Las mujeres que escribió Cervantes.

Y, según yo he oído decir, el verdadero amor no se divide, y ha de ser voluntario, y no forzoso. Siendo esto así, como yo creo que lo es, ¿por qué queréis que rinda mi voluntad por fuerza, obligada no más de que decís que me queréis bien?


Cervantes hizo mucho por nosotros: nos dejó El Quijote, una obra en la que está toda la literatura (fondo y forma), todos los hombres y mujeres, con sus vicios y virtudes, una realidad dibujada sin fronteras que todos reconocemos. Un libro al que recurrir para entendernos mejor, un ejemplo, una ficción que enseña. Cervantes nos muestra lo que las palabras pueden conseguir cuando se usan bien, con pluma magistral y mente abierta, y muy sabia también.

Sus personajes femeninos no son estáticos, ni mujeres de, ni acompañantes, ni mero adorno o sombra. Ellas opinan, deciden, luchan incansables por la libertad. Zoraida, Dorotea, Marcela…¡Ay Marcela! Su intervención en El Quijote no puede ser más clara. En ella no existe el castellano antiguo ni viejo: hay lenguaje directo, universal.

 Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos. Los árboles destas montañas son mi compañía, las claras aguas destos arroyos mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura.

En su breve aparición consigue resumir toda la frustración que sufren las mujeres culpabilizadas injustamente, y lo hace con serenidad y sensatez. La culpan por haber decidió vivir por ella misma, sin molestar a nadie.

El que me llama fiera y basilisco, déjeme como cosa perjudicial y mala; el que me llama ingrata, no me sirva; el que desconocida, no me conozca; quien cruel, no me siga; que esta fiera, este basilisco, esta ingrata, esta cruel y esta desconocida ni los buscará, servirá, conocerá ni seguirá en ninguna manera. Que si a Grisóstomo mató su impaciencia y arrojado deseo, ¿por qué se ha de culpar mi honesto proceder y recato? […] No engaño a éste ni solicito aquél, ni burlo con uno ni me entretengo con el otro. La conversación honesta de las zagalas destas aldeas y el cuidado de mis cabras me entretiene. Tienen mis deseos por término estas montañas, y si de aquí salen, es a contemplar la hermosura del cielo, pasos con que camina el alma a su morada primera.

Don Quijote defenderá totalmente su posición, y juntos nos dan una lección de respeto y humanidad que incluso ahora se olvida con demasiada frecuencia.

Ninguna persona, de cualquier estado y condición que sea, se atreva a seguir a la hermosa Marcela, so pena de caer en la furiosa indignación mía. Ella ha mostrado con claras y suficientes razones la poca o ninguna culpa que ha tenido en la muerte de Grisóstomo, y cuán ajena vive de condescender con los deseos de ninguno de sus amantes, a cuya causa es justo que, en lugar de ser seguida y perseguida, sea honrada y estimada de todos los buenos del mundo, pues muestra que en él ella es sola la que con tan honesta intención vive.

Cervantes seguirá siendo muy necesario todos los abriles, todos los días.

Mi recomendación en El Día del Libro: Americanah, Chimamanda Ngozi Adichie [Pronto en el blog]

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