen siendo tabú. Marta Sanz, dando voz a este silencio, hace justicia y nos devuelve un pedazo de historia invisibilizado, o peor, banalizado.

En un arrebato de locura lectora, cuando leo un libro tan bien escrito me dan ganas de comer todas las letras y llenarme la lengua de palabras tan bien escogidas, de esas que provocan tormentas eléctricas. Egoísta, pretendo que también sean parte de mí. Como no podía ser de otra manera, hasta la relectura del libro me dejó resaca literaria. Y qué mejor remedio que leer un libro de Sara Mesa y alargar el placer de un buen libro. Marta Sanz y Sara Mesa construyen literaturas vivas y en cada lectura despiertan sentidos que ni siquiera conocíamos. Otro día os contaré cómo fue encontrarse envuelta entre las tormentas de Sara Mesa en Mala letra.

Tengo casi trece años y me anticipo a mi convicción adulta de que el dolor es una carga que va gastando los riñones. Que nos encorva. Que no es un mal sueño del que uno se despierta una mañana diciendo “Ya pasó todo. Cura sana culito de rana”. La quemadura quema por mucho que se sople. Y la quemadura de mi madre es de cuarto grado. Una quemadura por frío. Por congelación.