Los hermosos años del castigo, Fleur Jaeggy

improvvisamente, germogli di verde, verdeazzurro
come acqua
sopra quanto è distrutto
sopra quando è distrutto lo splendore –

Laura Pugno.


Hay como una exaltación, leve pero constante, en los años del castigo, en los hermosos años del castigo.

Vuelvo del Appenzell como quien despierta de un sueño largo y pesado. A destiempo. Y es que todo lo que aquí se cuenta está envuelto en un aura de ensoñación de la que es difícil desprenderse. Los hermosos años del castigo (Milán, 1989) comienza con una anécdota literaria y maldita que nos arrastra hasta este internado, situado en un remoto cantón suizo. Leer estas primeras líneas supone caer en el hechizo de Fleur Jaeggy, sin remedio, y dejarse llevar por su prosa oscura y elegante, bajo una aparente sobriedad que solo oculta una pasión reprimida.

Los hermosos años del castigoEsta novela corta cuenta la historia de una muchacha (trasunto de la autora) que rememora sus años de niñez y adolescencia siendo estudiante, en diferentes internados. En concreto, a sus 15 años, su estancia en el Bausler Institut marcará profundamente su recuerdo, no por lo excepcional de su educación, sino por una persona, una compañera llamada Frederique. Estamos ante el relato de la fascinación de la protagonista por otra joven, misteriosa e inalcanzable, sobre las que la autora construye una metáfora de la adolescencia.

La novela está compuesta por escenas de tremenda belleza, dando como resultado una joya literaria, una verdadera obra de arte. Las descripciones del paisaje, la decoración y, sobre todo, la figura de Frederique suponen una sucesión de cuadros. Todo ello da la impresión de que el ritmo se ha detenido, ajeno al mundo, en aquella isla. La reclusión a la que obliga el internado lo convierte en el escenario perfecto para transmitir la intensidad de las emociones que experimenta nuestra narradora. Poco espacio queda para la espontaneidad o la rebeldía, que apenas se añora; cada una de ellas lleva con naturalidad su condición de interna y también de privilegiadas, hijas de grandes familias europeas.

Noté en su mirada una veladura plúmbea y opaca, algo malvado en sus ojos, que a veces me parecían de color índigo, pero que solo eran musgo y pantano.

Los ingredientes que la convierten en una novela tan inolvidable beben también de la estética decadentista que se desarrolló a finales del siglo XIX. Por eso no es de extrañar que nos recuerde a Muerte en Venecia de Thomas Mann o a Brujas, la muerta de Georges Rodenbach. De hecho, en la primera página ya se nombra a Baudelaire, por lo que la inspiración de los poetas malditos no parece casual. El momento en el que me di cuenta de que estaba ante una representación decadentista fue al leer esta frase:

Pensaba en ella como en una medialuna, en un cielo de Oriente. Mientras duermen, les corta la cabeza

¿Luna? ¿Cortar cabezas? ¡Es Salomé! Fleur Jaeggy hace un guiño al mito de Salomé, llevado al teatro por Oscar Wilde, texto en el que se asocia a Salomé con la luna. Por un lado, la Diosa de la Luna era representada como una mujer destructora, atributo compartido con Salomé, la decapitadora. Por otro, el decadentismo, brutalmente misógino, asocia la mujer a la luna porque ambas reproducen un reflejo, lo que apoya su tesis de que las mujeres no son creadoras sino que solo sirven para copiar (por eso son buenas actrices). Ejem.

fleur jaeggy

Fleur Jaeggy (Zurich, 1940)

Luego, se fueron revelando el resto de referencias decadentistas:

  • El tópico de la ciudad muerta como expresión del ánimo del personaje. La propia narradora hace continuas alusiones a la vejez (de sus manos) a las ruinas o a la muerte. Lo mismo ocurría en Venecia (la peste) o en Brujas (ciudad vacía).

Una doble imagen, anatómica y antigua. En una, corre y ríe, y en la otra yace en una cama, cubierta por un sudario de encaje. Su misma piel lo ha bordado.

  • Hiperestética: el decadentismo surge como oposición al materialismo naturalista. De ahí la exaltación de la belleza, el arte como estilo de vida. Esto pide un lenguaje ágil pero pausado que recuerda a la poesía. Las novelas pasan a ser estudios estéticos y de emociones. Así ocurrirá con Los hermosos años del castigo, al igual que en su tiempo con Del revés de Huyssmans o La Quimera de Emilia Pardo Bazán (sí, Doña Emilia también se dejó cautivar por la tendencia decadentista).
muerte-en-venecia-impresionismo1

Muerte en Venecia, Visconti. Un cuadro en movimento.

Me parecía que su expoliación era un ejercicio espirtual, estético. Solo un esteta puede renunciar a todo.

  • La idealización de la mujer como un ser espiritual con el que no hay contacto físico. Frederique es esa idealización con un toque trágico; juntas comparten paseos, reflexiones precisamente sobre la estética, siempre contenidas, sin expresar sus sentimientos.

Desde lejos veo a Frederique, no tocada por la felicidad de las chicas y por la alegría. Frederique tiene la vista baja sobre un libro.

Esta inspiración no resta un ápice de originalidad al texto de Jaeggy, al contrario, pues la escritora recrea una emoción y un lugar con un lenguaje tan elegante y evocador que la convierte en una novela única. Además, si en los decadentistas sus planteamientos rozaban límites enfermizos, aquí en cambio todo fluye de manera más natural, sin tantas imposturas. Cada escena es un conjuro que invoca la belleza.

Y no desvelo más. Disfrutad sus 117 páginas hermosas. En otoño volveré a buscar más libros de Fleur Jaeggy.

 


Nunca hablamos de la guerra ni de la destrucción de su ciudad, luego resurgida. La pequeña bailarina nocturna había crecido, pues, sobre las ruinas.

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4 comentarios en “Los hermosos años del castigo, Fleur Jaeggy

  1. eibi82 dijo:

    ¡Cada vez alucino más con tus reseñas!
    Madre mía pero qué evocador todo!!,..será que aún tengo tan reciente El asesino ciego, pero últimamente no hago más que fijarme en esos libros llenos de recuerdos…

    Me ha parecido muy interesante las referencias decadentistas que mencionas, como a través de esos elementos nos vas descubriendo los temas principales de la novela y con todas estas referencias a otras obras…(por supuesto Doña Emilia siempre haciendo guiños jijij)
    Muerte en Venecia la leí hace tiempo y me gustó un montón, la película de Visconti no la he visto -apuntada queda- pero esa foto de la peli, es precioso!

    Últimamente, Autora que no conozco y presentas, autora que me apunto sin dudar… ¡Qué descubrimientos tan top! si cuando yo te digo que eres una de las #bloguerasdespertadoras … ^_^
    Fleur Jaeggy se viene conmigo ya, miraré en la biblio a ver si está y con suerte la coloco entre los tochos de este verano …
    Aiiins pero que gustazo leerte y pasar por aquí, Emma!
    Un besote!

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    • writtengirl dijo:

      Mira que hacía un año que la tenía en pendientes y siempre acababa olvidándome de ella. Este libro es maravilloso para quedar atrapada por Fleur Jaeggy y me parece perfecto para el verano; tiene un aire así como de hora de la siesta y la calma, muy evocador sí 🙂 Gracias por leerme tan bien, ya sabes que la admiración es mutua <3, pero todo es por el libro que consigue transmitir mucho.
      Seguro que viene genial entre tocho y tocho porque es muy cortito. Y la peli de Visconti es muy estética y esta foto me pareció tan bonita que casaba genial con las escenas que te imaginas en el libro (aunque en vez de playa sea montaña).

      (no pierdo ocasión de nombrar a Emilia jaja)
      ¡Un abrazo!

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