CÓMO SER PERSONAJE FEMENINO EN EL SIGLO XIX (4): Salomé.

salomé oscar wilde

Salomé, Oscar Wilde (1891)

Salomé es lujuria y fatalidad. O eso es lo que nos han contado. Su nombre significa “la pacífica”, ¡qué ironía!, ¿verdad? Pero muchos hombres la escribieron en los Evangelios, muchos la dibujaron en el siglo XIX, y fue unas veces niña y otras mujer. También marioneta de su madre, bailarina seductora, instigadora del mal. Siempre caprichosa y material. La no mujer porque es fuerza. La no mujer porque es cazadora y no presa. Pecado de mujer.

oscar wilde

Aubrey Beardsley realizó las ilustraciones para la edición de Salomé.

Oscar Wilde, en su obra teatral Salomé, parte de la tradición y de los relatos de los escritores franceses Huysmans (A contrapelo) y Flaubert (“Herodías”) para crear un relato novedoso con numerosos símbolos y referencias que contribuyen a resaltar los atributos destructores de Salomé. Ese simbolismo se asienta en el número tres como expresión de la divinidad y lo abstracto (el proceso creativo) y los colores, que también son tres: el blanco (la luna y su diosa Diana, perversa y destructora), el rojo (sangre, pasión) y el negro (muerte). Hay dos elementos que dialogan entre sí para subrayar el papel secundario de la mujer: por un lado, la dicotomía ver/oír (seducción material (mujer)/intelecto (hombre)) y, por otro lado, la luna, satélite que refleja la luz ajena. En el siglo XIX prospera la concepción de la mujer como excelente actriz, ya que, según defienden, su capacidad para representar es muy superior a su capacidad de creación (ámbito masculino). Esto ya lo encontrábamos en El retrato de Dorian Gray, donde el protagonista se enamora de la actriz y no de la mujer: solo le interesa por su interpretación de Shakespeare. En Salomé los personajes masculinos están mejor configurados frene a los femeninos que son más planos, construidos en función de un modelo, de lo que se espera de ellas.

margarita xirgu

Margarita Xirgu estrenó Salomé en Barcelona (1910)

Para Ortega y Gasset, el comportamiento de Salomé es un ejemplo de femineidad deformada (“No sería mujer Salomé si no necesitase entregar su persona a otra persona; pero, mujer imaginativa y frígida, la entrega a un fantasma, a un ensueño de su propia elaboración.”, “Esquema de Salomé”). Para estos autores, ella es una mujer reprobable, mata-hombres. En definitiva, estas son pruebas suficientes para demostrar que Salomé fue utilizada como arma para castigar a las mujeres, para negar su naturaleza, para coartar su libertad, como también lo fueron Pandora, Cleopatra o Helena de Troya.

salomé danzante moreau

Gustave Moreau, Salomé danzante.

Esta serie de cuatro capítulos ha querido ser una pequeña muestra de los límites impuestos a los que se han enfrentado las mujeres, siempre obligadas a elegir entre la sumisión o la humillación padecida por aquellas que se rebelaban, mujeres culpabilizadas y anuladas. Por desgracia, todavía hoy estos dos roles siguen existiendo y una manera de desterrarlo es promover la coeducación desde el principio, enseñando que hay tantos modelos de mujer como queramos, que hubo otras hermanas primero que permanecen desconocidas pero nos abrieron el camino. Hagamos hueco en los libros a las mujeres viajeras, escritoras, reporteras o científicas porque las nuevas generaciones de chicas y chicos necesitan saber que otro mundo es posible para crecer libres.

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