#DoñaEmiliaRocks se independiza

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Hace justo un año Adopta una autora comenzaba oficialmente y su blog empezó a llenarse de artículos sobre escritoras, mientras el resto de adoptantes ultimábamos nuestras entradas para el gran despegue en enero.  En todo este tiempo he aprendido y disfrutado con Emilia Pardo Bazán, compartiéndola con vosotrxs. Gracias por todo el apoyo y el entusiasmo con el que recibís sus entradas, sois el motor.

Sin embargo, me he dado cuenta de que lo poco que la conocemos y leemos no es solo por desconocimiento, sino sobre todo porque es muy difícil encontrar algunas de sus obras. Por ejemplo, su biografía más completa o sus textos feministas están DESCATALOGADOS. Siento que por mucho que hablemos de sus logros literarios, nos damos contra un muro al buscar sus obras y el trabajo queda a medias.

Existen muchísimas ediciones de Los pazos de Ulloa, pero ¿qué pasa con el resto de sus novelas? Hay dos colecciones de cuentos que comparten prácticamente el mismo índice y ¡escribió más de 500! En vez de ediciones actuales y anotadas que nos animen a leerla, sus libros aparecen como “no disponible” o en ediciones desfasadas que no hacen justicia a una escritora adelantada a su tiempo. Aunque su obra se puede descargar gratuitamente, siendo realistas, lo que nos gana es el libro físico (con estudio de la obra, notas…), y ahí es donde habría que mejorar.

Como adoptante, mi objetivo era dar a conocer a Emilia Pardo Bazán y, a la vez, también me gustaría facilitar a la gente el acceso a su obra e impedir que la acabemos olvidando entre aniversario y aniversario. Así que después de unos meses dándole vueltas, ha llegado el momento de ponerse manos a la obra y ofrecer a Doña Emilia el espacio que se merece: #DoñaEmiliaRocks, un blog propio para hablar de su vida y acceder a sus textos, investigaciones sobre su obra, curiosidades, además de los artículos que seguiré subiendo para Adopta una autora. Si The Written Girl surgió como una necesidad personal de compartir todas las escritoras que iba descubriendo, #DoñaEmiliaRocks pretende ser una herramienta que todo el mundo pueda aprovechar para conocer a una de las escritoras más importantes de nuestra literatura. Por eso, agradecería cualquier sugerencia, inquietud o peticiones para convertirlo en un blog que realmente sea útil para encontrar información o dejarse inspirar por su vida.

¿Qué podréis encontrar en #DoñaEmiliaRocks?

La guía “Cómo ser mujer en el siglo XIX”: continúan las entradas del “Adopta” centradas en la relación entre sus novelas y la sociedad de la época.

Bio: episodios interesantes y curiosos de su vida, viajes, anécdotas, amistades y guerras literarias.

Novelas: reseñas e información práctica

Cuentos: como ya hice en la entrada de Halloween con sus cuentos de terror, iré agrupándolos y enlazando  los textos para que podáis “picotear”.

Curiosidades: obras de teatro, proyectos, celebraciones, actualidad sobre ella.

He tenido que esperar hasta ahora porque necesitaba confirmar una fecha importante y aunque los meses que se vienen serán muy caóticos, mi idea es tener la página lista en enero y ya en primavera comenzará a funcionar a pleno rendimiento. Ya podéis imaginar la ilusión (ay y nervios, nervios también porque quiero estar a la altura de Doña Emilia (;) que me hace crear algo relacionado con una escritora a la que admiro tanto ¡os invito a acompañarme en esta nueva aventura!

Además, durante diciembre en el blog será un mes temático de la autora con:

  • Cómo ser mujer en el siglo XIX (5) La femme fatale en La Quimera para Adopta una Autora.
  • Reseña de Viento del norte de Elena Quiroga. Novela de posguerra inspirada en Los pazos de Ulloa.
  • Recomendación: Los cuentos de Navidad y Reyes de Emilia Pardo Bazán.

 

Larga vida a #DoñaEmiliaRocks

 ¡Felices lecturas!

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Últimas lecturas: Nawal El-Saadawi, Marta Sanz, La nueva mujer.

Asesina o no, es una mujer inocente y no merece que la ahorquen. Deberían colgarlos a ellos. ¿Ellos? ¿Quiénes son ellos? […]¿Cómo es posible que sea la única que no los conoce?

Mujer en punto cero, Nawal El-Saadawi.


Cuando una mujer abre la boca todo el sistema de poder se tambalea. Entonces se pone en marcha la respuesta patriarcal, las críticas que se reproducen, se afilan, dañinas, como una mano que se alza para amordazarla. Y es que todavía llevamos (im)puesta la mano en la boca. Vuelven entonces, la culpa y el miedo; la violencia para aniquilar nuestras voces y nuestros cuerpos. Todo para que no te queden ganas de volver a hablar, de denunciar o salir libre y recomponer la vida que te han arrebatado, con una agresión, una violación, un maltrato. Todo para que pierdas la fe en la justicia, para que todas las batallas te parezcan perdidas y ni siquiera te molestes en luchar. Y sí, hablo en términos bélicos, de ganar y perder, porque hay muchas vidas en juego.

Nadie puede entender, sin vivirlo, qué es padecer  la violencia machista o la privación de libertad que supone vivir bajo un poder que nos cosifica y excluye. Necesitamos hacer piña, hermanas. Por eso, siempre vuelvo a los libros y a las escritoras que han sido valientes, en diferentes épocas y lugares, en esta lucha contra la mordaza. Mis últimas lecturas son precisamente historias de mujeres que en su momento decidieron no callarse y ahora nos ofrecen una pequeña brújula que nos recuerda que no podemos perder el ánimo. O como dijo Audre Lorde, aunque nos mantengamos en silencio el miedo permanece, así que es mejor HABLAR.

Cada una de ellas rompe un tabú: la prostitución, la menopausia y el maltrato a las mujeres; cada una en un tiempo distinto: los 80, nuestra época y el siglo XIX.

Mujer en punto cero (Capitán Swing, 1917 (1983)) es la historia de una mujer condenada a muerte en Egipto por el asesinato de su su proxeneta. Ella sabe que va a morir porque viva supone un peligro para los que mandan: ha destapado toda la red de mentiras y suciedad y para preservar el patriarcado la harán desaparecer. Firdaus desde niña se ha visto sometida al mandato de los hombres y según vayamos leyendo su relato la rabia se nos irá acumulando. Primero su padre, dictatorial, luego su tío que la condena a un matrimonio con un hombre repugnante que la maltrata. Ella huye y en cada huida otros la irán atrapando para aprovecharse de ella. En un momento de su vida elige la prostitución para sentir que al menos por primera vez es ella que decide algo. Pero ni siquiera entonces podrá mantener su “libertad” pues los proxenetas acechan y nadie puede decir que no a un hombre que, con amenazas, te obliga a trabajar para él. Firdaus no es una asesina, es una mujer que se rebela, que se niega a subyugarse otra vez, a ser menospreciada y torturada de nuevo. La prosa de Nawal, siempre sosegada, en ocasiones hipnótica con esos ojos negros que son el hilo conductor y ponen en relación los sentimientos de Firdaus, es casi un alivio entre tanta crudeza.

En Clavícula (Anagrama, 2017), Marta Sanz se queja porque tiene un dolor que no la deja vivir; sin embargo, quejarse no es algo que se permita a las mujeres, sin un reproche detrás. En este libro autobiográfico hay espacio para la crítica a la precariedad laboral, a la crisis, y a la situación de las mujeres. En concreto, contra las imposiciones a las mujeres sobre su (no) vida sexual durante la menopausia. Además, ¿quién habla de la menopausia? Otro tabú sobre partes esenciales de nuestra vida y de nuestro cuerpo que se invisibiliza con un velo de geles lubricantes y pastillas para fingir orgasmos. Por eso,Marta Sanz reivindica el derecho a elegir tu placer, sin artificializar, sin estar siempre corriendo al ritmo que marcan los otros. Y todo lo hace con su prosa de palabras infinitas, sonoras, ese diccionario literario que en cada frase desencadena una explosión en tu cabeza.

La nueva mujer (Editorial Dos Bigotes, 2017) es una antología maravillosa de relatos escritos por autoras norteamericanas del siglo XIX. Todos ellos son tremendamente transgresores y vanguardistas y la brillante selección se la tenemos que agradecer a Gloria Fortún. Ella traduce y prologa estas diez piezas donde se defiende la libertad y la emancipación femenina desde estilos muy diferentes y con una gran calidad. Escucharemos a las mujeres nativas y guerreras o a la mujer/marido que odia las tareas del hogar. Willa Cather, Kate Chopin, Sarah Orne Jewett son algunas de las escritoras que dan una patada al canon tradicional. Como en esta entrada la cosa iba de romper un tabú por autora, sí que me gustaría destacar uno en concreto que trata la situación de incomprensión e injusticia de las mujeres maltratadas. La escritora era una total desconocida para mí: Susan Glaspell y ¡menudo descubrimiento!

En “Un jurado de sus iguales” se investiga el crimen de un hombre del pueblo ¿es posible que su mujer matara lo matara? Mientras los señores investigan sus cosas y se delatan en sus reflexiones como bien bobalicones,  sus esposas entablan una conversación sobre la vida de esta mujer que sufría maltrato. Obviamente ellos no se enteran de una pero ellas empáticas e ingeniosas encontrarán el móvil del crimen y con sutileza la encubrirán, ante la ignorancia total de estos maridos ilustres. No es de extrañar, por la brillantez de los diálogos que insinúan más que cuentan, que Susan Glaspell sea considerada como la madre del teatro norteamericano.  Sin casi decir nada, intuyendo de sus palabras el maltrato que sufría la viuda, disimulando sus descubrimientos, la autora destapa el silencio de las mujeres, jugando con el papel tradicional de las mujeres para esta vez salirse con la suya. Sororidad e ingenio.

Por cierto, esta antología también incluye un relato de Charlotte Perkins Gilman. Si ya la conocéis por El papel pintado amarillo o sus textos feministas, todavía la adoraréis más al leer “La madre antinatural”, un relato sobre esa hipocresía enfermiza hacia las malas madres. Brava, Charlotte, una vez más. Espero hacer un huequito en el blog a esta antología y compartir mis impresiones sobre cada cuento.

Mi intención es seguir sorprendiéndome y aprendiendo con estas lecturas que no se conforman con entretener sino que nos abren los ojos y me mantienen bien despierta. Y hablando de creadoras que se arriesgan, no os perdáis la adaptación de Isabel Coixet de La librería con la Florence Green que soñábamos ver en pantalla y el final que se merece. Pura belleza en cada rincón, en cada edición de los libros que hay en esa librería fantástica.


“Me gustan los libros que producen orzuelos. Los que abren estigmas en las palmas de las manos. Los que aprietan la garganta y nos cortan la respiración”.

Clavícula, Marta Sanz.

Zadie Smith | NW

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Después de leer a Zadie Smith ya no verás Londres de la misma manera, pero te aseguro que entenderás mejor a sus habitantes. No encontrarás aquí el Regents Park de Virginia Woolf, ni un Big Ben que marque las horas al noroeste de la ciudad. NW es una novela sobre Londres, sobre las novelas y sobre la amistad entre dos mujeres. Zadie Smith nos trae una novela existencialista que explora el shock que se produce al superar la barrera de los 30 y no saber qué estás haciendo con tu vida; la insistente pregunta de por qué todos avanzan a tu alrededor, mientras tú permaneces en la casilla de salida, aparentemente inmóvil. Ahora bien, ese paso del tiempo no cuenta igual para los hombres que para las mujeres.

Todo empieza con una casualidad: una mujer pide ayuda y Leah le presta dinero para el taxi. Mientras esperan, charlan sobre el barrio, el colegio en el que coincidieron, unas cuantas mentiras que la mujer le cuenta y Leah cree. Entonces, ¿Leah es tan ingenua como su marido, Michele, y su madre piensan? La imagen de esa mujer la persigue por las calles de este barrio. No le ha devuelto el dinero porque, parece mentira Leah, ellas solo quieren droga y te roban para conseguirla. Esa anécdota no impide que la rutina siga, mintiendo también ella a Michel, tomando la píldora a escondidas porque ella no quiere tener hijos, luego un aborto, un desmayo. La sociedad la presiona y ella responde ocultando la cara y gritando dentro -muy bajito- hasta que todo explote con una huelga silenciosa que solo conseguirá romper su amiga Natalie.

O Kesha. Porque antes era Kesha; cambió su nombre por el de Natalie en la universidad. La verdad es que se conocen desde siempre. Ella es una abogada de éxito, casada, madre de dos hijos pequeños. La vida perfecta de una mujer que busca tríos en una página de internet. Otra vez, la mujer que engaña a su marido, en una vida que todos se apresurarían a describir como envidiable. En NW conoceremos a la Leah y Natalie adolescentes, universitarias, cómo irán creciendo en este barrio al noroeste de la ciudad. La tenacidad de Kesha, la pasividad de Leah, aunque ambas sufren una crisis de personalidad. En medio, lo que los otros esperan que hagan.

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Tradicionalmente, la amistad femenina estaba contada por hombres pues ellos eran los que escribían. Qué casualidad que coincidan en mostrar a sus personajes femeninos a través de la dicotomía buena/mala, santa/femme fatale, sin más complicaciones. Las relaciones entre las mujeres en la literatura era una fuente de rencores y envidias, luchas por ver quién conseguía al hombre. Cuando las mujeres empiezan a publicar esta visión cambia hacia unos personajes más completos y realistas. Jane Austen nos ofrece un abanico más amplio de personajes con unas protagonistas-heroínas que, a su vez, son ejemplos de moral con las que nos queremos identificar. Zadie Smith pretende dar un paso más contra la tiranía de los personajes empáticos y racionales para escribir sobre lo contrario: la oscuridad y la diversidad de las mujeres, qué pasa cuando las cosas se ponen complicadas.

Este retrato de la amistad termina con una hamaca y Leah y Kesha sentadas juntas, apoyándose como solo ellas saben hacer. Y en mi cabeza esa imagen es la de la adaptación para televisión del libro. Es uno de esos agradables casos en los que lo que ves en la pantalla se corresponde con lo que imaginabas leyendo. Sus dos protagonistas reflejan la confusión de Leah, la Natalie exitosa que esconde sus inseguridades. Aplaudo el  gran trabajo de la BBC(TWO).

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Zadie Smith con la actriz que interpreta a Kesha.

Sin hamaca, pero esta también es algo así como una despedida. Termino con esta entrada mi adopción a Zadie Smith. No voy a tener el tiempo que me gustaría dedicarle a partir de ahora y prefiero dejarlo aquí [Estoy escribiendo esto y ya me estoy arrepintiendo (;]. Eso no quiere decir que no siga leyendo a Zadie; de hecho, en cuanto pueda leer Swing Time habrá reseña y volveré a hablar de la escritora. No se puede ignorar que lleva siendo mi crush desde 2015. Con ella se me abrió la oportunidad de explorar en la literatura, de ir más allá y no conformarme con la visión de la inmigración que mostraban quienes no la habían vivido. También seguiré escuchándola porque hay una Zadie para cada lector. Sé que hay mucha gente que no conecta con sus libros y, sin embargo, confiesan adorar sus entrevistas, sus charlas, escuchar su sabiduría. Así que de una o de otra manera, espero que sigáis disfrutando de Zadie Smith. Ha sido un placer compartirla con vosotrxs.

*Esta entrada forma parte del proyecto “Adopta una autora” para la visibilización de las escritoras. 

 

Oso, Marian Engel

En la ciudad la mañana solo puede soportarse. Ya no hay amanecer, ni tampoco verdadera oscuridad. Lo único que queda, después de llover o de que hayan regado la calle, es el chirrido de las llantas en el asfalto mojado. Aquí, en cambio, Lou volvió a despertarse temblando y alzó la nariz como un animal. […] El mundo estaba cubierto de una tardía nieve primaveral.


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De nuevo una novela sobre una mujer que huye para alcanzar la libertad; esta vez a una isla remota al norte de Toronto. La protagonista, Lou, es una bibliotecaria que parece haber pasado toda su vida invernando. Trabaja en un instituto sobre la Historia de Canadá, estudiando mapas antiguos, clasificando libros olvidados y documentos en un sótano. Cuando se le presenta la oportunidad de catalogar la biblioteca de Coronel Jocelyn Cary en la isla que lleva su nombre, no lo duda y emprende un viaje que le cambiará la vida. Eso era exactamente lo que yo sabía cuándo cogí este libro.

Al igual que ante Lou se extiende un paisaje inabarcable y abrumador, Oso (1976) nos presenta una madeja de temas que según vayamos desarrollando nos rodeará hasta obligarnos a parar y coger aliento. A veces, la referencia a un tema será mínima por eso, al detenernos, cobrará todo el sentido. El tema de la naturaleza extenderá sus brazos hacia la oposición entre la vida en la ciudad y la vida en la isla, así como la supervivencia en un territorio hostil o el aislamiento.

Una señal de que la naturaleza nunca se rendiría, de que por muy depredador que fuese el hombre había cosas que escapaban a su control.

Además, esta es una novela feminista. Lou es una mujer insatisfecha en sus relaciones con los hombres y en su vida. Disfruta con su trabajo en la isla porque se siente libre y plena, algo que la tiranía de la ciudad no le permitía. Sola, sin depender de ningún hombre, sin que tengamos el clásico flechazo con algún lugareño que la salve, Lou descubre todo un mundo de libertad por ella misma. Tendrá que enfrentarse al machismo de Homer, también a ese sentimiento de culpabilidad que nace cuando una mujer hace lo que quiere. Engel aprovecha esta novela para criticar los usos de la sociedad que oprimen a las mujeres, creando un oasis de libertad: la isla.

Porque lo que le disgustaba de los hombres no era su erotismo, sino que dieran por supuesto que las mujeres no tenían. Lo que las confinaba al papel de amas de casa.

Y luego está el oso. Al principio vi en su relación una alegoría de ese abrazar la naturaleza, una vuelta al origen. Según iba avanzando, entendí que era una celebración de la libertad sexual de la mujer. Muy controvertida, eso sí, porque los orgasmos no los provoca el hombre. Y en nuestra cultura patriarcal, ¿puede haber algo más transgresor? Al final, da la impresión de que con oso o sin él, ella alcanzaría ese mismo final de autoconocimiento. Sin embargo, esta no es más que mi opinión. Marian Engel (1933-1985) ha escapado a los convencionalismos creando una novela totalmente significativa e inclasificable. Cualquier etiqueta se queda corta con la multiplicidad de interpretaciones que suscita.

Luego fueron a la orilla y en lugar de sacudirse a su lado, él se limitó a echarse y lamerle el agua del cuerpo mientras ella, de cara al cielo, dejaba caer las estrellas: una, dos, catorce, un millón…Parecían caerle encima, dispuestas a quemarla. Una vez alargó el brazo para coger una, tan cerca la veía, pero el resplandor se apagó en su mano, se apagó en la Vía Láctea.

De ahí que de me resulte muy difícil capturar todo el potencial de esta novela en estas palabras. Eso sí, lo que más me ha gustado del libro es su capacidad para transmitir con las descripciones. En increíble cómo desde el comienzo te atrapa con su estilo reposado y sus frases cortas, creando imágenes tan evocadoras que te trasladan a ese rincón canadiense de tanta belleza.

Y ahora, yo me pregunto ¿qué pasa con las autoras canadienses? ¿por qué describen tan bien? No sé si será porque tienen una relación con el paisaje, con su naturaleza, más intensa, que forma parte de su tradición. Pensemos en Margaret Atwood, Alice Munro, Marian Engel. De Alice Munro siempre recuerdo la que es mi descripción favorita: un lago helado en su cuento “Amudsen”. De Margaret Atwood su maestría para describir emociones: el asco de La mujer comestible, o la psicología en Alias Grace. Para alegría nuestra, son una fuente inagotable de obras hermosas que nos hacen cuestionar todo lo que nos rodea. Valiente Marian.

No puedo terminar esta entrada sin comentar la belleza de la ilustración de Gabriella Barouch en la siempre perfecta edición de Impedimenta. Es la única portada que he visto que refleja la sensibilidad de la novela sin quedarse en la superficie erótica, más comercial, pero que no hace justicia al texto.


¿Dónde he estado?, se preguntó. ¿En una vida que ahora podría considerarse una ausencia de vida?

Emilia Pardo Bazán: relatos a la luz de la luna

Llamamos inverosímil a lo inusitado, pero no hay acaecimiento extraño, monstruoso, espeluznante que no conozcamos por la realidad.


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Octubre se va apagando y eso significa que se acerca la noche más oscura y lúgubre del año. Para dejarme llevar por esta atmósfera inquietante, me he inventado una tradición nueva: leer un relato de Emilia Pardo Bazán cada noche, desde el martes 24, hasta Halloween. Una semana en compañía de esta escritora y de sus cuentos de misterio y fantasía, para disfrutar de su escritura y también de estas leyendas sobre la muerte y la magia. He seleccionado 8 cuentos para leer antes de ir a dormir, pero no os preocupéis, por lo que sé su humor rebaja la tensión y no habrá problema en conciliar el sueño. O eso espero. De los que he leído hasta ahora, mi favorito es La resucitada por eso lo dejaré para la última noche.

Este es el plan:

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Ilustración de Felicien Rops para Las Diabólicas (D’Aurevilly)

Martes 24: El talismán.

Miércoles 25: El conjuro.

Jueves 26: La calavera.

Viernes 27: La emparedada.

Sábado 28: Eximente.

Domingo 29: El té de las convalecientes.

Lunes 30: El antepasado.

Martes 31: La resucitada.

*Si pincháis en el cuento os llevará directamente al texto. Todos los cuentos se encuentran fácilmente en Ciudad Seva o Cervantes Virtual.

 

Sed libres de iniciar esta tradición o leer los cuentos sueltos que os apetezcan. No digo nada sobre la trama de los relatos; así os podréis dejar sorprender por lo que esconden sus títulos.

Además, he elegido una lectura extra de otra escritora del siglo XIX (es un siglo que es una delicia en esta época del año): La mujer fría de Carmen de Burgos “Colombine” que promete altas dosis de decandentismo y femme fatale. La verdad es que mi TBR de lecturas misteriosas y terroríficas incluye otros títulos a los que espero hacer pronto un hueco:

 

¿Ya tenéis elegidas vuestras lecturas para Halloween?

PD. Me gustaría repetir esta improvisada tradición en marzo, la semana previa al Día de la Mujer, leyendo otros ocho relatos, esta vez de tema feminista. Eso sí, publicaré la lista de relatos con más antelación :).


¿No pensáis vosotros en el destino de las almas después que surgen de su barro, como la chispa eléctrica del carbón? ¿De veras no pensáis nunca, lo que se dice nunca? ¿Creéis tan a pies juntillas, como Espronceda, en la paz del sepulcro?

Trece cuentos, Luisa Carnés

Embarcaron al filo de una noche negra. Ni una estrella iluminó la triste despedida. La oscuridad era completa. Las voces opacas, como ahogadas prematuramente. Las aguas se antojaban más duras que otras veces, y la nave parecía resbalar sobre ellas con dificultad. Sin luna, sin farol y sin la espada hermana del faro a los lejos, el barco y su carga eran una sombra sobre un esquivo lomo de mar.

(Sin brújula)


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Luisa Carnés no se limita a escribir. Ella se mancha las manos de tinta y con ellas te toca, impregnándote a ti también con su historia. Escribiendo, Carnés parece esquivar el destino silencioso de las mujeres, encarceladas, reprimidas, subestimadas o a la deriva, pero que nunca se rinden.

Ante todo, ella es inspiración. A pesar de trabajar diez horas al día, no dejó de escribir. Aunque asfixiaran los problemas económicos, siguió publicando. Ni siquiera, tras huir de una guerra con su único hijo, renunció a la escritura. Escribió contra guerra y marea, no solo para dejar una metáfora bonita sino para dar voz a las silenciadas. Como quien cura una herida, ella compartió su historia. Y es que ¿cuánto tienes que amar la literatura para llevarte al exilio tus relatos en una cartera? Cuando los cuentos son lo más valioso entiendes lo que significa escribir para Luisa Carnés.

En estos Trece cuentos hay una denuncia firme frente a las injusticias, como el trabajo precario en “[Olivos]” o  ese grito de las madres por la paz en “Momentos de la madre sembradora” o “Sin brújula”. La autora madrileña continúa aquí tejiendo el mapa de las mujeres, desde la sumisión (“Una mujer fea”) a la fragilidad de una joven mexicana ante la violencia de una sociedad machista (“La mulata”).

Y Carnés nos tiene reservada una punzada aún mayor en su retrato de la cárcel. No recuerdo haber leído libros con personajes encarcelados y mucho menos durante la Guerra Civil. Mi abuela murió siendo demasiado joven ella, demasiado niña yo, como para que pudiera contarme cómo se vivió la guerra en nuestro pueblo. Por eso, me aferro a estos relatos que me descubren esa parte de nuestra genealogía.

Me encontré en la calle después de nueve años de cárcel. Suspendido del brazo llevaba un hatillo de ropa, y en la mano derecha un pañuelo, a una de cuyas puntas había atado seis pesetas.

¿Qué puede esperar una mujer al salir de la cárcel? Sin casa, sin familia, ni trabajo. ¿Quién contrata a una mujer con esta mancha? Sola, deambula por una ciudad que finge no reconocerla, mientras alguien sigue sus pasos. La vida dentro de la cárcel no era mucho mejor. “La chivata” nos deja clara la supervivencia más primitiva y esa revolución que ninguna prisión es capaz de callar.

No se sabía quién era, pero se la sentía en todas partes. Se la sentía como algo impalpable, pegajoso y frío, algo que enmudecía el labio y hacía cerrar las manos debajo de los delantales y en los bolsillos de las batas. Era algo contra lo que había que luchar. Porque, ¿cómo se defiende la gente de una sombra? Y eso era la chivata

Más sorprendidas nos quedamos al comprobar que sus relatos no se limitan a España sino que, durante su exilio en México, su visión literaria se amplia. Y es que pocos temas escapan a la mirada honesta de la escritora. El fenómeno fan de unas jóvenes que esperan un concierto de Elvis en “Aquelarre”. Este es un relato tremendamente original y perturbador cuya crítica todavía está de actualidad. También el racismo, en “El señor y la señora Smith”, uno de los relatos más tiernos y a la vez más desgarradores. Un matrimonio interracial que permanece en secreto bajo la amenaza del Ku Klux Klan. Para mí, es uno de los imprescindibles de este libro.

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Pero no olvidemos que las madres también hacen la historia.

Una madre se tendió sobre los rieles sobre los que había de pasar un tren de soldados. Lo hizo en nombre de todas las madres, del mío, del vuestro. […] El mundo es hoy tan pequeño que el llanto de una madre española es enjugado por la sonrisa de una madre china. […] Toca a las madres hacer el porvenir.

Somos sembradoras de vida.

Seamos también sembradoras del nuevo día que amanece.

 

Luisa Carnés pone ante nuestros ojos los grandes problemas de su tiempo y del nuestro. Nos regala la empatía que solo una literatura comprometida como la suya puede conseguir. Además, es una contadora de historias talentosa, versátil, valiente…, tan valiosa que, a cada cuento, nos cautiva un poco más. [Adoro, ADORO sus descripciones]. Ojalá la sigan reeditando; y es que no me aguanto desde que sé que Natacha promete un escenario, de nuevo, con mujeres trabajadoras.

 

¿Que levante la mano quién haya caído en las redes de Carnés?


Las aguas se tiñeron más tarde de púrpura, brillaron como resucitadas.

Emilia Pardo Bazán | Cómo ser mujer en el siglo XIX (4)

LA TRIBUNA Y LAS MUJERES OBRERAS

NANNIE COLESON TEXTIL

Niña trabajando en una fábrica textil en EEUU. Imagen: Lewis Wickes Hine. United States National Child Labor Committee

Al comunicar la chispa eléctrica, Amparo se electrizaba también. A fuerza de leer todos los días unos mismos periódicos, de seguir el flujo y el reflujo de la controversia política, iba penetrando en la lectora la convicción hasta los tuétanos.

La entrada de la mujer en el mundo laboral supuso un profundo rechazo. Mientras las mujeres dependiesen económicamente de los hombres, el sistema patriarcal estaba a salvo. Pero ¿qué ocurriría si ellas empiezan a ganar su propio sueldo? ¡Pues que podrían ayudar a la economía familiar! Sin embargo, pesó más el miedo a perder la autoridad masculina, por lo que el camino de las mujeres hacia la independencia fue todavía más duro. De hecho, en 1915, los obreros de la fábrica de pasta de sopa en Barcelona se pusieron en huelga para ¿exigir mejores sueldos? No, amigas. Su objetivo era expulsar a sus compañeras. Parece el ambiente perfecto para que se incorporen al sector.

Pese a todo, las mujeres entraron en las fábricas y su participación fue muy activa. El Madrid de 1830 fue testigo de cómo más de 3000 cigarreras se movilizaban para mejorar sus condiciones laborales y defender sus derechos. Las huelgas se sucedieron por toda España hasta culminar en 1891 con la creación de la primera Asamblea de Obreras. Gracias a estas protestas sociales se puede medir la evolución de las obreras y su situación laboral. Sin ir más lejos, entre 1905 y 1921 hubo más huelgas de mujeres que de hombres. Y ¿cuáles eran sus peticiones? Pues mayor salario y acabar con el acoso sexual, lo que nos indica que tenemos mucho en común con nuestras predecesoras.

En el resto del mundo, las mujeres trabajadoras se enfrentaban a los mismos problemas y para rastrear la defensa de sus derechos tenemos que seguir la pista, principalmente, de tres pensadoras feministas: Flora Tristán, víctima de la violencia de género y escritora de Unión Obrera, defensora de los derechos de los trabajadores y de la igualdad; Clara Zetkin, activista alemana organizadora de la Conferencia Internacional de Mujeres en 1907, y Alejandra Kollontai que, en la misma fecha, abrió el primer Círculo de Obreras en Rusia, país del que tendría que huir al año siguiente.

Esta es la época en la que Emilia Pardo Bazán escribe la primera novela en España sobre el mundo obrero y, además, con protagonismo femenino. Su testimonio no es fruto de su experiencia vital, como es el caso de Luisa Carnés, sino de un trabajo de investigación entrevistando a las cigarreras de la Fábrica de Tabacos de La Coruña. Sobre ellas escribe la que será la primera novela naturalista y lo hace para contar bien claro cuál es la situación de las mujeres trabajadoras a finales del siglo XIX.

El día en que unos señores dijeron a Amaparo que era bonita, tuvo la andariega chiquilla conciencia de su sexo: hasta entonces había sido un muchacho con sayas.

En Marineda crece Amparo, una muchacha que hereda el empleo de su madre como cigarrera y que será protagonista de dos revoluciones: la política, conviritiéndose en símbolo de la lucha, y la personal, al comprobar cómo el hecho de ser mujer la pone en una continua situación de riesgo. En 270 páginas, la trama abarca una cantidad de acontecimientos históricos, de ebullición política, de tensión amorosa y generosa sororidad que le da un ritmo mucho más “movido” del que nos tiene acostumbrados este siglo. Tres son los grandes temas de la novela: la política, la precariedad laboral y la situación de las mujeres.

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A estas trabajadoras les espera una situación totalmente penosa en las fábricas. Pardo Bazán recrea con sus descripciones el ambiente de trabajo, el proceso de liado del tabaco, el calor asfixiante de la fábrica y la miseria en la que vivían las trabajadoras. Y de esa situación general, dirige el foco a cuestiones particulares de cada una: los malos tratos, los despidos, una dureza que contrasta con el apoyo que encuentran las unas en las otras, tan necesario. Recordemos cómo en la literatura las relaciones entre las mujeres destacan por las rivalidades, rencores y traiciones porque estaban escritas por hombres. Cuando la mirada es desde dentro, escrita por una mujer, esa amistad es honesta.

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-La veo. ¡Olé y qué guapa se pone todos los días, hombre!

-Pero se me hace muy cargante con estas cosas políticas. Las mujeres no tienen más oficio que uno.

A través de la transformación política de Amparo, la autora nos mostrará cómo vivía el pueblo los cambios y tensiones que sucedían en Madrid. Sus dudas y temores se diluyen en este torbellino que es nuestra protagonista, una fuerza que llamará la atención de las autoridades y que la llevarán a convertirse en símbolo,  una tribuna desde la que movilizar al pueblo.

Amparo bailaba. Bailaba con la ingenuidad, con el desinterés, con la casta desenvoltura que distingue a las mujeres cuando saben que no las ve varón alguno, ni hay quien pueda interpretar malignamente sus pasos y movimientos.

Pero ante todo, esta obra es el retrato de unas mujeres reprimidas por una sociedad machista donde lo más importante es preservar la honra, sea cual sea tu clase social. Ese es el objetivo de Amparo en su relación con Baltasar; su orgullo la mantiene “a salvo” pero la represión también es insufrible y cuando las consecuencias lleguen, Baltasar estará ya lejos de sus requiebros y sus #notallmen, no soy como los demás. Al final nos encontraremos a las mujeres juntas, al pie del cañón, como siempre.

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Como ocurre en cada novela de Doña Emilia, no importa que haya sido escrita en el XIX para que venga un personaje como Amparo y te levante de la silla con su huracán de ideas y protesta social con la que tanto nos identificaremos. Pocas veces un personaje hierve a través de las páginas de una novela como lo hace ella. Si La Tribuna se mirase en un espejo se reflejaría en él Tea-Rooms. En ambas se abordan los mismos temas con apenas unos años de diferencia. Por eso, leer las dos obras es las dificultades de las mujeres trabajadoras desde una fábrica en Galicia en 1883 hasta un salón de té en Madrid en 1930.

Oíase el paso de las cigarreras que regresaban de la fábrica; no pisadas iguales, elásticas y cadenciosas como las que solían dar al retirase a sus hogares diariamente, sino un andar caprichoso, apresurado, turbulento. del grupo más compacto, del pelotón más resuelto  y numeroso, que tal vez se componía de veinte o treinta mujeres juntas, salieron algunas voces gritando:

-¡Viva la República Federal!

 

 

Fuentes:

Nash, Mary, Rojas: las mujeres republicanas en la Guerra Civil, Taurus, 1999, Madrid.

Pardo Bazán, Emilia, La Tribuna, Cátedra, 1999, Madrid.

Varela, Nuria, Feminismo para principiantes, Ediciones B, 2013, Barcelona.

*Esta entrada forma parte del proyecto “Adopta una autora” para la visibilización de las escritoras. 

*Si queréis conocer más opiniones sobre la novela no os podéis perder las geniales reseñas de Ajuste de Letras y Crónicas de Magrat.


Próxima entrada (noviembre): La femme fatale en La Quimera.

 

#LeoAutorasOct 2017: descubriendo escritoras

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Otro año más, esta genial iniciativa que nació en Twitter para leer y recomendar escritoras vuelve con página web y seguro que muchas más colaboraciones. Además, octubre también es el mes de celebración del Día de las Escritoras (16 de octubre), por lo que para esta casa es como una especie de navidad, cumpleaños y todas las grandes fiestas juntas porque todo el mundo habla sobre autoras y se reivindica su literatura, siempre considerada secundaria.

El año pasado elegí leer dos novedades, y mis lecturas fueron Solterona, que se convirtió en mi libro del año (aquí os explicaba por qué), y Las chicas, la gran decepción del año (aquí os lo contaba).  Este año he decidido irme lejos, hasta Japón, país que tengo un poco olvidado. Allá por 2012 comenzaba mi idilio con la literatura nipona a través de Murakami y luego ya con Banana Yoshimoto y Yoko Ogawa. Creo que desde 2014 no he vuelto a leer a escritoras japonesas y necesito volver a ellas de nuevo. Para octubre mis lecturas responden a dos épocas muy distintas para que la experiencia sea más completa.

Por un lado, Cerezos en la oscuridad, una colección de relatos obra de la iniciadora de la novela moderna japonesa, Ichiyo Iguchi. Por otro, Ella en la otra orilla, en la que Matsume Kakata recrea una historia sobre el papel de las mujeres en la sociedad japonesa actual. Además, esta elección también me aparta de las grandes editoriales y me da la oportunidad de explorar otros sellos que nunca había probado: Satori y Galaxia Gutemberg.

· RECOMENDACIONES ·

Completo mi participación en #LeoAutorasOct con 4 recomendaciones muy especiales. Le he dado muchas vueltas porque he probado muchas escritoras nuevas que me parecen brillantes, pero quería darle un enfoque más concreto, sin dispersarme mucho. Si echáis un vistazo a mis lecturas recientes, no os extrañará que me haya decidido por las colecciones de relatos. Sí, me he vuelto un poco loca con los cuentos últimamente. Desde siempre ha sido mi género favorito y en estos meses he ido descubriendo autoras tan geniales y diferentes entre sí que quiero compartirlas con vosotrxs. Entre ellas, os recomiendo:

Mala letra, Sara Mesa. Lo mío con Sara Mesa era la crónica de un amor anunciado porque su estilo literario encaja perfectamente con mi gusto lector. Mala letra es una colección de relatos sobre la culpa, contado desde perspectivas muy distintas que demuestran la mirada crítica de esta escritora. Es increíble cómo dejando el lenguaje al mínimo consigue comunicar tanto. Y es que, en su escritura es muy importante lo que no nos cuenta, los huecos que deja en la historia y cómo la reescribimos al leerla.

El libro negro de los cuentos, A.S. Byatt. Sus historias tratan precisamente sobre el arte de contar, su importancia cuando somos pequeños o cuando queremos escapar o cuando parece que nada puede sorprendernos. La leyenda de la mujer que se convierte en piedra se ha convertido en mi relato preferido, por su belleza y calidad narrativa. En ella se funde la muerte y la mitología islandesa para describir la metamorfosis de una mujer, con tal minuciosidad que parece que la tengamos ante nuestros ojos.

Trece cuentos, Luisa Carnés. Esta autora ya fue un flechazo total con Tea-Rooms y con esta colección de relatos se confirma, no solo que es la mejor narradora de su generación, sino como un testimonio fundamental para rellenar los vacíos de nuestra historia durante la República, la Guerra Civil y el posterior exilio. Con Luisa Carnés no hay un tema tabú y las mujeres, sin importar su clase social, tienen voz propia.

La sonámbula y más relatos inquietantes, M. L. Kaschnitz. La escritora alemana nos envuelve a través de detalles cotidianos y encuentros perturbadores que, en vez de confundirnos, nos aferran a la historia, con el trasfondo de la guerra. Es una de las escritoras más aclamadas en Alemania aunque menos conocida en nuestro país. Sin duda, no hay que perderse a esta autora que domina magistralmente los tiempos y estructuras de la ficción corta.

Y no termina aquí. En Twitter (@TheWrittenGirl) dedicaré el mes a compartir escritoras españolas, clásicas y modernas ^^.

¿Cuáles son vuestros planes para este #LeoAutorasOct? ¿Vais a arriesgar con vuestras elecciones o a disfrutar con vuestras escritoras favoritas? ¡Feliz octubre!

 

María de Zayas, escritora y feminista del siglo XVII

Pues señoras, desengañémonos; volvamos por nuestra opinión; mueran los hombres en nuestras memorias, pues más obligadas que a ellos estamos a nosotras mismas.


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¿Quién fue la escritora más famosa del siglo XVII? ¿Quién escribió el primer manifiesto feminista en España? No busquéis la respuesta entre los manuales de literatura al uso pues apenas le dedican unas líneas a la autora que contesta estas dos preguntas: María de Zayas. Y ¿por qué si contó con éxito en su tiempo -e incluso es alabada por Lope de Vega- se le concede tan poco espacio en los libros? La respuesta no os sorprenderá. Porque sus historias están escritas sobre y para las mujeres, lo que nunca se ha considerado tema universal sino más bien un tema menor y marginal.

Invisibilizaciones aparte, gracias al estupendo libro El feminismo en España de Anna Caballé descubrí hace años la faceta feminista de María de Zayas. Y es que el prólogo de sus novelas cortas, allá por 1637, escribe una defensa de los derechos de las mujeres y una denuncia de la precaria educación de las niñas. Un siglo antes de que Mary Wollnscraft publicara su Vindicación de los Derechos de las Mujeres, ya María de Zayas se preocupaba de las desigualdades de su género y escribía historias precisamente para combatirlas instruyendo a las mujeres y alertándolas de los desengaños de los hombres.

Lo que más llama la atención de su escritura es el desparpajo  con el que se desenvuelve y lo directa e irónica  que es al lanzar sus denuncias. Esto consigue que su prosa sea más moderna que la de algunos de sus coetáneos.

QUIÉN duda, Lector mío, que te causará admiración que una mujer tenga despejo, no sólo para escribir un libro, sino para darle a la estampa, que es el crisol donde se averigua la pureza de los ingenios. […]

¿Quién duda, digo otra vez, que habrá muchos que atribuyan a locura esta virtuosa osadía de sacar a luz mis borrones siendo mujer, que en opinión de algunos necios es lo mismo que una cosa incapaz?

¿Qué razón hay para que ellos sean sabios y presuman que nosotras no podemos serlo?

La respuesta a estas cuestiones la encuentra Zayas en la falta de educación de las mujeres, en no “darnos maestros”; si en vez de labores, las niñas accedieran a los libros y la cultura, diferente sería la situación de ellas. Como muestra, acompaña su argumento con una enumeración de escritoras clásicas (me encanta cuando un libro de una escritora me lleva a más escritoras) que prueban que las mujeres pueden ser escritoras igual que lo son los hombres. Rercordatorio: estamos en el SIGLO XVII (vamos, otra prueba de que llevamos desde el Barroco reclamando estos derechos básicos y denunciando la desigualdad).

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María de Zayas, la Sibila de Madrid

Sobre su vida un halo de misterio ya que son pocos los datos que se conocen. Nació en Madrid en 1590 y murió en la misma ciudad en 1661. Pertenecía a una familia de la nobleza media, lo que explica su educación y sus viajes por ciudades como Zaragoza o Nápoles, a los que hace referencia en sus textos. No fue una escritora al margen, sino que tenía contacto con otros escritores, el más notable Lope de Vega. Además, sus obras contaron con gran éxito en su época, alcanzando las cinco reediciones. Sus novelas cortas se reúnen en dos volúmenes: Novelas amorosas y ejemplares (1637) y Desengaños amorosos (1647). El objetivo de su escritura es prevenir y enseñar a las mujeres. Para ello utiliza personajes tipo de la comedia lopesca e incluye elementos transgresores como el erotismo, desde el punto de vista de la mujer [seguimos en el siglo XVII], o la fantasía (elementos sobrenaturales, sueños, conjuros).

 

Sin duda, la protesta que hace María de Zayas contra una injusticia que relegaba a la mujer a un estado de dependencia emocional e intelectual absoluta está enmarcado en un contexto que sigue siendo reactivo, pero no es victimista. Muy al contrario, la autora presenta unos personajes femeninos verdaderamente audaces, especialmente en el aspecto sexual, que combaten los códigos de honor y de honra vigentes en la época burlándose de ellos.

Anna Caballé, 2013:59.

También hay elementos costumbristas que convierten sus historias en un reflejo de su tiempo: la decadencia española o el ocaso de la aristocracia. Entre sus influencias, encontramos autores de novela cortesana como Cervantes o Boccaccio, pero también a Mateo Alemán o Margarita de Navarra.

María de Zayas es una de las primeras escritoras feministas en Europa y sus novelas contenían estos tres ingredientes: estar contadas por damas, ser casos verdaderos y encerrar una lección “para que las damas se avisen de los engaños de los hombres”. No es de extrañar que la crítica la haya olvidado con semejante prosa combativa en favor de las mujeres, pero eso no impide que la sigamos reivindicando y leyendo como la gran escritora y feminista que es.

[…] te ofrezco este libro muy segura de tu bizarría y en confianza de que, si te desagradare, podrás disculparme con que nací mujer, no con obligación de hacer buenas novelas, sino con mucho deseo de acertar a servirte.

Fuentes:

María de Zayas, Tres novelas amorosas y tres desengaños amorosos (Ed. Alicia Redondo Goicoechea), Castalia-Instituto de la Mujer, 1989.

Anna Caballé, El feminismo en España, Cátedra, Madrid, 2013.

Prólogo y Novelas amorosas y ejemplares: enlace.

Siempre hemos vivido en el castillo, Shirley Jackson

Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amatita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto.


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Siempre hemos vivido en el castillo, Shirley Jackson. Ed. Minúscula, 2017. Trad. Paula Kuffer.

Este verano está siendo el verano de las emociones, de los libros que trascienden la página para provocarnos. En junio comencé Trece cuentos de Luisa Carnés y con ella la triple punzada de la guerra, la cárcel y el exilio. Sus cuentos dejan vacío; te destrozan porque sabes que no hay ese salto con red que es la ficción: esta es la realidad. La ola de calor me pilló leyendo El frío, de Marta Sanz, su fría prosa que se te cala hasta los huesos; sus frases que se clavan en el corazón para destruir eso que llamamos el amor romántico. La atmósfera de ensoñación propia de esta época la recuperé con Fleur Jaeggy y Los hermosos años del castigo (reseñado aquí). Tras ella fui cayendo en la oscuridad hasta llegar a Shirley Jackson.

Siempre hemos vivido en el castillo retuerce tus nervios, tensa la acción para que ni siquiera te relajes cuando parece que nada pasa, que todo está en calma. Calma que tú sabes -vaya si lo sabes- es preludio de algo que ni imaginas. Este es un cuento de hadas malévolo no solo por lo que hacen o sufren los personajes sino por lo que la autora nos hace a nosotros. Esa experiencia nos llevará a recorrer las estancias de la casa, la casa Blackwood. Permitidme que os la presente.

Estás delante de la casa, plantada. Si pudieras verte como te ve Merricat, huirías de allí sin pensarlo, dejando tus huellas en un camino que solo puede pisar ella. La casa Blackwood es su fortaleza, una ruina que a duras penas conserva el esplendor que algún día tuvo, cuando allí vivía una familia completa. Si descorrieran los pestillos y te invitara a entrar, mirarías con recelo cada esquina porque nadie puede olvidar que allí ocurrió una tragedia.

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La cocina

Allí solo quedan las hermanas Blackwood, Constance y Mary Katherine, y su tío Julián, inválido. Connie está en la cocina preparando pan de jengibre y ningún rincón de la casa puede escapar a su aroma. Los botes de conservas, los de mermelada…todo reluce en aquella sala luminosa. Constance prepara las comidas, pero nunca sale de casa, ni va a comprar; solo cultiva su jardín, ¿algunas plantas serán venenosas? Sabemos que al final la absolvieron. Sin embargo, sigue encerrada.

El comedor

La tragedia ocurrió aquí. Por eso rechazas sentarte esperando que la visita sea rápida. Ellas saben que estás incómoda y les divierte. Por eso, te acercan la taza de té ¿con azúcar? Apenas tocas la taza y la dejas en la mesa. Todas sabemos que no te la vas a beber porque tienes miedo. Jonas, el gato de Merricat, merodea por la sala, buscando a su dueña.

El jardín

Mientras, Merricat da paseos por el jardín y se siente segura porque nadie puede traspasar sus límites. En su territorio. Y no hay nada más valioso para ella que sus refugios, sus escondites. Su objetivo es preservar la casa de todo contacto con el exterior, con los otros. Bienvenidos al tratado de la claustrofobia. Le molestan las visitas y no sabemos hasta qué punto será capaz de impedirlas. Podría contar las veces que revisa los candados para asegurar la puerta, pero entonces caería en su obsesiva trampa (creo que ya me ha atrapado).

El pueblo

El rimo del relato lo marca el contacto con los otros. Solo se nos cuenta una visita al pueblo, al odioso pueblo con sus odiosos vecinos, inquisitivos, burlones, asustadizos, que no soportan lo que queda de la familia Blackwood; y Merricat es un hervidero de odio hacia ellos. Volverá la calma en las escenas en las que la familia convive ajena al mundo, dentro de su rutina. La visita de Helen Clark o la del primo Charles nos llevarán de nuevo a momentos de tensión hasta que alcancemos el clímax de la novela. Tal es el suspense que paso de puntillas por la trama para dejarla intacta.

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Shirley Jackson (San Francisco, 1916- Vermont, 1965)

El ritmo y sus perturbadores personajes hacen de Siempre hemos vivido en el castillo una obra atípica y difícil de olvidar. Para ello, la autora utiliza recursos propios de las leyendas y los cuentos tradiciones para dar forma a una oscura narración. Los personajes se mueven en el terreno de lo inestable, puedes ver las grietas y eres consciente en todo momento de que aquello va a quebrar por algún lado. Así, Jackson demuestra que es una maestra en esto de sostener la tensión hasta hacerla insoportable para luego conseguir que todo explote ante tus ojos.

No has probado el té y ya tenéis que iros (lo estáis deseando). ¡Oh, Merricat! Esta ha sido la última visita.


Mi experiencia lectora de este verano continuó en la oscuridad de los relatos de Marie Luise Kaschnitz en La sonámbula y más relatos inquietantes, una maravilla literaria; más tarde me dejé atrapar por la absorbente historia de Viento del norte, novela con la que Elena Quiroga ganó el Premio Nadal en 1950. Habrá reseña, pero por ahora, veremos qué otros libros me trae septiembre; en el aire resuenan nombres como Mariana Enríquez o Flannery O’Connor (y repetir siempre con Luisa Carnés y Marta Sanz).