El mes más cruel, Pilar Adón

Y, mientras, percibían los evidentes cambios en la intensidad de la luz del sol, y los consiguientes, y también evidentes, cambios en la consistencia del aire.

—La rutina siempre tranquiliza.

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El mes más cruel, Pilar Adón. Editorial Impedimenta, 2010.

April is the cruellest month, breeding / Lilacs out of the dead land, mixing / Memory and desire, stirring / Dull roots with spring rain. (T.S. Elliot, 1922)

Fijaos bien en la portada, en lo que transmite esa imagen, la mirada, la apariencia. Es el mejor prólogo para esta colección de relatos. Todo lo que ella transmite, lo reviviremos en cada cuento. Esa cierta sensación inquietante, el frío y la humedad que desprende su rostro, la mirada firme que parece que interpela al lector, lo interroga. Puede que esté huyendo de algo. ¿Qué revelan sus ojos? Una plegaria o quizás miedo. Lo desconocemos, al igual que desconocemos, por mucho que lo intentemos, el significado de los relatos. Llegamos en medio de una historia y la narradora nos coloca ante un conflicto que nace en la parte más íntima de cada personaje. Unos personajes que están en plena huida. Abandonamos la última página con el desconcierto de quien es expulsado de un mundo que estaba empezando a entender. Pilar Adón nos presenta catorce maneras de escapar, las motivaciones y las reacciones del otro, sus parejas o amistades. Entre ellos hay una incomunicación: cada uno está preocupado por sus propios fantasmas o anhelos, de ahí que haya malentendidos, mentiras, conversaciones banales que esconden algo más profundo.

Todo esto consigue la prosa de Pilar Adón, tan sensorial y descriptiva, poética y turbadora. Esto sumado a la abundancia de detalles consigue que nos dejemos llevar, de la mano de la autora, sumergiéndonos en un mundo atemporal, más cercano a la fantasía. Las historias captan un instante y se desvanecen dejándonos sumidos en la incertidumbre. Pero que nadie se alarme, Pilar Adón nos recompensa con un cierre que remite a los cuentos tradicionales: el poema-moraleja que cierra cada relato.

La introducción de Marta Sanz sabe captar muy bien el significado de la colección, aunque ella dude, como yo, como todos, sobre la correcta interpretación de los cuentos, tan crípticos y volátiles. Lo que está claro es que disfrutaremos de una lectura muy estimulante. El tono del volumen es coherente hasta el punto de que incluso parece que no abandonamos el mismo escenario, como si todo sucediera en la misma zona o, al menos, todos contemplaran el mismo paisaje. También comparten la presencia de los libros y el desasosiego que sienten los personajes y consiguen transmitirnos.

A la hora de hablar de cada cuento en particular, he querido destacar, por su originalidad o por la intensidad de lo que describe: “En materia de jardines”, “El infinito verde” y “Noli me tangere”.

  • “El infinito verde” es un cuento muy breve con dos personajes, dos amigas que corren, en un juego de niños, alentadas por un rumor del pueblo. El lenguaje del relato recrea la naturaleza asfixiante que termina atrapando a las protagonistas. Puedes sentir la velocidad de la carrera con las plásticas descripciones de Pilar Adón. Fantasía mitológica de la fusión hombre-naturaleza, con una narración tan delicada que casi puede tocarse.
  • “Noli me tangere”: un relato desagradable porque aquí no ha elementos fantásticos es la realidad de un hombre que acosa a una joven en la estación. Ella arrastra un temor pasado que contribuye a aumenta la tensión que está experimentando y nosotros trascendiendo la posición de observadores, nos contagiamos de esa sensación. El título y las palabras que repite la protagonista son una plegaria: no me toques.
  • “En materia de jardines”: uno de los dos relatos más extensos de la colección. De nuevo dos protagonistas colocadas ante su reflejo. Parece un juego de espejos en el que ambas se miran, sin entender a la otra, preocupadas por sus propios miedos y conflictos. No hay una comunicación fluida y sus conversaciones, banales, importan más por lo que no se dice. Se nota lo incómodas que se encuentran la una con la otra aunque parecen necesitarse porque se complementan.
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Pilar Adón, Madrid, 1971


Un color anhelante, de un tono despejado y transparente. Tan transparente que tendía al ámbar… Pero la mañana concluía y el tiempo avanzaba hacia la tarde y, cuando eso sucedía, el verde empezaba a transformarse. El día se hacía maduro y el verde se hacía maduro de igual forma, adquiriendo entonces un tono más oscuro, más reflexivo. Más sombrío. Finalmente, la noche, como era de esperar, mostraba un verde mortecino. Un verde sabio pero también apagado. Un verde un tanto trágico.

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7 comentarios en “El mes más cruel, Pilar Adón

  1. eibi82 dijo:

    No sé cómo lo haces, que siempre consigues tener las palabras adecuadas para que yo diga “este libro es para mí”. Qué intensidad ya desde la portada! (sobre todo el Noli me pangere, que presiento será de esos que revuelven por dentro). Ni conocía a la autora ni el libro y eso que suelo seguir mucho a la editorial porque publica siempre de lo mejorcito (nuestra querida Penélope y su Librería). Además el formato cuento tradicional me suele gustar bastante… aiins qué manera de ponerme los dientes largos, espero encontrarlo en la biblioteca (mañana toca visita jijij)
    Un besote! ^^

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    • writtengirl dijo:

      Si, desde La librería siempre tengo en mente a la editorial para buscar nuevas lecturas. Hacía tiempo que no leía algo tan tradicional pero a la vez tiene un punto oscuro muy particular. Nada más ver Noli me…ya se viene a la cabeza Nolite te bastardes…vamos bucle de Margaret ^^

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  2. musasensutinta dijo:

    Buena reseña, con lo difícil que es (para mí) reseñar libros de relatos y tú vas y lo haces de una manera tan equilibrada y sugerente. Pilar Adón tiene un estilo muy particular, que puede gustar o no. De ella he leido “Las hijas de Sara” y esta colección de relatos. De todos, el que más me gustó fue el que has citado “El infinito verde” que me fascinó y turbó a partes iguales y del que aún me sigo acordando cuando me adentro en un algún bosque. SAludos!

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