Los hermosos años del castigo, Fleur Jaeggy

improvvisamente, germogli di verde, verdeazzurro
come acqua
sopra quanto è distrutto
sopra quando è distrutto lo splendore –

Laura Pugno.


Hay como una exaltación, leve pero constante, en los años del castigo, en los hermosos años del castigo.

Vuelvo del Appenzell como quien despierta de un sueño largo y pesado. A destiempo. Y es que todo lo que aquí se cuenta está envuelto en un aura de ensoñación de la que es difícil desprenderse. Los hermosos años del castigo (Milán, 1989) comienza con una anécdota literaria y maldita que nos arrastra hasta este internado, situado en un remoto cantón suizo. Leer estas primeras líneas supone caer en el hechizo de Fleur Jaeggy, sin remedio, y dejarse llevar por su prosa oscura y elegante, bajo una aparente sobriedad que solo oculta una pasión reprimida.

Los hermosos años del castigoEsta novela corta cuenta la historia de una muchacha (trasunto de la autora) que rememora sus años de niñez y adolescencia siendo estudiante, en diferentes internados. En concreto, a sus 15 años, su estancia en el Bausler Institut marcará profundamente su recuerdo, no por lo excepcional de su educación, sino por una persona, una compañera llamada Frederique. Estamos ante el relato de la fascinación de la protagonista por otra joven, misteriosa e inalcanzable, sobre las que la autora construye una metáfora de la adolescencia.

La novela está compuesta por escenas de tremenda belleza, dando como resultado una joya literaria, una verdadera obra de arte. Las descripciones del paisaje, la decoración y, sobre todo, la figura de Frederique suponen una sucesión de cuadros. Todo ello da la impresión de que el ritmo se ha detenido, ajeno al mundo, en aquella isla. La reclusión a la que obliga el internado lo convierte en el escenario perfecto para transmitir la intensidad de las emociones que experimenta nuestra narradora. Poco espacio queda para la espontaneidad o la rebeldía, que apenas se añora; cada una de ellas lleva con naturalidad su condición de interna y también de privilegiadas, hijas de grandes familias europeas.

Noté en su mirada una veladura plúmbea y opaca, algo malvado en sus ojos, que a veces me parecían de color índigo, pero que solo eran musgo y pantano.

Los ingredientes que la convierten en una novela tan inolvidable beben también de la estética decadentista que se desarrolló a finales del siglo XIX. Por eso no es de extrañar que nos recuerde a Muerte en Venecia de Thomas Mann o a Brujas, la muerta de Georges Rodenbach. De hecho, en la primera página ya se nombra a Baudelaire, por lo que la inspiración de los poetas malditos no parece casual. El momento en el que me di cuenta de que estaba ante una representación decadentista fue al leer esta frase:

Pensaba en ella como en una medialuna, en un cielo de Oriente. Mientras duermen, les corta la cabeza

¿Luna? ¿Cortar cabezas? ¡Es Salomé! Fleur Jaeggy hace un guiño al mito de Salomé, llevado al teatro por Oscar Wilde, texto en el que se asocia a Salomé con la luna. Por un lado, la Diosa de la Luna era representada como una mujer destructora, atributo compartido con Salomé, la decapitadora. Por otro, el decadentismo, brutalmente misógino, asocia la mujer a la luna porque ambas reproducen un reflejo, lo que apoya su tesis de que las mujeres no son creadoras sino que solo sirven para copiar (por eso son buenas actrices). Ejem.

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Fleur Jaeggy (Zurich, 1940)

Luego, se fueron revelando el resto de referencias decadentistas:

  • El tópico de la ciudad muerta como expresión del ánimo del personaje. La propia narradora hace continuas alusiones a la vejez (de sus manos) a las ruinas o a la muerte. Lo mismo ocurría en Venecia (la peste) o en Brujas (ciudad vacía).

Una doble imagen, anatómica y antigua. En una, corre y ríe, y en la otra yace en una cama, cubierta por un sudario de encaje. Su misma piel lo ha bordado.

  • Hiperestética: el decadentismo surge como oposición al materialismo naturalista. De ahí la exaltación de la belleza, el arte como estilo de vida. Esto pide un lenguaje ágil pero pausado que recuerda a la poesía. Las novelas pasan a ser estudios estéticos y de emociones. Así ocurrirá con Los hermosos años del castigo, al igual que en su tiempo con Del revés de Huyssmans o La Quimera de Emilia Pardo Bazán (sí, Doña Emilia también se dejó cautivar por la tendencia decadentista).
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Muerte en Venecia, Visconti. Un cuadro en movimento.

Me parecía que su expoliación era un ejercicio espirtual, estético. Solo un esteta puede renunciar a todo.

  • La idealización de la mujer como un ser espiritual con el que no hay contacto físico. Frederique es esa idealización con un toque trágico; juntas comparten paseos, reflexiones precisamente sobre la estética, siempre contenidas, sin expresar sus sentimientos.

Desde lejos veo a Frederique, no tocada por la felicidad de las chicas y por la alegría. Frederique tiene la vista baja sobre un libro.

Esta inspiración no resta un ápice de originalidad al texto de Jaeggy, al contrario, pues la escritora recrea una emoción y un lugar con un lenguaje tan elegante y evocador que la convierte en una novela única. Además, si en los decadentistas sus planteamientos rozaban límites enfermizos, aquí en cambio todo fluye de manera más natural, sin tantas imposturas. Cada escena es un conjuro que invoca la belleza.

Y no desvelo más. Disfrutad sus 117 páginas hermosas. En otoño volveré a buscar más libros de Fleur Jaeggy.

 


Nunca hablamos de la guerra ni de la destrucción de su ciudad, luego resurgida. La pequeña bailarina nocturna había crecido, pues, sobre las ruinas.

Mis lecturas del “Adopta” (Ginzburg, Némirovsky, Byatt y Atwood)

A lo largo de estos meses de vida del proyecto Adopta una autora, he ido descubriendo nuevas autoras, pero al mismo tiempo también se encendía, de vez en cuando, una señal de atención ante escritoras que he ido posponiendo desde hace años, animándome a que les diera por fin una oportunidad. Aquí están recopiladas las lecturas elegidas y mi opinión sobre ellas. Ya os adelanto que todas han sido geniales lecturas y no han hecho más que confirmar lo que ya sospechaba: estamos rodeadas de escritoras fantásticas, invisibilizadas sí, pero ya nunca más olvidadas. ¿Quién más se ha animado a elegir lecturas guiándose por Adopta? Si no sabéis que leer este verano siempre podéis dar una vuelta por su web.

 

Y esto fue lo que pasó, Natalia Ginzburg o la eterna pendiente. Y os podéis preguntar, ¿cómo una lectora insaciable de Carmen Martín Gaite pudo obviar las referencias a la Ginzburg? Sí. Hace años atravesé una fase Martín Gaite lo que significa que me leía todo lo que hubiera escrito (os recomiendo Entre visillos y Usos amorosos de la posguerra española) y esta escritora menciona a Gizburg en sus obras y yo lo veía y seguía dejándola en “pendientes” (¡MAAAL!). Después de leer las entradas de Raquel decidí que ya estaba bien, era el momento de leerla. Me he estrenado con su segunda novela, un texto confesional, breve y sin embargo suficiente para dar prueba de lo excelente narradora que es. Te envuelve entre la cotidianidad y la profunda reflexión psicológica con la que retrata a cada personaje y va directa al fondo de las frustraciones, construyendo un relato melancólico donde los sentimientos estallan (desde el inicio). Recordatorio: repetir pronto la experiencia con Naty siguiendo las sugerencias de El momento de Raquel.

*

El baile, Irène Nemirovsky. De nuevo otra obra primeriza y juro que no fue intencionado: la casualidad me fue llevando a cada libro. Encontré esta pequeña novela en una librería de segunda mano, con el radar de autoras siempre encendido. Hace un año ni siquiera hubiera reparado en ella, pero entonces ya tenía en mente las entradas de Pilar, esa fascinante biografía que recoge en su blog de esta escritora discreta. Bajo esa apariencia se esconde una narración incisiva y directa, con mucha fuerza. El hecho de que sea una novela corta es el medio perfecto para condensar la tensión de la familia protagonista. Unos personajes insufribles, llenos de complejos y guiados de manera egoísta hacia un baile nada convencional. Su retrato da en los puntos clave de tal forma que acabaremos poniéndonos en la piel de cada uno. Aquí os dejo el enlace a la reseña completa en el blog de Pilar.

 

El libro negro de los cuentos, A. S. Byatt. Esto va a ser difícil de explicar. Mientras leía “Una mujer de piedra” iba sintiendo un poco de ansiedad, me abrumaba de tal manera que tenía que parar de leer y así un solo relato me duró varios días. En cada lectura sufría un pequeño stendhalazo ante la belleza de lo que me estaban describiendo. El cuento trata sobre la transformación física de una mujer en piedra, una metamorfosis que arraiga en la mitología islandesa. Nos explica cada leve cambio con tal minuciosidad, reparando en la textura o el color con tal precisión que sentimos cada descripción como si la estuviéramos viviendo ante nuestros ojos. Nunca había leído nada parecido, con esa calidad en el lenguaje y tan palpable. Y eso solo con uno de los relatos, que ya se ha convertido en mi preferido. El resto de la colección es redonda. Los relatos están conectados por la muerte y la literatura, el maravilloso y misterioso arte de contar, de crear mundos con las palabras como hace la propia Byatt (o Antonia, como me gusta llamarla, porque ya es parte de esta casa). Y no sé si acabaré haciendo un comentario más extenso por que cada uno de ellos tiene muchísima miga (reflexión en voz alta). Para dejaros fascinar por esta mujer, podéis echar un vistazo a la biografía realizada por El bosque de Marbaden.

*

La mujer comestible, Margaret Atwood. ¿Quién no ha deseado salir corriendo (literal) ante una situación incómoda? Y hemos reprimido el impulso. Marian, no. Ella huye de todas las formas posibles, con su mente y con su cuerpo. Ese cuerpo que revela la ansiedad de una joven que se siente atrapada. Pero, ¿qué podía esperar una chica en esa época? Buscar un trabajo anodino y provisional hasta que llegara ÉL, se casaran y todo se arreglara. ¿Y si el matrimonio tampoco soluciona nada? Margaret Atwood reflexiona sobre la situación de las mujeres en los 70, antes de la explosión de los feminismos, a través de metáforas y esa fina ironía que tantas alegrías nos da. Marian experimentará una transformación a lo largo de todo el libro: dejará de comer carne y otros alimentos, se dejará llevar por Duncan, un joven narcisista; y todo narrado con una precisión que nos hace sentir asco como ella, incluso masticar con ella. Se nota que Margaret es hija de una entomólogo y una nutricionista: en esta obra fusiona las dos disciplinas. Es una narración que va desde el estómago a la mente tan increíble que decidí volver a releerla este año cuando ha sido adoptada por @Eibi82 en Ajuste de Letras, ¡y no podía tener mejor representante! Si seguís sus entradas, ¿acaso alguien puede resistirse a no probar una y otra vez la droga atwoodiana?

Por eso, no dudéis ni un minuto en comenzar a leer autoras adoptadas o cualquier escritora que os llame la atención porque no quiero que os perdáis la satisfacción lectora que producen. Solo así podremos cambiar la situación literaria actual, dominada por los hombres (atrincherados en sus cómodos sillones del canon), mientras las mujeres trabajan incansables, con todo en contra, por ofrecernos unos textos maravillosos que a menudo quedan olvidados.

 

Las fichas de mis autoras adoptadas: Emilia Pardo Bazán y Zadie Smith.

chicas leyendo playa

Life vía Women Reading

Los hombres me explican cosas, Rebecca Solnit

La violencia doméstica, el mansplaining, la cultura de la violación y el derecho sexual están entre las herramientas lingüísticas que redefinen el mundo con el que muchas mujeres se encuentran cotidianamente y abren el camino para comenzar a cambiarlo.


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Traducción de Paula Martín · Capitán Swing, 2016.

[*En esta entrada confluyen mis impresiones después de leer el libro de Rebecca Solnit, su mensaje y cómo este dialoga con diversos fragmentos de las reflexiones de la socióloga y feminista Charlotte Perkins Gilman, nacida en 1860]

El mansplaining es la punta del iceberg. Es el primer paso para silenciar a las mujeres, para minar su confiaza. Y así aislarlas hasta que desaparezcan sus voces. Un desprecio hacia la opinión de las mujeres que ya vienen denunciando escritoras a lo largo de los siglos. Por eso Rebecca Solnit nos explica su Virginia Woolf o relee a Susan Sontag. Por eso es importante escuchar a las que nos precedieron.

When women suggest that it could be done differently, their proposal is waved aside -they are “only women” -their ideas are “womanish”. [En The Man-Made World]

Lo que nos cuenta Solnit no nos es ajeno ya que estamos acostumbradas a que la opinión masculina sea siempre la de los expertos, la que hay que escuchar y respetar; la voz canónica y profesional, ¿incuestionable?. Por supuesto que la tenemos que cuestionar pero es bien difícil hacerlo cuando te han ridiculizado o amenazado por defender tus ideas; cuando han eliminado toda influencia femenina en la historia, dejándote desarmada.

Fiction, under our androcentric culture, has not given any true picture of woman’s life, very little of human life, and a disproportioned section of man’s life. [En The Man-Made World]

Primero fue Casandra, la representación perfecta de cómo destruir la credibilidad de las mujeres. “Las mujeres son mentirosas por naturaleza.” Ahora repítelo una y otra vez hasta que se convierta en la norma. Luego está esa manía de tergiversar las palabras de las mujeres; no aceptar el no. El no que es porque nuestra opinión no cuenta. Sabemos que esto no nace de un día para otro. La educación y aleccionamiento al que nos someten ha surtido su fruto durante demasiados siglos, no grites, cierra las piernas, busca siempre la aprobación masculina. Deja que crezca esa costra monstruosa de inseguridad alrededor de tu libertad.

This ultra lilltleness and ultra femaleness has been demanded and produced by our Androcentric Culture. [En The Man-Made World]

ana teresa fernández

“Telaraña”, Ana Teresa Fernández. Cuadro al que Solnit hace referencia en su artículo “Abuela araña”.

We have a world wherein men, industrially, live in the twentieth century; and women, industrially, live in the first -and back of it. [En The Man-Made World] 

Después llega la invisibilización física: el velo, relegarnos al espacio del hogar. Allí donde nadie nos ve, ni nos escucha. Y que no se te ocurra quejarte o defender tus derechos. Serás una histérica. Maldita palabra que ya en su significado no puede ser más machista. Silenciar también se consigue aislando. Una mujer sin referencias, sin árbol genealógico femenino está sola. De ahí que se elimine la influencia de las mujeres artistas. Si todo esto no sirve y ellas acaban descubriendo su genealogía, y junto a otras defienden sus derechos en las redes sociales, llegarán las críticas y las amenazas que solo son otra manera de decir CÁLLATE.

Harriet Martieau must conceal her writing under her sewing when callers came, because “to sew” was a feminine verb, and “to write” a masculine one. Mary Someville must struggle to hide her work from even relatives, because mathematics was a “masculine” pursuit. [En Women and Economics]

El mansplaining es el resultado de una  educación que da el poder a los hombres y el descrédito a las mujeres, relegadas a un plano secundario. Pero solo es el principio. Las agresiones hacia las mujeres buscan su silencio y sumisión. Una mujer que tiene miedo a salir por la noche o a viajar sola es vulnerable. Vulnerable, vulnerable y vulnerada hasta llegar a la forma más extrema de anulación: el asesinato.

A woman, a spaniel, and a walnut-tree –the more you beat ‘em, the better they be. [Handbook of Proverbs of All Nations, en Women and Economics]

rebecca solnit elle

Rebecca Solnit (San Francisco, 1961) · Elle

Los hombres me explican cosas es una colección de ensayos sobre todas las maneras que existen de invisibilizar y anular a las mujeres en nuestra sociedad; Solnit se apoya en ejemplos mitológicos e históricos, en anécdotas de su vida personal y en terribles sucesos recientes para denunciar esta condena del silencio, degradante y violenta. Sin embargo, frente a los continuos obstáculos que nos limitan, permanece la esperanza. La esperanza de la lucha y la revolución que es el feminismo. Por eso, entre novelas con historias apasionantes, resulta muy estimulante introducir ensayos feministas de este tipo que nos recuerdan las lagunas de nuestro conocimiento y nos dan las armas necesarias para cambiar nuestro futuro y defender nuestra libertad.


“Sus demandas de liberación de la mujer no eran únicamente el que pudiesen realizar parte de las tareas institucionales que hacían los hombres, sino el tener total libertad para vagabundear, geográfica e imaginariamente”, Virginia Woolf.

Emilia Pardo Bazán | Cómo ser mujer en el siglo XIX (3)

LOS PAZOS DE ULLOA Y EL MACHISMO

La verdad es que el archivo había producido en el alma de Julián la misma impresión que toda la casa: la de una ruina, ruina vasta y amenazadora, que representaba algo grande en lo pasado, pero en la actualidad se desmoronaba a toda prisa.


En su último viaje a París, Doña Emilia asiste, como es costumbre, a tertulias en las que coincide con escritores y aristócratas franceses y rusos. Es entonces cuando empieza su fascinación por la literatura rusa, por sus tramas monumentales, por sus personajes. Con todo eso en la cabeza vuelve a su tierra para retratar sobre el papel la realidad que mejor conoce: la sociedad gallega. Así nace Los pazos de Ulloa (1886), una de las novelas más importantes de nuestra literatura.

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#DoñaEmiliaRocks

Se la conoce como la novela naturalista por excelencia, pero las ideas preconcebidas están para romperlas, ¿no?. No solo hay naturalismo en Los pazos, sino que es una novela social con una reflexión psicológica profunda y una combinación de estilos innovadora. Y todavía puedo fangirlear más: es la novela que mejor ha envejecido de todas las escritas en el siglo XIX. Palacio Valdés dijo que “estas mujeres que se meten a hombres no logran pasar de los veinte años”, refiriéndose a la propia Emilia. Perdona, pero estas mujeres son inmortales y llegan incombustibles hasta hoy gracias a sus obras (otros escritores no pueden decir lo mismo, y no miro a nadie, Armando).

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El tema principal es la decadencia de la novela rural, tema que convive con otros como la política (caciquismo), la religión (siempre benevolente con el clero) y la situación de las mujeres. Emilia Pardo Bazán crea unos personajes que parecen saltar de las páginas, rodeados de descripciones tan vibrantes, llenas de matices, en continuo movimiento. Es una novela dinámica, con un ritmo que se va acelerando especialmente al llegar al final, mientras contenemos la respiración. La trama se va desarrollando ante tus ojos y no puedes más que dejarte atrapar por la absorbente naturaleza gallega.

Sí encontramos naturalismo en la observación minuciosa de la realidad y la contraposición de la civilización frente a lo primitivo y rural. También en las descripciones fisiológicas: el parto, amamantar, la fiereza de excesos como el alcohol. Sin embargo, ese realismo se distorsiona con la presencia de sueños y alucinaciones que reflejan los verdaderos temores de los protagonistas. La crudeza y la magia, la religión y los conjuros viven en los pazos de Ulloa, ese edificio que es ruina física y espiritual. Una ruina tétrica, donde la violencia prevalece.

Sintió [Nucha] también que le asían las manos otras manos despojadas de carne, consuntas, amojamadas y momias; comprendió que la guiaban hacia el estrado, y que le ofrecían uno de los sitiales; y apenas se hubo sentado en él, conoció con terror que el asiento se desvencijaba, se hundía; que se largaba cada pedazo de sitial por su lado sin crujidos ni resistencia; y con el instinto de la mujer encinta, se puso de pie, dejando que la última prenda de esplendor de los Limiosos se derrumbase en el suelo para siempre…

Vale, mucho estilo pero ¿de qué va todo esto? Pues comienza con la llegada de un joven cura, Julián, a la aldea donde se encuentran los Pazos, propiedad del marqués, Pedro Moscoso. Allí el verdadero poder lo ejerce Primitivo, con amenazas y violencia. En toda esa barbarie crece el pequeño Perucho, hijo bastardo del marqués y su criada Sabel, que a su vez es hija de Primitivo. Vemos que este es un círculo cerrado –ya leeremos hasta qué punto-. Pedro cree que ha llegado el momento de buscar esposa y junto a Julián viaja a casa de sus primas. Elige a Nucha, la de apariencia más frágil y pura porque su mujer debía ser “limpia como un espejo” (y él, tremendo salvaje; peligrosa combinación). Nucha experimentará un completo infierno en un lugar que le es tan hostil como podamos imaginar.

Mary Lee Breetz sentencia que “estamos ante el primer estudio del machismo en la literatura española”. Pues bien, en mi última relectura he querido centrarme en este aspecto. Conclusión: es increíble la cantidad de escenas y alusiones a la violencia sobre las mujeres.

Esta es la primera vez que se refiere al maltrato:

Sabel, tendida en el suelo, aullaba desesperadamente; don Pedro, loco de furor, la brumaba a culetazos; en una esquina, Perucho, con los puños metidos en los ojos sollozaba. […]¡Perra…, perra…., condenada…, a ver si nos das pronto de cenar, o te deshago!

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Victoria Abril en el papel de Nucha. Versión de Gonzalo Suárez (1985).

Más adelante, será Perucho quien describa la violencia: El niño recordó entonces escenas análogas, pero cuyo teatro era la cocina de los Pazos, y las víctimas su madre y él. Cuando Perucho acuna a la nené (la recién nacida) le cuenta una historia cuyo protagonista es presentado así “el malo bribón del rey quería comerla, porque era el coco, y tenía una cara más fea, más fea que la del diaño”. […] “Y va el pagarito (Perucho) y con el bico le saca un ojo, y el rey queda chosco [tuerto]”. Es un ejemplo de un niño que presencia y sufre maltrato en su hogar.

Luego vendrán las amenazas de Pedro hacia Nucha: “soy capaz de romperle una costilla si me desobedece (si no da a luz a un niño). Y luego ella experimentará un maltrato físico (del que no somos testigos):

en las muñecas de la señora de Moscoso se percibía una señal circular, amoratada, oscura…

y psicológico, que se percibe en su continuo malestar, la excesiva obsesión con su hija, su enfermedad. Lo que unos llaman histeria yo lo llamo miedo de una mujer maltratada:

Quiero marcharme. Llevarme a mi niña. Volverme junto a mi padre. Para conseguirlo hay que guardar secreto. Si lo saben aquí, me encerrarán con llave, me apartarán de la pequeña. La matarán. […] Yo tengo miedo en esta casa.

El sufrimiento de Nucha es insoportable para ella, para Julián y para todos los espectadores de esta historia de brutalidad hacia las mujeres. (Preparaos para querer arrancar cosas, tirar cosas, entrar a salvar a los protagonistas, etc). Y Doña Emilia lo utiliza para denunciar la educación de las mujeres y la incomprensión de la sociedad.

Si todavía no os habíais acercado a Los pazos de Ulloa por temor soporífero, sabed que aquí no hay descripciones infinitas de 400 páginas ni alardes académicos. Esta es una historia apasionante, testimonio de una época, narrada tan magistralmente por la pluma de mi querida Doña Emilia. El final deja nuestro interés en un punto tan alto que solo podrá satisfacerse con la lectura de la segunda parte, La madre naturaleza.

Fuentes consultadas: 

Acosta, Eva: Emilia Pardo Bazán. La luz en la batalla. Biografía. Lumen, Barcelona, 2007.

Bravo-Villasante, Carmen: Vida y obra de Emilia Pardo Bazán, Revista de Occidente, Madrid, 1962.

[La cita de Mary Lee Bretz estaba en mis apuntes pero no pude encontrar la referencia concreta.]

*Esta entrada forma parte del proyecto “Adopta una autora” para la visibilización de las escritoras. 


Próxima entrada (julio): Emilia Pardo Bazán: “Guía de lectura”.

Las chicas, Emma Cline

Guy no había interesado tanto a la prensa, no era más que un hombre haciendo lo que los hombres llevan haciendo toda la vida, pero a las chicas las convirtieron en algo mítico.


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La idea de este blog es compartir las lecturas que más me han fascinado, tanto de mis escritoras favoritas como de las que voy descubriendo. De ahí que dudara a la hora de escribir –y publicar- sobre Las chicas, un libro que me ha provocado sensaciones contradictorias. La verdad es que no me ha gustado mucho, pero debo admitir que su mérito está en el debate que ha suscitado entre los lectores y creo es interesante destacar aquí los temas que plantea, a partir de varios fragmentos. Dos son los puntos fuertes, en mi opinión, de la novela de Emma Cline; por un lado, el estudio de la adolescencia femenina, las inseguridades de una joven y sus anhelos vistos desde la perspectiva de su yo adulto que reflexiona sobre las decisiones que tomó a sus trece años; y por otro, el lenguaje tan evocador y descriptivo, muy cinematográfico, que nos lleva directamente a la década de los 60 y transmite a la perfección el ambiente de la época, tal y como recordamos haber visto en las películas.

Esperaba que alguien me dijese qué había de bueno en mí. Más tarde me pregunté si sería por eso por lo que había muchas más mujeres que hombres en el rancho. Todo el tiempo que había dedicado a prepararme, esos artículos que enseñaban que la vida no era más que una sala de espera, hasta que alguien se fijara en ti… Los chicos habían dedicado ese tiempo a convertirse en ellos mismos.

Se echan en falta en la novela más párrafos como este. Los momentos en los que la protagonista reconoce el poder de su cuerpo para conseguir su ansiada atención son más abundantes que los que cuestionan la presión que tienen que soportar las chicas adolescentes injustamente. Y es que, siendo consciente de la subjetividad de lo que voy a decir, creo que ya sabemos que en la adolescencia somos muy vulnerables y que la falta de atención de padres o amigos causa actos de rebeldía con los que se corren más o menos riesgos. Aunque no se haya hablado mucho de la adolescencia femenina desde el punto de vista de una mujer, la autora no nos aporta nada nuevo al relato ya conocido. Creo que son más necesarias historias que ofrezcan otros modelos posibles de adolescencia, que den seguridad a las chicas que los lean o que propongan una reflexión más profunda; que no nos despisten de la misma manera que se ha hecho siempre: haciendo que los hombres no sean protagonistas pero luego resulta que sí.

La bofetada debería haberme puesto más alerta. Como quería que Russell fuera bueno, lo era. Como quería estar cerca de Suzanne, me creía todo lo que me permitiera estar allí. Me decía a mi misma que había cosas que no comprendía. Recuperaba las palabras que había oído decir a Russell y les daba la forma de una explicación. A veces tenía que castigarnos para mostrarnos su amor.

Emma Cline Bertran

Ahora ya puestas unas gafas más objetivas, creo que hay cabos sueltos en el relato. La admiración que siente Evie por Suzanne, como concepto, me parece de lo más acertada. Sin embargo, en la novela, no está realmente justificado por qué Evie siente esa adoración por su compañera. La autora nos atrapa con descripciones tan originales y sensoriales como esta:

La sonrisa de Suzanne, que floreció dentro de mí como pirotecnia, esparciendo su humo de colores, sus cenizas errantes y hermosas.

¿De dónde sale toda esa pirotecnia? ¿Es su pelo? ¿La indiferencia? ¿Los efectos de una droga? Inevitablemente percibo que esto no es suficiente para creerme la relación entre ellas. O quizás sea el misterio que provoca Suzanne lo que quiera trasmitir Emma Cline con esas omisiones. Al fin y al cabo, es la autora la que nos indica lo que debemos pensar de los personajes.

Luego está el punto de vista, desdoblado en las voces de la Evie adolescente y la adulta. Las opiniones de la adolescente sobre sus actos siempre están condicionadas por la mirada de la Evie adulta así que acaba siendo un punto de vista único sin una evolución real. Un ejemplo de cómo mostrar el punto de vista adolescente y las reflexiones posteriores sin que se solapen está en Daniela Astor y la caja negra (Marta Sanz), novela de la que ya os hablé aquí.  Creo que tiene todo lo que le falta a Las chicas.

De cualquier manera, el aparato publicitario ha creado unas expectativas, en mi caso, no cumplidas. La morbosidad del clan Mason y el eslogan feminista han resultado ser la receta perfecta del éxito de la novela. Puede que Mason o los hombres no sean el protagonista pero está claro que la sombra masculina tiene una influencia enorme sobre las chicas que aquí conocemos. A pesar de que habla de los años 60, la Evie actual también verá en Sasha repetido su comportamiento de esa época:

Ya debía de haberlo perdonado por dejarla tirada. A las chicas se les daba bien colorear esos decepcionantes espacios en blanco.

Si trasladaramos a Sasha al 2016 ¿seguiría viendo su comportamiento perpetuado? Seguramente sí porque lamentablemente las cosas no han cambiado mucho. Y yo me pregunto, al menos en la literatura, como arma cargada de futuro ¿es que no hay otro mundo posible? Tengo claro que necesito otra literatura, una alternativa que aporte esperanza y muestre una manera diferente de hacer las cosas. Con todo, no descarto que Emma Cline pueda sorprenderme más positivamente en sus próximos trabajos. Who knows?

Nawal El-Saadawi + recomendaciones

La esperanza es poder. En prisión, bailaba para animarme. Nunca me he rendido. Pero lo que más me preocupa de Egipto es lo mismo que me inquieta del resto del mundo. No es posible separar lo local de lo global. Vivimos en un único mundo, no en tres, y está dominado por el mismo poder capitalista, patriarcal y religioso.


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Cuando era pequeña, me fascinaba Egipto y su cultura; me rodeaba de libros sobre la Época Antigua, históricos o de ficción. Lo que tenían en común era que siempre contaban la historia de los hombres. Entonces llegó Nawal El-Saadawi (1931), una mujer brillante y valiente que, en sus obras, relata las dificultades de una chica joven egipcia en una sociedad patriarcal. En un país en el que las mujeres permanecen ocultas ella decide hablar. Nawal El-Saadawi se rebela ya desde niña al cortarse el pelo, después al elegir estudiar Medicina y ejercerla en un mundo de hombres. Luego vendrán cargos políticos, directora de Salud Pública o consejera de la ONU para el programa Mujeres en África, pero sus opiniones resultan incómodas y acabará en la cárcel. Nada consiguió cambiar o suavizar su discurso; en vez de eso la represión y la censura la impulsaron a seguir con sus reivindicaciones y su activismo contra la mutilación genital femenina (que ella misma padeció). Sus palabras y su vida son un ejemplo de lucha por los derechos de las mujeres.

En Memorias de una joven doctora nos encontramos un texto autobiográfico cuyos episodios centrales vienen acompañados de una carga emocional que le aporta una matiz muy íntimo. Habla directamente al lector, pero casi parece que dialoga consigo misma para poner en orden sus recuerdos y contradicciones. El-Saadawi creció en una familia conservadora donde su hermano era el centro y ella, más inteligente y capaz, tenía que resignarse a un segundo plano, recatado e inmóvil. Sin embargo, ella no podía parar. En su relato el cuerpo va a tener un protagonismo fundamental; a través de él observamos las diferencias que la cultura ha impuesto a los chicos y a las chicas, y la mirada de una joven doctora sobre los cuerpos muertos, frágiles, donde el hombre aparece desprovisto de poder.

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Memorias de una joven doctora, Lumen (2006).

El enfrentamiento con el mundo que la rodea la lleva a apartarse de él y buscar refugio en una zona rural. Este aislamiento no arreglará su conflicto entre el cuerpo y sus ideas y tendrá que ir superando nuevos obstáculos. Ella es mujer y doctora lo que dificulta ganarse el respeto de la sociedad. No decae y en sus palabras, tan reconfortantes, encontramos auténticas lecciones de vida. Ninguna de sus decisiones es un error sino una oportunidad de aprendizaje, siempre con la búsqueda de la libertad como meta.

La relación con los hombres que aparece en Memorias… es otro ejemplo de la opresión masculina. Su primer marido se vuelve cada vez más controlador y ella acabará divorciándose. La escritora sabe bien que la independencia es un arma contra el control y por eso, en sus entrevistas, repite una y otra vez esa necesidad de autonomía unida al poder de la esperanza. Mi próximo paso es leer sus novelas, basadas en sus propias experiencias y que seguro ayudarán a entender la realidad de las mujeres de su tiempo en un Egipto que, en sus palabras, no ha cambiado mucho desde entonces.

Al terminar este libro de memorias, me queda la sensación de que me hubiera gustado leerlo hace años. Creo que es una lectura muy inspiradora en los años anteriores a empezar la Universidad, antes de tomar la decisión. Su escritura sencilla y emocional consigue diluir los prejuicios de la adolescencia y que veamos con más claridad. Además, su estilo consigue que nos podemos identificar con su historia, a pesar de la distancia temporal y espacial, y es un buen punto de partida para empezar a cuestionar la represión impuesta a las mujeres.

Este es el punto débil en el que los hombres se apoyan para conseguir el control sobre una mujer: la necesidad de protegerla de otros hombres. Los celos del macho sobre su hembra. Él dice temer por ella, cuando en realidad teme por sí mismo, dice estar protegiéndola pero lo que quiere es poseerla y rodearla de un muro.


Conocer las historias de las mujeres a través de su propia experiencia es tremendamente interesante y hermoso. Algunas utilizan el género autobiográfico y otras prefieren la ficción basada en sus vivencias. En todo caso, las diferentes perspectivas nos acercan, sus relatos nos ayudan a no sentirnos solas. Repasando mi cuaderno de lecturas he querido aprovechar esta entrada para compartir algunas lecturas sobre escritoras que nos cuentan la vida en otro tiempo o en otro lugar, no tan diferente ni tan lejano. Mujeres que hacen nuestra historia común #sororidad.

RECOMENDANDO ESCRITORAS:

Apuntes autobiográficos de Emilia Pardo Bazán que podéis leer aquí.

Los usos amorosos de la posguerra española, Carmen Martín Gaite.

Solterona, Kate Bolick. Ver entrada.

Tea-Rooms, Luisa Carnés. Ver entrada.

La mujer nueva, Carmen Laforet.

Mujeres de negro, Josefina Aldecoa (Segundo libro de la trilogía que empieza con Historia de una maestra)

Una habitación propia, Virginia Woolf.

El cuaderno dorado, Doris Lessing.

Women and Economics, Charlotte Perkins Gilman.

Manual para mujeres de la limpieza, Lucia Berlin.

Escucho el silencio, Mercedes Formica.

Y, aunque no los he leído todavía, muy arriba en mi lista de pendientes: La lección de anatomía y Clavícula de Marta Sanz.


¿Habéis leído alguna de estas lecturas? ¿Se os ocurren más libros sobre experiencias de escritoras? Si teneís alguna recomendación, no dudéis en comentar; estoy deseando conocer más libros para continuar mi viaje por las historias de las mujeres :).

El mes más cruel, Pilar Adón

Y, mientras, percibían los evidentes cambios en la intensidad de la luz del sol, y los consiguientes, y también evidentes, cambios en la consistencia del aire.

—La rutina siempre tranquiliza.

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El mes más cruel, Pilar Adón. Editorial Impedimenta, 2010.

April is the cruellest month, breeding / Lilacs out of the dead land, mixing / Memory and desire, stirring / Dull roots with spring rain. (T.S. Elliot, 1922)

Fijaos bien en la portada, en lo que transmite esa imagen, la mirada, la apariencia. Es el mejor prólogo para esta colección de relatos. Todo lo que ella transmite, lo reviviremos en cada cuento. Esa cierta sensación inquietante, el frío y la humedad que desprende su rostro, la mirada firme que parece que interpela al lector, lo interroga. Puede que esté huyendo de algo. ¿Qué revelan sus ojos? Una plegaria o quizás miedo. Lo desconocemos, al igual que desconocemos, por mucho que lo intentemos, el significado de los relatos. Llegamos en medio de una historia y la narradora nos coloca ante un conflicto que nace en la parte más íntima de cada personaje. Unos personajes que están en plena huida. Abandonamos la última página con el desconcierto de quien es expulsado de un mundo que estaba empezando a entender. Pilar Adón nos presenta catorce maneras de escapar, las motivaciones y las reacciones del otro, sus parejas o amistades. Entre ellos hay una incomunicación: cada uno está preocupado por sus propios fantasmas o anhelos, de ahí que haya malentendidos, mentiras, conversaciones banales que esconden algo más profundo.

Todo esto consigue la prosa de Pilar Adón, tan sensorial y descriptiva, poética y turbadora. Esto sumado a la abundancia de detalles consigue que nos dejemos llevar, de la mano de la autora, sumergiéndonos en un mundo atemporal, más cercano a la fantasía. Las historias captan un instante y se desvanecen dejándonos sumidos en la incertidumbre. Pero que nadie se alarme, Pilar Adón nos recompensa con un cierre que remite a los cuentos tradicionales: el poema-moraleja que cierra cada relato.

La introducción de Marta Sanz sabe captar muy bien el significado de la colección, aunque ella dude, como yo, como todos, sobre la correcta interpretación de los cuentos, tan crípticos y volátiles. Lo que está claro es que disfrutaremos de una lectura muy estimulante. El tono del volumen es coherente hasta el punto de que incluso parece que no abandonamos el mismo escenario, como si todo sucediera en la misma zona o, al menos, todos contemplaran el mismo paisaje. También comparten la presencia de los libros y el desasosiego que sienten los personajes y consiguen transmitirnos.

A la hora de hablar de cada cuento en particular, he querido destacar, por su originalidad o por la intensidad de lo que describe: “En materia de jardines”, “El infinito verde” y “Noli me tangere”.

  • “El infinito verde” es un cuento muy breve con dos personajes, dos amigas que corren, en un juego de niños, alentadas por un rumor del pueblo. El lenguaje del relato recrea la naturaleza asfixiante que termina atrapando a las protagonistas. Puedes sentir la velocidad de la carrera con las plásticas descripciones de Pilar Adón. Fantasía mitológica de la fusión hombre-naturaleza, con una narración tan delicada que casi puede tocarse.
  • “Noli me tangere”: un relato desagradable porque aquí no ha elementos fantásticos es la realidad de un hombre que acosa a una joven en la estación. Ella arrastra un temor pasado que contribuye a aumenta la tensión que está experimentando y nosotros trascendiendo la posición de observadores, nos contagiamos de esa sensación. El título y las palabras que repite la protagonista son una plegaria: no me toques.
  • “En materia de jardines”: uno de los dos relatos más extensos de la colección. De nuevo dos protagonistas colocadas ante su reflejo. Parece un juego de espejos en el que ambas se miran, sin entender a la otra, preocupadas por sus propios miedos y conflictos. No hay una comunicación fluida y sus conversaciones, banales, importan más por lo que no se dice. Se nota lo incómodas que se encuentran la una con la otra aunque parecen necesitarse porque se complementan.
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Pilar Adón, Madrid, 1971


Un color anhelante, de un tono despejado y transparente. Tan transparente que tendía al ámbar… Pero la mañana concluía y el tiempo avanzaba hacia la tarde y, cuando eso sucedía, el verde empezaba a transformarse. El día se hacía maduro y el verde se hacía maduro de igual forma, adquiriendo entonces un tono más oscuro, más reflexivo. Más sombrío. Finalmente, la noche, como era de esperar, mostraba un verde mortecino. Un verde sabio pero también apagado. Un verde un tanto trágico.

Tea-Rooms, Luisa Carnés

Matilde tiene una sonrisa amarga. Ella quisiera…Ella no quiere nada. Nada. El sol va pincandillo. Se cierran los ojos y un calorcito agradable cubre los párpados,  resplandece sobre los párpados. Y el vacío se acentúa.


 

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Tea-Rooms, Mujeres obreras, Luisa Carnés. (Hoja de Lata, 2016)

Al terminar de leer Tea-Rooms y la vida de las mujeres obreras sentí de nuevo la misma emoción que con la película “Las sufragistas“; de nuevo esa oleada de rabia, por los sacrificios y los abusos que sufrieron otras mujeres, pero sobre todo el orgullo de saber que lucharon hasta el final y gracias a eso hoy tenemos más derechos. No me cansaré de leerlas y de hablar de ellas porque no quiero que se olviden. Por eso, al terminar también me preguntaba ¿Dónde estaba Luisa Carnés mientras buscábamos relatos feministas? ¿A qué exilio la relegaron tras su muerte? El exilio del silencio, en apariencia más duradero que el físico puede romperse al abrir Tea-Rooms. Leer sus obras es ahora un acto de justicia literaria, rescatando una voz que nunca debió taparse.

Tea-Rooms, su tercera obra, es una narración con aspiración periodística, una novela reportaje que retrata, desde la ficción, la situación precaria de las mujeres en las primeras décadas de los años 30. Publicada en 1933, refleja la crisis económica padecida por la clase obrera y su impacto en cada una de las mujeres que irán apareciendo en la obra. Estamos, entonces, ante una novela social femenina y, por lo tanto, transgresora y muy valiosa para comprender una de esas décadas enterradas en la historia de las que tan poco se cuenta. Por eso los libros son tan peligrosos para algunos: son arma contra el olvido.

Desde la primera página, Luisa Carnés consigue que formemos parte de la vida de Matilde en su búsqueda de empleo. El ir y venir de las jóvenes aspirantes a secretaria, de los paseantes bajo el atrevido sol primaveral, comienza a envolvernos hasta que nos lleva al escenario principal, el que será su lugar de trabajo: la confitería. Entre brioches y bombones, privilegiados clientes y una odiosa encargada, se cuelan los secretos y miserias de mujeres sin recursos, los delantales negros. Ellas sobreviven a largas jornadas, a las pésimas condiciones laborales, a los abusos de los jefes.

El mayor valor de la novela reside en su capacidad para ser testimonio, contado por una mujer que experimentó esas condiciones y que será una prueba eterna del lenguaje, la moda o las rutinas de esta época sin que tengamos que imaginar o suponer. Tenemos a Luisa Carnés para contarnos cómo era la vida entonces. Los temas que abordará pueden dividirse en dos planos: el político y social –huelgas, paro, crisis- y el de las mujeres –búsqueda de empleo, relaciones sociales, aborto, prostitución-.

El escenario de la confitería se convierte en elemento imprescindible: todo ocurre en esta casa. ¿Y qué es lo que pasa? La vida de las mujeres. Y no es fácil encontrar una novela donde todas las protagonistas sean mujeres, contada por una mujer, y menos que provenga de esta época. Por eso leer esta novela es un ejercicio de empatía y de reencuentro con nuestras antepasadas, supervivientes, inspiradoras y muy realistas. A través de la protagonista alcanzaremos momentos de frustración; sin embargo, los que quedan son los de sororidad.

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Publicada originalmente en 1933 cuando Luisa Carnés ya era una escritora de éxito.

El relato irá acompañado de las reflexiones y reivindicaciones de Matilde –trasunto de Luisa Carnés-. Todo un discurso claro y vehemente de un espíritu inconformista e inteligente como el de esta escritora. Su defensa de los derechos de las mujeres y de la emancipación femenina nos resulta muy actual. Muchas de sus reivindicaciones siguen siendo válidas hoy; y es que se llevan repitiendo los mismos argumentos desde un tiempo que prometía unos avances que no han llegado. El final es de esperanza y duda al mismo tiempo; de no saber cuándo se podrán escuchar todas las voces.

Después de leer este libro y conocer a su autora (a través del imprescindible epílogo de Antonio Plaza) puedo decir que admiro profundamente a Luisa Carnés y espero que este rescate literario no se quede aquí sino que hagan un esfuerzo por reeditar el resto de sus obras. Podemos sentirnos privilegiadas de tener a Carnés de vuelta. Gracias, Hoja de Lata por presentárnosla así.


Pero también hay mujeres que se independizan, que viven de su propio esfuerzo, sin necesidad de “aguantar tíos”. Pero eso es en otro país, donde la cultura ha dado un paso gigante; donde la mujer ha cesado de ser un instrumento de placer físico y de explotación; donde las universidades abren sus puertas a las obreras y a las campesinas más humildes.

Daniela Astor y la caja negra, Marta Sanz

Vivo en una película que a veces va a cámara lenta y a veces se acelera escatimándome momentos. Vivo en un lugar que es y no es una historia.


Tengo que admitir que he estado posponiendo unos meses escribir algo sobre este libro, sabiendo que será difícil transmitir lo que esta lectura me ha dado. Fue a finales del 2015 cuando por fin me decidí a leer algo escrito por una autora cuyas críticas literarias (aquí comentando Nada se acaba de Margaret Atwood) llevaba leyendo/escuchando algún tiempo. Entonces ya sospechaba que lo que ella escribiera no me defraudaría. Le he estado dando vueltas a los temas, releyendo la historia y resulta que, si parece relativamente sencillo comentar un libro que te ha gustado, la cosa se pone cuesta arriba cuando un libro consigue removerte así. Mi opinión general es que este es uno de los libros mejor escritos que he leído nunca. Así que, tras romper el hielo de manera tan tajante y dejar las expectativas bien altas, no me queda más remedio que hablar de Daniela Astor.

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Premio Tigre Juan 2013

Consuelo, Piedad, Angustias, Martirio, Dolores, Contracción, Lumbalgia, Anestesia, Amnesia, Amputación, Concepción, Alumbramiento, Ascensión, Purificación, Desinfección, Lavado vaginal.

El lenguaje puede ser muy poderoso, si se usa bien. Aquí el lenguaje es fuente de descubrimiento, y a la vez es instrumento para poner al lector en el lugar de la protagonista y desde ahí, más que observar, experimentar la transición emocional de Catalina. Marta Sanz nos cuenta un episodio concreto en la vida de una niña de 12 años y el impacto que supone en su convencional vida. Su mundo está repartido entre la realidad del hogar y el colegio y la dimensión imaginaria que comparte con su amiga Angélica. Las niñas juegan a ser adultas imitando las poses de famosas de portada. Se nutren de gestos estudiados y comentarios banales sobre amoríos y lujo; despliegan todo su espectáculo en “la leonera”, el cuarto que antes fue de su abuela materna. Mientras, en la misma casa, todo ese mundo se irá desmoronando.

Entre la narración de Catalina se cuela la caja negra, fingido documental, collage de entrevistas y comentarios que nos sitúan en plena explosión del destape en España. Es un escaparate de mujeres vulnerables, injustas marionetas de su tiempo, que saltan de plató en plató.

Como las actrices que enseñan sus casas en las revistas del corazón, me gustaría tener un bonito biombo en mi alcoba. Una caja dentro de una caja. Un secreto dentro de otro. Detrás de mi biombo imaginario.

Habíamos dejado a las niñas jugando a seducir y a ser víctima, repitiendo clichés. Pero lo imaginario irá desdibujándose a empujones de realidad, contagiando la existencia despreocupada de Catalina.  La tensión en la realidad crece y Catalina se verá forzada a sacar a Daniela Astor, rebeldía pueril que solo desembocará en decepción. Uno de los rasgos más relevantes de nuestra protagonista es la crueldad con la que se refiere a su madre y cómo irá evolucionando hacía la comprensión en este viaje de reconocimiento. Esa evolución no es fortuita sino que correrá paralela a la crisis que se está viviendo en su casa. Los juegos se esfuman, se dinamitan las idealizaciones, y todo ello irá dejando paso a una claridad  dolorosa que revela a Catalina quién es quién: el padre, el cobarde, la valiente, la amiga. Todo este reconocimiento provoca una punzada en el estómago porque por unos días somos Catalina y escuchamos con la puerta entreabierta las conversaciones de los adultos; recomponemos murmullos, les quitamos la máscara a nuestros héroes y aprendemos que la culpa siempre es cosa de mujeres.

La crueldad más sofisticada consiste en obligar a una mujer a parir, a cuidar, a querer a un hijo que nunca deseó.

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Marta Sanz / Imagen: El Periódico.

Creo que uno de los valores de la novela es el relato de la relación madre e hija y es que nunca ha sido suficientemente explorada en la literatura, sobre todo desde un punto de vista tan honesto. Otro es el excelente retrato de la transición a la adolescencia con su consciencia del cuerpo, las contradicciones, la ingenuidad y el egoísmo, las pequeñas batallas. Además, se habla de la madurez precipitada, de cómo vivieron las mujeres la Transición, de la amistad y del aborto. Y es novedad cuando no debería serlo, tratar episodios recientes que siguen siendo tabú. Marta Sanz, dando voz a este silencio, hace justicia y nos devuelve un pedazo de historia invisibilizado, o peor, banalizado.

En un arrebato de locura lectora, cuando leo un libro tan bien escrito me dan ganas de comer todas las letras y llenarme la lengua de palabras tan bien escogidas, de esas que provocan tormentas eléctricas. Egoísta, pretendo que también sean parte de mí. Como no podía ser de otra manera, hasta la relectura del libro me dejó resaca literaria. Y qué mejor remedio que leer un libro de Sara Mesa y alargar el placer de un buen libro. Marta Sanz y Sara Mesa construyen literaturas vivas y en cada lectura despiertan sentidos que ni siquiera conocíamos. Otro día os contaré cómo fue encontrarse envuelta entre las tormentas de Sara Mesa en Mala letra.

Tengo casi trece años y me anticipo a mi convicción adulta de que el dolor es una carga que va gastando los riñones. Que nos encorva. Que no es un mal sueño del que uno se despierta una mañana diciendo “Ya pasó todo. Cura sana culito de rana”. La quemadura quema por mucho que se sople. Y la quemadura de mi madre es de cuarto grado. Una quemadura por frío. Por congelación.

 

Zadie Smith | La Embajada de Camboya

“Gratitude was just another kind of servitude”.


Zadie Smith es una profesional del lenguaje: sabe perfectamente lo que hace y puedes percibir sus influencias literarias en cada capítulo, capítulos plagados de referencias asentadas en una estructura sólida. Sobre todo hay que destacar la laboriosa tarea que realiza al construir cada uno de sus personajes consiguiendo que parezcan tan reales, con tantas facetas y conflictos internos, así como la red de relaciones personajes que va desenredando en sus textos. Es increíble. Cada palabra elegida es la perfecta en su tiempo y lugar, nada sobra. En ella se hace realidad la expresión “construir una historia” con el lenguaje más preciso y vívido posible.

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Zadie Smith (Londres, 1975)/ AP para mic.com

No se me ocurre mejor manera de empezar la serie de entradas de Zadie Smith que presentando su escritura a través de uno de sus relatos más conocidos. Soy una gran fan de los relatos (aunque este juega en la frontera con la novela corta); creo que concentran en unas pocas páginas toda la esencia de la literatura. Además, dan mucho juego a la hora de improvisar nuevas formas de contar y transmiten una idea de forma intensa y directa. The Embassy of Cambodia se publicó en The New Yorker en 2013 y pinchando en el enlace podréis acceder al texto completo.

Si empezamos por el principio, el título, no nos da muchas pistas de por dónde va a ir la trama. Luego sabremos que la función de la embajada es la de guía, en el sentido de que aporta un escenario y una frontera entre dos mundos contrapuestos: el del relato y otro que permanece infranqueable para nosotros. La embajada no jugará un papel principal pero lo que en ella ocurre aportará ritmo a la acción principal. Con ella se abre el relato y frente a ella se cierra.

Hablando de ritmo, ¿cómo consigue Zadie Smith crearlo en este relato? Tras la verja de la embajada se juega una partida de bádminton. Así que cada vez que acompañemos a Fatou, la protagonista, mientras pasa por delante del edificio, oiremos cómo golpean el volante: pock, smash. Ese es el ritmo de la historia y de los diálogos: se lanza y se devuelve un comentario, una acción que siempre viene acompañada de un consecuencia. Y así se van sucediendo los episodios que aquí se cuentan. En este rasgo ya se puede ver el engranaje perfecto que se ha creado para esta historia.

Siguiendopenguin con la construcción de la historia, sabemos que un papel fundamental es el de la persona que cuenta la historia. Aquí el narrador, omnisciente en la mayor parte, mira a través de los ojos de la protagonista, pero también se desdobla en un narrador testigo poco frecuente, en tercera persona del plural. Representa una especie de portavoz de la comunidad del barrio (el mismo que visitaremos en otras de sus obras como Dientes Blancos y NW) donde vive Fatou, y nos ofrece el punto de vista de sus vecinos, es decir, de los que están fuera de la historia.  La narración, en general, es contenida; Zadie Smith calcula cada frase como si de un movimiento de ajedrez se tratara. La palabra precisa y certera. Podríamos pensar que esta manera de relatar lleva a una cierta frialdad y distancia con la historia. Nada de eso. Con esta técnica construye personajes de carne y hueso que casi nos parece oír cómo palpitan en cada página.

Fatou no es un personaje tipo. Iremos descubriendo una personalidad marcada fruto de las circunstancias que le han tocado vivir. Es una mujer, inmigrante, que ha vivido en varios países antes de mudarse a Londres, donde trabaja como asistente interna. Divide su tiempo de ocio entre la natación y las citas con su amigo, Andrew (representante del mansplaining), con el que tendrá conversaciones centradas en la religión y el racismo. De apariencia vulnerable, Fatou es una mujer que no se ha quebrado ante los obstáculos; resignada al destino que le ha tocado, nunca pierde la calma. De los diálogos y las reflexiones de Fatou se desprenden reflexiones no confirmadas. Con esto me refiero a que Zadie Smith no me da la razón como lectora. Consigue que yo sea la que juzgue, siempre dejando la pelota en el tejado del que lee. Esta escritora no nos trata como menores de edad; respeta a su interlocutor y a la literatura.

Algunos de los temas que trata son:

  • El sufrimiento de los pueblos, a partir de las preguntas que deja en el aire ¿dónde se ha sufrido más? ¿en el Holocausto o en Ruanda? Competiciones morales que no conducen a ningún lugar. De hecho, en una entrevista reciente, Zadie Smith afirmaba: “cada pueblo arrastra sus traumas, y no se trata de rivalizar a ver quién tiene el trauma más grande, entre otras cosas porque cada uno es de distinta naturaleza”.
  • La esclavitud del siglo XXI. Fatou compara su historia con la de una chica que ha aparecido en el periódico. Prostitución/servidumbre; la privación de libertad. Situaciones paralelas que evidencian las tragedias que se encuentran en la puerta de enfrente.

Podrían comentarse muchos más aspectos y temas, pero la idea era ofrecer un aperitivo de la narrativa de Zadie Smith. Tendremos tiempo de conocerla mejor.

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Ilustación de Santiago Sequeiros para El Mundo, que publicó el relato en el verano de 2013.

Muchos de los elementos que he mencionado aquí serán constantes en la obra de Zadie Smith; cada palabra, cada giro, cada anécdota está ahí por un motivo, nada es casual. La autora recoge parte de la situación de las mujeres inmigrantes en este original relato a través de los ojos de Fatou. Su rutina nos ayudará a entender los límites de su libertad y lo inestable de su futuro. También nos obligará a reflexionar sobre la esclavitud moderna y las diferencias sociales. Zadie Smith es una cronista de su generación y si queremos acercarnos a su manera de contar este relato es una buena oportunidad. Ella retrata a la perfección de qué va esto de no poder elegir y que la sociedad nos empuje o nos devuelva al punto de partida para catapultarnos de nuevo a lo incierto. Como en un partido de bádminton.

*Esta entrada forma parte del proyecto Adopta una autora para la visibilización de las escritoras.


Próxima entrada (abril): Dientes blancos | “Irie Jones o una adolescencia que muerde.”

(Dientes blancos es una lectura compleja con una cantidad de personajes que se merece varios episodios que iré intercalando con reseñas de sus otras obras).