Zadie Smith | Dientes blancos: Irie Jones

Irie regresaba rápidamente al número 28 de Lindaker Road, Lambeth, aliviada de estar otra vez en la oscuridad, porque aquello era como hibernar o estar en el capullo, y sentía tanta curiosidad como los demás por averiguar cómo sería la Irie que saliera de allí. Aquella casa era una aventura.


Dientes blancos fue la novela con la que Zadie Smith se presentó al mundo. Aunque solo tenía 25 años cuando se publicó, ya había conseguido tomar el pulso a toda una generación de hijos de inmigrantes, el microcosmos que latía en un barrio al noroeste de Londres. Es una novela monumental porque engloba todos los conflictos posibles mediante el cruce de tres familias y tres generaciones. La cantidad de personajes y temas hacen de ella una novela densa y compleja que se asimila gracias al cambio de tono y de voces, esa alternancia entre la mirada de los adolescentes frente al de los adultos. Tomando como referencia el hecho de que los capítulos llevan el nombre de los personajes sobre los que la autora pondrá el foco en cada momento, así os iré presentando esta novela.

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Tres generaciones: Hortense, Clara e Irie

El árbol genealógico tiene una relevancia fundamental en la vida de cada personaje. Sus raíces, su lugar de procedencia, es un clavo imposible de sacar, una mochila demasiado pesada que impide su progreso. El pasado es una losa. Por eso lo primero que tenemos que saber de Irie es que sus padres son Archie Jones y Clara Bowden, un inglés y una jamaicana con una diferencia considerable de edad y cuya unión más que en el amor se basa en la necesidad (él, un refugio; ella, una vía de escape). Este primer dato sobre Irie nos hace pensar en la propia escritora, que pudo perfilar este personaje a partir de sus propias vivencias.

No contenta con quedarse ahí, Zadie Smith va a remontarse a las mujeres de la familia de Clara para comprender qué tipo de mochila arrastran cada una. Hortense es la abuela de Irie, una excéntrica mujer, excesivamente religiosa y obsesionada con un inminente fin del mundo. Su mayor preocupación es mantener a Clara en la fe y alejada de las tentaciones inglesas: los chicos. Pero la Clara adolescente quiere escapar, enamorarse y dejar de compartir techo con su madre. Algo parecido le pasará a Irie Jones. Sus ansias de ver mundo y tomarse un año sabático antes de la universidad provocarán una guerra en la casa Jones-Bowden. Irie no quiere resignarse y por eso se va a vivir con su abuela, creyendo que así podrá conservar su libertad.

Ninguna de las tres generaciones puede dejar atrás el rencor de un pasado complicado, entre dos culturas, a veces abusivo, otras solo decepcionante.

Una adolescencia que muerde

dientes_blancosIrie Jones es una muchacha que odia su cuerpo, lo siente como una cárcel porque no se corresponde con el modelo de chica que gusta a los chicos (en concreto a Millat): rubia, delada, inglesa. En numerosas escenas la encontraremos con la mano colocada obsesivamente en la barriga: la mano que sirve para ocultar lo que ella rechaza de su físico. Pero no será el único complejo, ni mucho menos. ¿Dónde se centran todas las preocupaciones de una chica? El pelo, sí. El pelo afro es fuente de insatisfacción. Todas las mujeres reconocen la calidad de su melena, incluso la envidian. Ella lo odia. Quiere que sea liso como el de las otras chicas y sufrirá para conseguirlo. Para los que habéis leído Americanah, tiene muchas similitudes con las escenas capilares que recrea Chimamanda. Y es que no hay frivolidad en ello, es la realidad pura y dura, otra muestra más de la esclavitud del aspecto físico. De cualquier manera no logrará su objetivo: llamar la atención del joven Millat.

Pero Irie no sabía que estuviera muy bien. Allí fuera estaba Inglaterra, un espejo gigantesco, en el que Irie no se veía reflejada. Una extraña en un país extraño.

En otro momento,  Irie sugerirá en clase que uno de los poemas de Shakespeare se refiere a una mujer de color. Este comentario rechazado de pleno por la profesora, suscitará las burlas de sus compañeros. Por lo tanto, son dos las causas de su conflicto: no lograr el amor de Millat y no reconocerse en el país en el que vive. Es una chica fuera de lugar.

Machismo

El machismo en Dientes blancos va a tener un papel muy relevante y está presente en cada matrimonio, en cada relación entre los personajes. El machismo adolescente tiene su representación en Millat, el amigo de Irie Jones. Sus frustraciones le han llevado a buscar en los extermos de la religión un refugio que le lleva a mas insatisfacción. Su respuesta es la rebeldía constante. Su última agrupación religiosa busca la opresión y estigmatización de las mujeres y eso se verá en su cambio de actitud hacia su novia. También se ve el machismo en la manera con la que Magnus Chaflen (padre de una familia inglesa que intervendrá en la vida de Irie y Millat) trata a Irie Jones. En una carta, se referirá a ella con condescendencia, haciendo hincapié en su poca brillantez y convencido de que estudiará una carrera sin muchas aspiraciones. Ella le hará caso.

Pero Karina Cain importaba, porque era su amor, y su amor tenía que ser su amor y de nadie más. Protegida como la mujer de Liotta en Uno de los nuestros o la hermana de Pacino en El precio del poder. Tratada como una princesa. Portándose como una princesa. En una torre. Tapada.

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Laten tantos conflictos como personas habitan el noroeste de Londres y Zadie Smith nos lo presenta en Dientes blancos con todas sus contradicciones, desde todos los ángulos y perspectivas. Leeríamos una guía para visitar los puntos de interés de Londres pero escogería a Zadie Smith para entender la multiculturalidad de esta ciudad, qué sentimientos y aspiraciones esconde cada puerta. Es un brillante testimonio de su generación y fue convertida en serie de televisión en 2002, protagonizada por James McAvoy y Archie Panjabi (la inolvidable Kalinda para los seguidores de The Good Wife).

*Esta entrada forma parte del proyecto “Adopta una autora” para la visibilización de las escritoras.


Próxima entrada (junio): Zadie Smith | Sobre la belleza.

El mes más cruel, Pilar Adón

Y, mientras, percibían los evidentes cambios en la intensidad de la luz del sol, y los consiguientes, y también evidentes, cambios en la consistencia del aire.

—La rutina siempre tranquiliza.

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El mes más cruel, Pilar Adón. Editorial Impedimenta, 2010.

April is the cruellest month, breeding / Lilacs out of the dead land, mixing / Memory and desire, stirring / Dull roots with spring rain. (T.S. Elliot, 1922)

Fijaos bien en la portada, en lo que transmite esa imagen, la mirada, la apariencia. Es el mejor prólogo para esta colección de relatos. Todo lo que ella transmite, lo reviviremos en cada cuento. Esa cierta sensación inquietante, el frío y la humedad que desprende su rostro, la mirada firme que parece que interpela al lector, lo interroga. Puede que esté huyendo de algo. ¿Qué revelan sus ojos? Una plegaria o quizás miedo. Lo desconocemos, al igual que desconocemos, por mucho que lo intentemos, el significado de los relatos. Llegamos en medio de una historia y la narradora nos coloca ante un conflicto que nace en la parte más íntima de cada personaje. Unos personajes que están en plena huida. Abandonamos la última página con el desconcierto de quien es expulsado de un mundo que estaba empezando a entender. Pilar Adón nos presenta catorce maneras de escapar, las motivaciones y las reacciones del otro, sus parejas o amistades. Entre ellos hay una incomunicación: cada uno está preocupado por sus propios fantasmas o anhelos, de ahí que haya malentendidos, mentiras, conversaciones banales que esconden algo más profundo.

Todo esto consigue la prosa de Pilar Adón, tan sensorial y descriptiva, poética y turbadora. Esto sumado a la abundancia de detalles consigue que nos dejemos llevar, de la mano de la autora, sumergiéndonos en un mundo atemporal, más cercano a la fantasía. Las historias captan un instante y se desvanecen dejándonos sumidos en la incertidumbre. Pero que nadie se alarme, Pilar Adón nos recompensa con un cierre que remite a los cuentos tradicionales: el poema-moraleja que cierra cada relato.

La introducción de Marta Sanz sabe captar muy bien el significado de la colección, aunque ella dude, como yo, como todos, sobre la correcta interpretación de los cuentos, tan crípticos y volátiles. Lo que está claro es que disfrutaremos de una lectura muy estimulante. El tono del volumen es coherente hasta el punto de que incluso parece que no abandonamos el mismo escenario, como si todo sucediera en la misma zona o, al menos, todos contemplaran el mismo paisaje. También comparten la presencia de los libros y el desasosiego que sienten los personajes y consiguen transmitirnos.

A la hora de hablar de cada cuento en particular, he querido destacar, por su originalidad o por la intensidad de lo que describe: “En materia de jardines”, “El infinito verde” y “Noli me tangere”.

  • “El infinito verde” es un cuento muy breve con dos personajes, dos amigas que corren, en un juego de niños, alentadas por un rumor del pueblo. El lenguaje del relato recrea la naturaleza asfixiante que termina atrapando a las protagonistas. Puedes sentir la velocidad de la carrera con las plásticas descripciones de Pilar Adón. Fantasía mitológica de la fusión hombre-naturaleza, con una narración tan delicada que casi puede tocarse.
  • “Noli me tangere”: un relato desagradable porque aquí no ha elementos fantásticos es la realidad de un hombre que acosa a una joven en la estación. Ella arrastra un temor pasado que contribuye a aumenta la tensión que está experimentando y nosotros trascendiendo la posición de observadores, nos contagiamos de esa sensación. El título y las palabras que repite la protagonista son una plegaria: no me toques.
  • “En materia de jardines”: uno de los dos relatos más extensos de la colección. De nuevo dos protagonistas colocadas ante su reflejo. Parece un juego de espejos en el que ambas se miran, sin entender a la otra, preocupadas por sus propios miedos y conflictos. No hay una comunicación fluida y sus conversaciones, banales, importan más por lo que no se dice. Se nota lo incómodas que se encuentran la una con la otra aunque parecen necesitarse porque se complementan.
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Pilar Adón, Madrid, 1971


Un color anhelante, de un tono despejado y transparente. Tan transparente que tendía al ámbar… Pero la mañana concluía y el tiempo avanzaba hacia la tarde y, cuando eso sucedía, el verde empezaba a transformarse. El día se hacía maduro y el verde se hacía maduro de igual forma, adquiriendo entonces un tono más oscuro, más reflexivo. Más sombrío. Finalmente, la noche, como era de esperar, mostraba un verde mortecino. Un verde sabio pero también apagado. Un verde un tanto trágico.

Las “malas esposas” en el teatro (1): Sibila Casandra

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Nao d’Amores llevó a escena el Auto de la Sibila Casandra. Dirección y adaptación: Ana Zamora.

El teatro nos ha dejado inolvidables personajes femeninos que, pese a vivir en épocas muy diferentes, supieron retratar el conflicto de las mujeres que no se conformaban con ser esposas o madres. Ellas aspiraban a realizarse, sin cadenas, desafiando los prejuicios de la sociedad y la oposición de familia y amigos. La educación femenina lleva siglos asentándose en el principio de la inferioridad intelectual de la mujer frente al hombre. Por eso, nunca esa educación se inspiró en objetivos ambiciosos, más allá de orientarse a encontrar un buen marido. Sin embargo, no todas las mujeres han querido resignarse a ese modelo de “ángel del hogar” y tras la represión llegará su explosión, en forma del portazo más famoso de la Historia del Teatro. El sonido de la mujer que emprende su camino sola.

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Gil Vicente

Nora primero (Casa de muñecas, Ibsen) y Rita casi un siglo después (Educating Rita, Willy Russell) suponen un pulso al personaje femenino tradicional, poco dado a reivindicaciones, siempre un paso por detrás del protagonista masculino. Las dos, en diferente momento de su vida, comprenden que el matrimonio no es su meta, sino que antes necesitan construir su vida, emanciparse. Aunque sus actos nos parezcan muy modernos para su época, la verdad es que siglos antes ya una mujer levantó su voz para defender su decisión de no casarse, algo impensable en ese momento. ¿Y dónde podemos encontrar a una mujer así? En el Auto de la Sibila Casandra, obra del dramaturgo más aclamado en su tiempo, Gil Vicente, y, se supone, la primera obra de teatro feminista. ¡Y se publicó en el siglo XVI! Este escritor portugués gracias a su bilingüismo, nos ha dejado abundante obra en castellano, entre ella, este auto totalmente transgresor. Tanto en Portugal como en nuestro país, sus coetáneos tenían una opinión unánime: Gil Vicente era la figura principal del teatro renacentista. Su mérito reside en la modernidad de su teatro, mezclando estilos, dando complejidad a la trama y a los detalles. No hay que olvidar que estamos todavía en una época en la que el teatro estaba en desarrollo, preludio de la época dorada del Barroco.

El mito en el que se basa es de sobra conocido hoy, pero aquí se centra en la Sibila Casandra, una pastora que rechaza casarse con otro pastor, Salomón. Casandra reniega de la institución del matrimonio y se muestra como una mujer con capacidad de decisión, algo que no era frecuente en la literatura (ni lo será siglos después). Casandra lamenta la suerte de las mujeres que dependen de sus padres o maridos; no nos suena de nada, ¿verdad? Me da la impresión de que llevamos demasiado tiempo oyendo esta denuncia, este rechazo al modelo tradicional de la mujer. A pesar de que son muchas las voces literarias que reafirman esta posición, mientras sigan ocultas o se les niegue la atención que merecen, nadie podrá conocerlas, leerlas y reivindicarlas.

Nuestra Siblia nos da muchas razones por las que no quiere ser una mujer casada, pero su motivación principal es que sabe que el hijo de Dios nacerá de una Virgen y su deseo es ser la elegida. Reconozco que no es un objetivo con el que podamos identificarnos hoy, pero quedémonos con el fondo. Una mujer no quiere casarse porque pretende alcanzar sus objetivos: ella se convierte en prioridad.

Démosle voz a Casandra. Así nos resume las posibilidades que tenía una muchacha en su siglo:

No quiero ser desposada

Ni casada

Ni monja, ni ermitaña.

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En uno de los monólogos más extensos, Casandra explica a su pretendiente las desventajas de casarse a través de las experiencias de las mujeres que conoce:

Veo quexar las vezinas

De malinas

Condiciones de maridos:

Unos ensoberbecidos

Y aborridos;

Otros de medio gallinas;

Otros llenos de celos

Y recelos,

Siempre aguzando cuchillos,

Sospechosos, amarillos

Y malditos en los cielos.

[…]

¡Y la muger! Sospirar,

Después en casa reñir

Y groñir,

Y la triste allí cautiva

Salomón le responderá con un #notallmen de la época: “No soy de esos ni seré,/ por mi fe / que te tenga en bolloritas”. Pero ella se mantiene firme: “¡Y con floritas/ piensas que me engañarás!”

En sus intervenciones denunciará la situación de las mujeres en unos términos que nos recuerdan a lecturas más modernas:

Allende de esso, sudores

Y dolores

De partos, llorar de hijos:

No quiero verme en letijos,

Por más que tú me namores.

[…]

Si la mujer de sesuda

Se haze muda,

Dizen que es bova perdida;

Si habla, luego es herida,

Y esto nunca se muda.

El resto de personajes que aparecen para convencer a la Sibila la toman por loca por querer alumbrar al hijo de Dios, o lo que es lo mismo, por pretender alcanzar algo que entienden por ambicioso, todo un pecado en una mujer. En su opinión, la mujer no debe mostrarse orgullosa sino ser un ejemplo de humildad, vamos no aspirar a nada y quedarse calladita que estás más guapa. No lo digo yo, lo mansplainea Isaac que él sabe de qué va esto de ser madre de Dios:

Cállate, loca perdida,

Que de essa madre escogida

Otra cosa se escrevió.

Tú eres de ella al revés

Si bien ves

Porque tú eres hermosa,

Sobervia, y presumptuosa

Que es la cosa

Que más desviada es.

La madre de Dios sin par,

Es de notar

Que humildosa ha de nascer,

Y humildosa conceber,

Y humildosa ha de criar.

Siempre es una buena noticia que se sigan representando este tipo de obras para hacerlas llegar a un público más amplio y que nos deje con la boca abierta lo que ya se decía entonces y repetimos hoy: ¡dejadnos decidir! Si no conocíais al autor, espero que os haya gustado descubrir a Casandra y sus convicciones. La próxima “mala esposa” es mucho más famosa; se trata de Nora, la protagonista de Casa de Muñecas (Henrik Ibsen).

Emilia Pardo Bazán | Cómo ser mujer en el siglo XIX (2)

EMILIA PARDO BAZÁN CONTRA LA HIPOCRESÍA: INSOLACIÓN.

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Magistral adaptación teatral de Insolación a cargo de Pedro Villora y Luis Luque (2015)

La hipocresía es uno de los temas omnipresentes en los textos de Doña Emilia. Tanto en sus cuentos como novelas el factor “guardar las apariencias” y el “qué dirán” determinarán los actos de los protagonistas. También sus artículos reflexionan sobre la doble moral a la hora de juzgar a las mujeres. En concreto, los siguientes:

“Hipocresía” (1909) De una anécdota de su propia experiencia surge este breve artículo sobre la hipocresía de la sociedad en lo que a las mujeres se refiere. Tras una visita al circo en la que pudo presenciar a una intrépida acróbata poner en riesgo su vida, recuerda a una aeronauta que también había arriesgado en su ejercicio. A pesar de estos ejemplos, sabe Doña Emilia que los autores seguirán hablando de la mujer como un “ser débil, tímido, dulce…” y poniendo el grito en el cielo al hablar de médicas o catedráticas.

“Contra la discriminación” (1911) y “En favor de la igualdad” (1914) se centran en la hipocresía de la justicia cuando le toca condenar a las mujeres. En el primero, una mujer condenada por fumar en público. ¿Su mayor delito? La parte pública, por supuesto. Si lo hubiera hecho en su casa, nada pasaría. “Pero delante de la gente…, es cosa que merece severísimo castigo […] Con esta clase de delitos suelen ser inflexibles nuestras celosas autoridades.” En el segundo, hace referencia al activismo de las sufragistas inglesas y critica que se las juzgue tan severamente cuando son consideradas, en todos los demás ámbitos, menores de edad. El hombre siempre está por encima de la mujer -más derechos, mejor educación-, mientras que las mujeres no pueden elegir nada de lo que les concierne y siempre están en manos de un hombre. Pero cuando hablamos de justicia las mujeres sí son responsables de sus actos e incluso se les aplican mayores penas.

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Por su parte, Insolación (1889) es una novela naturalista con un planteamiento muy moderno: una mujer habla de sus sentimientos y de una relación amorosa. Hasta entonces muchas historias pasionales se habían leído, pocas veces contadas en primera persona por una escritora. Tal fue el revuelo en la época que incluso la tildaron de pornográfica; Pereda se vio ultrajado espcialmente a causa de su narración con minuciosos pormenores sobre su manera de pecar –ejem, Sr. Pereda, se menciona una caricia-. Ya vemos que los críticos estaban más preocupados en desprestigiar a la autora que en comentar los aspectos estilísticos o temáticos. Se le suele atribuir una base autobiográfica, pues la propia Emilia había tenido una aventura amorosa con Lázaro Galdiano durante su relación con Galdós, a la que se refiere, en una carta al escritor, como “error momentáneo de los sentidos fruto de circunstancias imprevistas”. Con semejantes argumentos, ¿quién puede resistirse a Doña Emilia?

Insolación tiene como protagonista a Francisca de Asís, viuda de Andrade, que vive en Madrid en un ambiente privilegiado de cenas y reuniones de sociedad. Al conocer a Pacheco, un donjuán andaluz, su vida tranquila y discreta se tambalea y un poderoso sentimiento se apodera de sus actos. Esta sencilla trama da pie a una profunda y sensorial reflexión sobre la influencia del naturalismo en hombres y mujeres y cómo afecta a su comportamiento. La parte más reflexiva de la historia la representa Pardo, un señor gallego que diserta sobre la tendencia natural de los españoles a la barbarie. Y es que será un elemento natural, el sol que calienta la explanada en el día de San Isidro, el culpable de la censurable aventura que viven los protagonistas. Más adelante, en 1892, Emilia confesará: “¡Ah! No es la naturaleza, es la sociedad tal cual hoy se encuentra constituida quien acaso desequilibra a la mujer.” (“Del amor y la amistad”).

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María Adánez y José Manuel Poga.

A Emilia Pardo Bazán se le presentaba un conflicto: mostrar de forma directa los encuentros entre los amantes u omitirlos y sobre ello reflexionará en la obra (metaliteratura hermosa):

 “Queda, eso sí, el recurso de presentarlas de forma indirecta, procurando con maña que no lastimen tanto como si apareciesen de frente, insolentonas y descaradas, metiéndose por los ojos. Así la implícita desaprobación del novelista se disfraza de habilidad.”

Sin embargo, eso no impide que nos ofrezca descripciones como esta, donde queda claro lo allí ocurrido sin que tenga que esconderse nada:

 “Por eso, y porque no gusto de hacer mala obra, líbreme Dios de entrar hasta que el sol alumbra con dorada claridad el saloncito, colándose por la ventana que Asís, despeinada, alegre, más fresca que el amanecer, abre de par en par, sin recelo o más bien con orgullo. ¡Ah! Ahora ya se puede subir. Pacheco está allí también, y los dos se asoman, juntos, casi enlazados, como si quisiesen quitar todo sabor clandestino a la entrevista.”

Modernas son las descripciones y las alusiones, sin reparos, de la protagonista al aspecto físico de Pacheco. También la introspección femenina sobre la moral, lo que está bien visto frente a lo que se desea libremente. Su mayor preocupación es que les vean los criados o los vecinos, que comenten, que juzguen los otros, el qué dirán. Será en una conversación con Pardo, donde se muestre más extensamente la opinión de la autora sobre la hipocresía de la sociedad y la doble moral:

“La mujer se cree infamada, después de una de esas caídas, ante su propia conciencia, porque le han hecho concebir desde niña que lo más malo, lo más infamante, lo irreparable, es eso; que es como el infierno, donde no sale el que entra. A nosotros nos enseñan lo contrario; que es vergonzoso para el hombre no tener aventuras, y que hasta queda humillado si las rehúye…De modo, que lo mismo que a nosotros nos pone muy huecos, a ustedes las envilece.”

El desenlace es más tradicional ya que solo el matrimonio de los amantes podría remendar los pecados cometidos, a ojos de la sociedad, claro. Ni con esas contentó a la crítica, pero nos deja un testimonio valiosísimo de su época. Queda claro que es una novela adelantada a su tiempo y marcadamente feminista al cuestionar la doble moral de la época y defender la libertad amorosa de las mujeres.

 

Fuentes:

Bravo-Villasante, Vida y obra de Emilia Pardo Bazán, Revista de Occidente, Madrid.

Pardo Bazán, Emilia, La mujer española y otros escritos (Ed. Guadalupe Gómez-Ferrer), Madrid, Cátedra, 1999.

Pardo Bazán, Emilia, Insolación, Madrid, Cátedra, 2005.

*Esta entrada forma parte del proyecto “Adopta una autora” para la visibilización de las escritoras.


Próxima entrada (mayo): Los Pazos de Ulloa: novela social.

Tea-Rooms, Luisa Carnés

Matilde tiene una sonrisa amarga. Ella quisiera…Ella no quiere nada. Nada. El sol va pincandillo. Se cierran los ojos y un calorcito agradable cubre los párpados,  resplandece sobre los párpados. Y el vacío se acentúa.


 

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Tea-Rooms, Mujeres obreras, Luisa Carnés. (Hoja de Lata, 2016)

Al terminar de leer Tea-Rooms y la vida de las mujeres obreras sentí de nuevo la misma emoción que con la película “Las sufragistas“; de nuevo esa oleada de rabia, por los sacrificios y los abusos que sufrieron otras mujeres, pero sobre todo el orgullo de saber que lucharon hasta el final y gracias a eso hoy tenemos más derechos. No me cansaré de leerlas y de hablar de ellas porque no quiero que se olviden. Por eso, al terminar también me preguntaba ¿Dónde estaba Luisa Carnés mientras buscábamos relatos feministas? ¿A qué exilio la relegaron tras su muerte? El exilio del silencio, en apariencia más duradero que el físico puede romperse al abrir Tea-Rooms. Leer sus obras es ahora un acto de justicia literaria, rescatando una voz que nunca debió taparse.

Tea-Rooms, su tercera obra, es una narración con aspiración periodística, una novela reportaje que retrata, desde la ficción, la situación precaria de las mujeres en las primeras décadas de los años 30. Publicada en 1933, refleja la crisis económica padecida por la clase obrera y su impacto en cada una de las mujeres que irán apareciendo en la obra. Estamos, entonces, ante una novela social femenina y, por lo tanto, transgresora y muy valiosa para comprender una de esas décadas enterradas en la historia de las que tan poco se cuenta. Por eso los libros son tan peligrosos para algunos: son arma contra el olvido.

Desde la primera página, Luisa Carnés consigue que formemos parte de la vida de Matilde en su búsqueda de empleo. El ir y venir de las jóvenes aspirantes a secretaria, de los paseantes bajo el atrevido sol primaveral, comienza a envolvernos hasta que nos lleva al escenario principal, el que será su lugar de trabajo: la confitería. Entre brioches y bombones, privilegiados clientes y una odiosa encargada, se cuelan los secretos y miserias de mujeres sin recursos, los delantales negros. Ellas sobreviven a largas jornadas, a las pésimas condiciones laborales, a los abusos de los jefes.

El mayor valor de la novela reside en su capacidad para ser testimonio, contado por una mujer que experimentó esas condiciones y que será una prueba eterna del lenguaje, la moda o las rutinas de esta época sin que tengamos que imaginar o suponer. Tenemos a Luisa Carnés para contarnos cómo era la vida entonces. Los temas que abordará pueden dividirse en dos planos: el político y social –huelgas, paro, crisis- y el de las mujeres –búsqueda de empleo, relaciones sociales, aborto, prostitución-.

El escenario de la confitería se convierte en elemento imprescindible: todo ocurre en esta casa. ¿Y qué es lo que pasa? La vida de las mujeres. Y no es fácil encontrar una novela donde todas las protagonistas sean mujeres, contada por una mujer, y menos que provenga de esta época. Por eso leer esta novela es un ejercicio de empatía y de reencuentro con nuestras antepasadas, supervivientes, inspiradoras y muy realistas. A través de la protagonista alcanzaremos momentos de frustración; sin embargo, los que quedan son los de sororidad.

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Publicada originalmente en 1933 cuando Luisa Carnés ya era una escritora de éxito.

El relato irá acompañado de las reflexiones y reivindicaciones de Matilde –trasunto de Luisa Carnés-. Todo un discurso claro y vehemente de un espíritu inconformista e inteligente como el de esta escritora. Su defensa de los derechos de las mujeres y de la emancipación femenina nos resulta muy actual. Muchas de sus reivindicaciones siguen siendo válidas hoy; y es que se llevan repitiendo los mismos argumentos desde un tiempo que prometía unos avances que no han llegado. El final es de esperanza y duda al mismo tiempo; de no saber cuándo se podrán escuchar todas las voces.

Después de leer este libro y conocer a su autora (a través del imprescindible epílogo de Antonio Plaza) puedo decir que admiro profundamente a Luisa Carnés y espero que este rescate literario no se quede aquí sino que hagan un esfuerzo por reeditar el resto de sus obras. Podemos sentirnos privilegiadas de tener a Carnés de vuelta. Gracias, Hoja de Lata por presentárnosla así.


Pero también hay mujeres que se independizan, que viven de su propio esfuerzo, sin necesidad de “aguantar tíos”. Pero eso es en otro país, donde la cultura ha dado un paso gigante; donde la mujer ha cesado de ser un instrumento de placer físico y de explotación; donde las universidades abren sus puertas a las obreras y a las campesinas más humildes.

#RetoSolterona

persepolis

¿Harta/o de personajes femeninos que solo son acompañante, mujer, amante o amiga, un mero adorno o excusa para que el protagonista alcance su meta? ¿Buscas en los libros personajes femeninos que cuestionen los roles tradicionales de las mujeres? Si odias los clichés, recuerda que hay otra opción: ponernos las gafas moradas. Después de la resaca del libro Solterona, decidí crear un directorio de mujeres en la literatura que nos sirvan de inspiración y alternativa, enriquecedoras, empoderadas y diversas. Para ello necesito vuestra ayuda (aquí explicación más larga). Si quieres contribuir, solo tienes que proponer tu personaje femenino en twitter con el HT #RetoSolterona o enviarme el enlace de tu blog donde menciones a ese personaje y lo añadiré a la lista (thewrittengirlblog@gmail.com). Hasta el momento estas son las protagonistas, junto a la persona que la ha propuesto y, en su caso, el blog donde habla de ella y de la obra.

LISTA DEL #RETOSOLTERONA:

Florence Green. La librería, Penelope Fitzgerald. (Ejemplo) Ver.

Feíta Neira. Memorias de un solterón, Emilia Parda Bazán.(Ejemplo) Ver.

Victoria. Partir, Lucía Baskaran. @eslang

Jo MarchMujercitas,  L. May Alcott.  @criscanreadVer entrada.

Marjane. Persépolis, Marjane Satrapi. @odiseapurpura

Lynne. Sueños de piedra, Iria G. Parente y Selene M. Pascual. @RhiverCross

Las Doras. Máquinas del tiempo, Nina Allan. @trad_carbaes

Susannah Dean. La torre oscura, Stephen King. @lostisintheair

Margot. A todos los chicos de los que me enamoré, de Jenny Han. @aiireeen

Scarlett O’Hara. Lo que el viento se llevó, Margaret Mitchell. @Eibi82 . Ver entrada.

Alexandra. Pioneros, Willa Cather. @Eibi82  Ver entrada.

Mujer-Perro. Espejismos, Jeanette Winterson. @Raquel_Rahel. Ver entrada.

PennyBitch Planet, Kelly Sue DeConnick@trad_carbaes

Nihal, Crónicas del Mundo Emergido, Licia Troisi. @Enerio_Dima

Olive. Olive Kitteridge, Elizabeth Strout. El jardín de Olive

Matilde. Tea-Rooms, Luisa Carnés. @criscanread

 

¿Te animas?

Gracias y ¡feliz lectura!

Daniela Astor y la caja negra, Marta Sanz

Vivo en una película que a veces va a cámara lenta y a veces se acelera escatimándome momentos. Vivo en un lugar que es y no es una historia.


Tengo que admitir que he estado posponiendo unos meses escribir algo sobre este libro, sabiendo que será difícil transmitir lo que esta lectura me ha dado. Fue a finales del 2015 cuando por fin me decidí a leer algo escrito por una autora cuyas críticas literarias (aquí comentando Nada se acaba de Margaret Atwood) llevaba leyendo/escuchando algún tiempo. Entonces ya sospechaba que lo que ella escribiera no me defraudaría. Le he estado dando vueltas a los temas, releyendo la historia y resulta que, si parece relativamente sencillo comentar un libro que te ha gustado, la cosa se pone cuesta arriba cuando un libro consigue removerte así. Mi opinión general es que este es uno de los libros mejor escritos que he leído nunca. Así que, tras romper el hielo de manera tan tajante y dejar las expectativas bien altas, no me queda más remedio que hablar de Daniela Astor.

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Premio Tigre Juan 2013

Consuelo, Piedad, Angustias, Martirio, Dolores, Contracción, Lumbalgia, Anestesia, Amnesia, Amputación, Concepción, Alumbramiento, Ascensión, Purificación, Desinfección, Lavado vaginal.

El lenguaje puede ser muy poderoso, si se usa bien. Aquí el lenguaje es fuente de descubrimiento, y a la vez es instrumento para poner al lector en el lugar de la protagonista y desde ahí, más que observar, experimentar la transición emocional de Catalina. Marta Sanz nos cuenta un episodio concreto en la vida de una niña de 12 años y el impacto que supone en su convencional vida. Su mundo está repartido entre la realidad del hogar y el colegio y la dimensión imaginaria que comparte con su amiga Angélica. Las niñas juegan a ser adultas imitando las poses de famosas de portada. Se nutren de gestos estudiados y comentarios banales sobre amoríos y lujo; despliegan todo su espectáculo en “la leonera”, el cuarto que antes fue de su abuela materna. Mientras, en la misma casa, todo ese mundo se irá desmoronando.

Entre la narración de Catalina se cuela la caja negra, fingido documental, collage de entrevistas y comentarios que nos sitúan en plena explosión del destape en España. Es un escaparate de mujeres vulnerables, injustas marionetas de su tiempo, que saltan de plató en plató.

Como las actrices que enseñan sus casas en las revistas del corazón, me gustaría tener un bonito biombo en mi alcoba. Una caja dentro de una caja. Un secreto dentro de otro. Detrás de mi biombo imaginario.

Habíamos dejado a las niñas jugando a seducir y a ser víctima, repitiendo clichés. Pero lo imaginario irá desdibujándose a empujones de realidad, contagiando la existencia despreocupada de Catalina.  La tensión en la realidad crece y Catalina se verá forzada a sacar a Daniela Astor, rebeldía pueril que solo desembocará en decepción. Uno de los rasgos más relevantes de nuestra protagonista es la crueldad con la que se refiere a su madre y cómo irá evolucionando hacía la comprensión en este viaje de reconocimiento. Esa evolución no es fortuita sino que correrá paralela a la crisis que se está viviendo en su casa. Los juegos se esfuman, se dinamitan las idealizaciones, y todo ello irá dejando paso a una claridad  dolorosa que revela a Catalina quién es quién: el padre, el cobarde, la valiente, la amiga. Todo este reconocimiento provoca una punzada en el estómago porque por unos días somos Catalina y escuchamos con la puerta entreabierta las conversaciones de los adultos; recomponemos murmullos, les quitamos la máscara a nuestros héroes y aprendemos que la culpa siempre es cosa de mujeres.

La crueldad más sofisticada consiste en obligar a una mujer a parir, a cuidar, a querer a un hijo que nunca deseó.

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Marta Sanz / Imagen: El Periódico.

Creo que uno de los valores de la novela es el relato de la relación madre e hija y es que nunca ha sido suficientemente explorada en la literatura, sobre todo desde un punto de vista tan honesto. Otro es el excelente retrato de la transición a la adolescencia con su consciencia del cuerpo, las contradicciones, la ingenuidad y el egoísmo, las pequeñas batallas. Además, se habla de la madurez precipitada, de cómo vivieron las mujeres la Transición, de la amistad y del aborto. Y es novedad cuando no debería serlo, tratar episodios recientes que siguen siendo tabú. Marta Sanz, dando voz a este silencio, hace justicia y nos devuelve un pedazo de historia invisibilizado, o peor, banalizado.

En un arrebato de locura lectora, cuando leo un libro tan bien escrito me dan ganas de comer todas las letras y llenarme la lengua de palabras tan bien escogidas, de esas que provocan tormentas eléctricas. Egoísta, pretendo que también sean parte de mí. Como no podía ser de otra manera, hasta la relectura del libro me dejó resaca literaria. Y qué mejor remedio que leer un libro de Sara Mesa y alargar el placer de un buen libro. Marta Sanz y Sara Mesa construyen literaturas vivas y en cada lectura despiertan sentidos que ni siquiera conocíamos. Otro día os contaré cómo fue encontrarse envuelta entre las tormentas de Sara Mesa en Mala letra.

Tengo casi trece años y me anticipo a mi convicción adulta de que el dolor es una carga que va gastando los riñones. Que nos encorva. Que no es un mal sueño del que uno se despierta una mañana diciendo “Ya pasó todo. Cura sana culito de rana”. La quemadura quema por mucho que se sople. Y la quemadura de mi madre es de cuarto grado. Una quemadura por frío. Por congelación.

 

La mujer del artista en la literatura (4): Pepita Wetoret y Dolores Armijo

 

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Antes de nada, si acabas de llegar, esta es la última entrada de la serie La mujer del artista en la literatura”. En los siguientes enlaces puedes acceder a los capítulos anteriores: Introducción, Juana Pacheco-Velázquez, Leocadia-Goya.

Larra y Pepita Wetoretpepita-wetoret-alenarterevista-net

En La detonación, la última de las obras que voy a analizar, se da un caso diferente ya que aparecen dos mujeres : Pepita Wetoret y Dolores Armijo, identificadas en la obra como la misma mujer (la misma actriz las representa). Pepita Wetoret, la mujer de Larra, se describe en la acotación como una criatura muy joven y linda, de dorados cabellos”. El amor entre ambos se presenta como un amor convencional, nada espontáneo, supeditado por la opinión de los padres, como era habitual en la época. Él la llama novelera porque se comporta como una mujer-tipo decimonónica: recatada y soñadora. Estamos ante dos personalidades opuestas: él lucha contra las injusticias de su tiempo y ella se conforma. En la pareja, Pepita se muestra ignorada (“¿Has olvidado que estoy yo aquí?”), apartada del mundo de su marido.

Ella no está conforme con su vida austera; Pepita necesita un estatus más elevado, con más comodidades, y esto lleva a un enfrentamiento con Larra en el que ella critica su manera de escribir; estamos ante puntos de vista opuestos: ella porque cree que todo sería más fácil si escribiera de una manera menos mordaz: así podría ganar más dinero. Sin embargo, Larra, fiel a sus principios, sabe que su deber es decir la verdad y no puede renunciar al tono de denuncia de sus artículos. Aquí estaría escenificada la mujer como intento de destrucción del arte de su marido.

Larra y Dolores Armijo

La verdad es que Larra está enamorado de Dolores Armijo, una mujer casada con José María Cambronero. En la obra aparece descrita como “una arrogante criatura de veintiséis años, de labios deliciosos y media máscara deslumbradoramente bella, enmarada por los azulados brillos de su negra cabellera […]”. Pepita representaba un ideal de mujer angelical frente a Dolores, la femme fatale.

dolores-armijoAnte este amor, él se muestra apasionado, no ve obstáculos para que vivan juntos. Será ella la que marque una distancia entre ambos porque le interesa más su posición social. Larra siente un vacío en su vida debido a la censura y la falta de apoyo por parte de Pepita y piensa que Dolores puede llenarlo. Sin embargo, el amor de Dolores no es tan fuerte, parece fruto de un capricho. El punto de inflexión llegará cuando Pepita ponga sobre aviso al marido de Dolores y esta elija permanecer a su lado, anteponiendo su propio interés y provocando la decepción de Larra. Al final, las dos mujeres lo abandonarán. Esta frustración final será el último episodio que recuerde Larra antes de la detonación (su suicidio).

TODAS LAS MUJERES SON IGUALES

Uno de los rasgos comunes en estas mujeres de artista es el de no comprender el arte de sus maridos, sin embargo en Dolores encontramos aparentemente una opinión diferente ya que afirma “Usted es maravilloso. Yo vivía triste y despechada hasta que empecé a leer sus cuadernos. ¡Cómo respiré! Al fin, la verdad, la ironía saludable, el latigazo a esta sociedad hipócrita…Y pensé: a este hombre sí podría amarlo”. Aunque en aparariencia distinta, este diálogo revela la opinión de Larra sobre las dos mujeres de su vida:

Larra: Tonto de mí. ¿Cómo pude creer que tú no llevabas máscara? Al fin te veo tal y como eres. Y eres…Pepita. Sois la misma.

Si un día te dicen que Larra se quitó la vida, no pienses que lo hizo por amor, sino porque…todo es irremediable. Adiós, Pepita.

Dolores: ¿Pepita?

Larra: O Dolores, qué más da.

En esta última intervención, hay que destacar  que Larra llega a confundir a Dolores con Pepita y acaba diciendo que son la misma. Varios elementos de la obra reafirman esta idea: las dos tocan la misma pieza ante el piano, las dos evolucionan desde un aparente amor y comprensión hasta el desdén y el abandono. Esta asimilación de la mujer como todas son iguales también estaba presente en el discurso misógino.

La concepción más generalizada era la de que la mujer era imitadora por naturaleza y nunca creadora, de ahí que se afirmase que por eso eran buenas actrices. Es un buen ejemplo de este caso el de Sibyl Vane, la mujer que aparece en El retrato de Dorian Gray (Oscar Wilde). Él se enamora de su capacidad para reproducir las palabras de los personajes femeninos de Shakespeare y cree estar ante Julieta y Ofelia. Sin embargo, cuando ella vuelve a la realidad no deja de ser “superficial y estúpida”. Parece ser que la opinión era que “las mujeres normales son monótonas; se parecen una a otra”

Estas tres mujeres nos devuelven tres mitos: el de la mujer ingrávida o postrada (sumisa), el de Judith y el de la mujer imitadora. Estos mitos insisten en la idea de que la mujer no tiene ningún mérito, ni siquiera el de su belleza, como indica esta afirmación de Weininger “El descubrimiento de la belleza ideal en una mujer era un acto creativo del artista y en ningún caso suponía un valor intrínseco de la propia mujer. Se trataba, simplemente de una atribución del ideal a su personalidad” y que también conecta con la idea de la relación entre el arte y la mujer.

Con esta entrada termina esta serie de personajes que no es más que otra prueba de la representación de los mitos misóginos en la literatura. Además, prentendía rendir un pequeño homenaje a un dramaturgo tan importante como es Buero Vallejo. Obras como La Fundación o El tragaluz son joyas de nuestro teatro, creadas para quitar la venda de un público que vive en dictadura, al que se le niega la verdad. Pero él nos la ofrece entre líneas, para que la censura permita, y el teatro haga su función.

Próximamente…

Y sin dejar este género, la siguiente serie de personajes viajará hasta el Renacimiento español donde conoceremos a un precursor del teatro feminista, y de ahí se irá hasta Noruega para terminar en el Manchester más ochentero. ¿Qué tienen en común personajes femeninos de épocas tan dispares? Ser lo que se conoce como “malas madres y esposas”. Sea bienvenida la rebeldía teatrera.

Zadie Smith | La Embajada de Camboya

“Gratitude was just another kind of servitude”.


Zadie Smith es una profesional del lenguaje: sabe perfectamente lo que hace y puedes percibir sus influencias literarias en cada capítulo, capítulos plagados de referencias asentadas en una estructura sólida. Sobre todo hay que destacar la laboriosa tarea que realiza al construir cada uno de sus personajes consiguiendo que parezcan tan reales, con tantas facetas y conflictos internos, así como la red de relaciones personajes que va desenredando en sus textos. Es increíble. Cada palabra elegida es la perfecta en su tiempo y lugar, nada sobra. En ella se hace realidad la expresión “construir una historia” con el lenguaje más preciso y vívido posible.

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Zadie Smith (Londres, 1975)/ AP para mic.com

No se me ocurre mejor manera de empezar la serie de entradas de Zadie Smith que presentando su escritura a través de uno de sus relatos más conocidos. Soy una gran fan de los relatos (aunque este juega en la frontera con la novela corta); creo que concentran en unas pocas páginas toda la esencia de la literatura. Además, dan mucho juego a la hora de improvisar nuevas formas de contar y transmiten una idea de forma intensa y directa. The Embassy of Cambodia se publicó en The New Yorker en 2013 y pinchando en el enlace podréis acceder al texto completo.

Si empezamos por el principio, el título, no nos da muchas pistas de por dónde va a ir la trama. Luego sabremos que la función de la embajada es la de guía, en el sentido de que aporta un escenario y una frontera entre dos mundos contrapuestos: el del relato y otro que permanece infranqueable para nosotros. La embajada no jugará un papel principal pero lo que en ella ocurre aportará ritmo a la acción principal. Con ella se abre el relato y frente a ella se cierra.

Hablando de ritmo, ¿cómo consigue Zadie Smith crearlo en este relato? Tras la verja de la embajada se juega una partida de bádminton. Así que cada vez que acompañemos a Fatou, la protagonista, mientras pasa por delante del edificio, oiremos cómo golpean el volante: pock, smash. Ese es el ritmo de la historia y de los diálogos: se lanza y se devuelve un comentario, una acción que siempre viene acompañada de un consecuencia. Y así se van sucediendo los episodios que aquí se cuentan. En este rasgo ya se puede ver el engranaje perfecto que se ha creado para esta historia.

Siguiendopenguin con la construcción de la historia, sabemos que un papel fundamental es el de la persona que cuenta la historia. Aquí el narrador, omnisciente en la mayor parte, mira a través de los ojos de la protagonista, pero también se desdobla en un narrador testigo poco frecuente, en tercera persona del plural. Representa una especie de portavoz de la comunidad del barrio (el mismo que visitaremos en otras de sus obras como Dientes Blancos y NW) donde vive Fatou, y nos ofrece el punto de vista de sus vecinos, es decir, de los que están fuera de la historia.  La narración, en general, es contenida; Zadie Smith calcula cada frase como si de un movimiento de ajedrez se tratara. La palabra precisa y certera. Podríamos pensar que esta manera de relatar lleva a una cierta frialdad y distancia con la historia. Nada de eso. Con esta técnica construye personajes de carne y hueso que casi nos parece oír cómo palpitan en cada página.

Fatou no es un personaje tipo. Iremos descubriendo una personalidad marcada fruto de las circunstancias que le han tocado vivir. Es una mujer, inmigrante, que ha vivido en varios países antes de mudarse a Londres, donde trabaja como asistente interna. Divide su tiempo de ocio entre la natación y las citas con su amigo, Andrew (representante del mansplaining), con el que tendrá conversaciones centradas en la religión y el racismo. De apariencia vulnerable, Fatou es una mujer que no se ha quebrado ante los obstáculos; resignada al destino que le ha tocado, nunca pierde la calma. De los diálogos y las reflexiones de Fatou se desprenden reflexiones no confirmadas. Con esto me refiero a que Zadie Smith no me da la razón como lectora. Consigue que yo sea la que juzgue, siempre dejando la pelota en el tejado del que lee. Esta escritora no nos trata como menores de edad; respeta a su interlocutor y a la literatura.

Algunos de los temas que trata son:

  • El sufrimiento de los pueblos, a partir de las preguntas que deja en el aire ¿dónde se ha sufrido más? ¿en el Holocausto o en Ruanda? Competiciones morales que no conducen a ningún lugar. De hecho, en una entrevista reciente, Zadie Smith afirmaba: “cada pueblo arrastra sus traumas, y no se trata de rivalizar a ver quién tiene el trauma más grande, entre otras cosas porque cada uno es de distinta naturaleza”.
  • La esclavitud del siglo XXI. Fatou compara su historia con la de una chica que ha aparecido en el periódico. Prostitución/servidumbre; la privación de libertad. Situaciones paralelas que evidencian las tragedias que se encuentran en la puerta de enfrente.

Podrían comentarse muchos más aspectos y temas, pero la idea era ofrecer un aperitivo de la narrativa de Zadie Smith. Tendremos tiempo de conocerla mejor.

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Ilustación de Santiago Sequeiros para El Mundo, que publicó el relato en el verano de 2013.

Muchos de los elementos que he mencionado aquí serán constantes en la obra de Zadie Smith; cada palabra, cada giro, cada anécdota está ahí por un motivo, nada es casual. La autora recoge parte de la situación de las mujeres inmigrantes en este original relato a través de los ojos de Fatou. Su rutina nos ayudará a entender los límites de su libertad y lo inestable de su futuro. También nos obligará a reflexionar sobre la esclavitud moderna y las diferencias sociales. Zadie Smith es una cronista de su generación y si queremos acercarnos a su manera de contar este relato es una buena oportunidad. Ella retrata a la perfección de qué va esto de no poder elegir y que la sociedad nos empuje o nos devuelva al punto de partida para catapultarnos de nuevo a lo incierto. Como en un partido de bádminton.

*Esta entrada forma parte del proyecto Adopta una autora para la visibilización de las escritoras.


Próxima entrada (abril): Dientes blancos | “Irie Jones o una adolescencia que muerde.”

(Dientes blancos es una lectura compleja con una cantidad de personajes que se merece varios episodios que iré intercalando con reseñas de sus otras obras).

Accidental, Ali Smith

“Las palabras salen de la boca de Astrid como si fueran las piedras calientes que utilizan en el sitio donde va su madre a que le den masajes, de esas que te dejan una marca roja en la piel cuando te las ponen y te las quitan.”


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Accidental, Ali Smith. Alfaguara (2007) || Imagen: TheWrittenGirl

Esta es mi primera incursión en al laberinto de Ali Smith donde la salida cada vez parece alejarse más e incluso corremos el riesgo de encontrarnos –horas después- de nuevo en el punto de partida. Como podéis imaginar este es un libro difícil, hasta cierto punto incómodo, muy exigente con el lector. El laberinto de acontecimientos y emociones que aquí se relata no se explica, no se desgrana; Ali Smith va encadenando frases, ideas, un contenido que nosotros tenemos que desentrañar para darle sentido. Pero, ¿y si nada de esto tuviera sentido? Eso es un riesgo que tenemos que correr.

La novela se estructura en tres partes que se corresponden con el inicio, medio y final de la historia. En cada una de las partes el punto de vista se centra en uno de los personajes principales: la madre, su hija, su hijo y su compañero, así como también reserva un lugar a la voz de la misteriosa visita.

En cuanto al argumento, Accidental es la historia de esos accidentes que nos llevan a encrucijadas y cambian el destino de nuestras vidas. Todo comienza con una inesperada y desconocida visita que irrumpe en las vidas, aparentemente corrientes, de cuatro miembros de una familia. Una misteriosa mujer consigue colarse por las rendijas más impenetrables de cada personaje hasta hacer aflorar sus íntimas inquietudes. Mientras pasan el verano en una casa alquilada al este de Inglaterra, Astrid y Magnus, los dos hijos de Eva, irán despertando a una madurez precipitada (cada uno a su manera) de la mano de Ámbar. El matrimonio, formado por Michael y Eva, también verá tambaleada su armonía e iremos conociendo quiénes son en realidad y cuáles son sus mayores debilidades. Eva es una escritora que ha tenido un gran éxito con su primer libro y se encuentra en un momento de bloqueo creador que le hace plantearse su futuro. Michael es un profesor universitario cuyos juegos con los límites de “lo correcto” le llevarán a una situación inestable. Al final, la historia se cerrará en un círculo perfecto (¡cómo me gustan a mí las tramas circulares!) que deja tan desconcertado –pero satisfecho- al lector como cuando empezó a leer este accidente literario.

La temática transita por las preocupaciones principales de una familia pasando, desde el pasado punzante de Eva que la llevará a embarcarse en un largo viaje, hasta el acoso escolar, visto desde la doble perspectiva de Astrid y Magnus. También aparecen mencionados, de manera anecdótica, acontecimientos de actualidad en ese momento (guerra de Irak, soldados) que conviven junto a otros temas como el racismo, la hipocresía o la incomunicación.

Hay un tema que me gustaría mencionar aparte y es el fantasma de “la escritora farsante” o el llamado “síndrome del impostor”. Un tema recurrente cuando hablamos de mujeres escritoras es que, incrédulas de su éxito, no admiten su talento, se cuestionan constantemente. La falta de seguridad no es más que el reflejo del silencio al que estuvieron condenadas tantos siglos o la feroz crítica a la que se veían expuestas si se atrevían a hablar. Cuando por fin se les “permite” escribir, ese sentimiento es difícil de borrar y quedan restos que surgen en forma de duda, de titubeo al llamarse escritoras. Y todo ello lo veremos reflejado en el personaje de Eva.

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Ali Smith (Inverness, 1962) || Imagen: Newstatesman.

La autora nos ofrece párrafos muy descriptivos, palabras llenas de matices (cuando habla del ámbar, el paisaje, los amaneceres que Astrid graba con su cámara). Otros párrafos son una sucesión de ideas o hechos que ya en sí mismos encierran otras historias de las que podrían escribirse novelas, salpicados con continuas referencias literarias (las hermanas Brontë, Lewis Carroll o Agatha Christie). Ahí se ve la riqueza de su lenguaje y de su capacidad narrativa: hay muchos mundos ficcionales posibles en cada frase. El lenguaje evoca el calor del verano, recrea la persistencia de algunos recuerdos, construye la mirada de cuatro individuos respecto de un solo acontecimiento.

Parece que el género es la única cosa segura de esta obra, pero acaba siendo más que una novela, ya que sus hábiles redes alcanzan otros géneros literarios. Así en sus páginas tiene cabida la poesía (la caricatura del soneto para contarnos cómo se siente Michael) e incluso el género periodístico con la entrevista inquisitiva que Eva parece hacerse a ella misma y nos permite conocer sus inseguridades. La particularidad de su estilo que más me ha llamado la atención es la  distancia lector-historia a la que nos somete Ali Smith: somos conscientes en todo momento de que estamos ante una ficción donde la autora mueve los hilos de unos personajes que nos presenta convenientemente aislados, inmersos en sus propios conflictos y preocupaciones.

En definitiva, esta novela nos exige tener todos nuestros sentidos bien despiertos, alerta a cada referencia, a cada gesto. Lo que se dice y lo que se calla, silencios y secretos recorren sus páginas. Debemos atar los cabos, que en este caso son las frases, para descubrir lo que Ali Smith quiere contarnos en esta novela. Esta ha sido mi primera lectura de esta autora pero estoy segura de que no será la última; Girl meets boy y How to be both, ya están entre mis TBR.