Cómo ser personaje femenino en el siglo XIX (2): la mujer salvífica en la literatura.

Después del breve recorrido por la mujer de fin de siglo en el arte, llega el turno de la visión literaria de estos personajes femeninos que representaban una “fuente de salvación” en relación con el protagonista, el hombre. Un ejemplo de ello se encuentra en la mujer de las diferentes obras del Don Juan, ya sea la versión de Molière, Tirso o Zorrilla, especialmente en cómo resuelven el final de este pecador. Bien, dependiendo de la pluma que lo escriba, lo condenan o lo redimen–por obra y gracia de una mujer-.

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¿A quién me toca salvar hoy…? Lady Lilith, Rossetti.

Elvira, en la obra de Molière, se presentará como una dama misericordiosa cuyo amor por don Juan hace que su único objetivo sea la salvación de su amado; para ello, Elvira advierte a Don Juan de la proximidad de su castigo y el destino atroz que le espera si no se arrepiente de sus pecados. El hecho de que estos avisos y la intervención de Elvira no tengan efecto en la salvación de don Juan también aparecía en Tirso, pero será uno de los puntos discordantes con la obra de Zorrilla, Don Juan Tenorio. En Molière la salvación no es una opción, el pecador debe recibir su castigo. Igualmente, las invocaciones de don Juan en El burlador de Sevilla (Tirso de Molina) no merecen clemencia sino justicia divina. En el Don Juan Tenorio, se arrepiente de sus pecados e invoca al Dios de la clemencia. Inés, movida por amor, ofrece a Dios su alma en precio del alma impura de don Juan. O en palabras del propio Zorrilla: “yo corregí a Moliere, a Triso y a Byron, hallando el amor puro en el corazón de don Juan haciendo la apoteosis ese amor a Doña Inés: yo más cristiano que mis predecesores saqué a la escena por primera vez el amor tal como lo instituyó Jesucristo”.

Pero el tema no era nuevo. En La divina comedia, Dante nos ofrece ese elemento-recuerdo de la técnica literaria del dolce stil nuovo-, la salvación del hombre por el amor puro de una mujer. Ya en el Purgatorio, Beatriz misma se hace cargo del poeta, le recrimina su pasado pecaminoso y lo conduce al Paradiso. También en el Fausto de Goethe se da el mismo caso a través de Margarita. Los casos de salvación del pecador por la intercesión del justo son muchos: abundan en la Biblia, en la patrística y en la literatura religiosa medieval. Sin olvidar el Siglo de Oro con El mágico prodigioso donde Justina intercede por Cipriano y le invita a la fe y confianza en el perdón divino.

Como podéis ver, la tradición reserva muy pocos espacios de actuación para las mujeres: o es un elemento pasivo, una santa que solo tiene en mente salvar a su amado, o será una cruel y vengativa arpía que causa sufrimiento al hombre y anula su personalidad. Y esto seguiría siendo así, si únicamente tuviéramos puntos de vista masculinos en la literatura, o el arte en general. Ampliar nuestras lecturas también nos ayudará a ver que hay tantos tipos de mujeres como mujeres existen y, por eso, ninguna tiene que satisfacer este o aquel modelo, sino crecer sabiéndonos libres.

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