Emilia Pardo Bazán: relatos a la luz de la luna

Llamamos inverosímil a lo inusitado, pero no hay acaecimiento extraño, monstruoso, espeluznante que no conozcamos por la realidad.


4680048_640px

Octubre se va apagando y eso significa que se acerca la noche más oscura y lúgubre del año. Para dejarme llevar por esta atmósfera inquietante, me he inventado una tradición nueva: leer un relato de Emilia Pardo Bazán cada noche, desde el martes 24, hasta Halloween. Una semana en compañía de esta escritora y de sus cuentos de misterio y fantasía, para disfrutar de su escritura y también de estas leyendas sobre la muerte y la magia. He seleccionado 8 cuentos para leer antes de ir a dormir, pero no os preocupéis, por lo que sé su humor rebaja la tensión y no habrá problema en conciliar el sueño. O eso espero. De los que he leído hasta ahora, mi favorito es La resucitada por eso lo dejaré para la última noche.

Este es el plan:

Le_dessous_de_cartes_dune_partie_de_whist

Ilustración de Felicien Rops para Las Diabólicas (D’Aurevilly)

Martes 24: El talismán.

Miércoles 25: El conjuro.

Jueves 26: La calavera.

Viernes 27: La emparedada.

Sábado 28: Eximente.

Domingo 29: El té de las convalecientes.

Lunes 30: El antepasado.

Martes 31: La resucitada.

*Si pincháis en el cuento os llevará directamente al texto. Todos los cuentos se encuentran fácilmente en Ciudad Seva o Cervantes Virtual.

 

Sed libres de iniciar esta tradición o leer los cuentos sueltos que os apetezcan. No digo nada sobre la trama de los relatos; así os podréis dejar sorprender por lo que esconden sus títulos.

Además, he elegido una lectura extra de otra escritora del siglo XIX (es un siglo que es una delicia en esta época del año): La mujer fría de Carmen de Burgos “Colombine” que promete altas dosis de decandentismo y femme fatale. La verdad es que mi TBR de lecturas misteriosas y terroríficas incluye otros títulos a los que espero hacer pronto un hueco:

 

¿Ya tenéis elegidas vuestras lecturas para Halloween?

PD. Me gustaría repetir esta improvisada tradición en marzo, la semana previa al Día de la Mujer, leyendo otros ocho relatos, esta vez de tema feminista. Eso sí, publicaré la lista de relatos con más antelación :).


¿No pensáis vosotros en el destino de las almas después que surgen de su barro, como la chispa eléctrica del carbón? ¿De veras no pensáis nunca, lo que se dice nunca? ¿Creéis tan a pies juntillas, como Espronceda, en la paz del sepulcro?

Anuncios

Trece cuentos, Luisa Carnés

Embarcaron al filo de una noche negra. Ni una estrella iluminó la triste despedida. La oscuridad era completa. Las voces opacas, como ahogadas prematuramente. Las aguas se antojaban más duras que otras veces, y la nave parecía resbalar sobre ellas con dificultad. Sin luna, sin farol y sin la espada hermana del faro a los lejos, el barco y su carga eran una sombra sobre un esquivo lomo de mar.

(Sin brújula)


Cubierta_TreceCuentos

Luisa Carnés no se limita a escribir. Ella se mancha las manos de tinta y con ellas te toca, impregnándote a ti también con su historia. Escribiendo, Carnés parece esquivar el destino silencioso de las mujeres, encarceladas, reprimidas, subestimadas o a la deriva, pero que nunca se rinden.

Ante todo, ella es inspiración. A pesar de trabajar diez horas al día, no dejó de escribir. Aunque asfixiaran los problemas económicos, siguió publicando. Ni siquiera, tras huir de una guerra con su único hijo, renunció a la escritura. Escribió contra guerra y marea, no solo para dejar una metáfora bonita sino para dar voz a las silenciadas. Como quien cura una herida, ella compartió su historia. Y es que ¿cuánto tienes que amar la literatura para llevarte al exilio tus relatos en una cartera? Cuando los cuentos son lo más valioso entiendes lo que significa escribir para Luisa Carnés.

En estos Trece cuentos hay una denuncia firme frente a las injusticias, como el trabajo precario en “[Olivos]” o  ese grito de las madres por la paz en “Momentos de la madre sembradora” o “Sin brújula”. La autora madrileña continúa aquí tejiendo el mapa de las mujeres, desde la sumisión (“Una mujer fea”) a la fragilidad de una joven mexicana ante la violencia de una sociedad machista (“La mulata”).

Y Carnés nos tiene reservada una punzada aún mayor en su retrato de la cárcel. No recuerdo haber leído libros con personajes encarcelados y mucho menos durante la Guerra Civil. Mi abuela murió siendo demasiado joven ella, demasiado niña yo, como para que pudiera contarme cómo se vivió la guerra en nuestro pueblo. Por eso, me aferro a estos relatos que me descubren esa parte de nuestra genealogía.

Me encontré en la calle después de nueve años de cárcel. Suspendido del brazo llevaba un hatillo de ropa, y en la mano derecha un pañuelo, a una de cuyas puntas había atado seis pesetas.

¿Qué puede esperar una mujer al salir de la cárcel? Sin casa, sin familia, ni trabajo. ¿Quién contrata a una mujer con esta mancha? Sola, deambula por una ciudad que finge no reconocerla, mientras alguien sigue sus pasos. La vida dentro de la cárcel no era mucho mejor. “La chivata” nos deja clara la supervivencia más primitiva y esa revolución que ninguna prisión es capaz de callar.

No se sabía quién era, pero se la sentía en todas partes. Se la sentía como algo impalpable, pegajoso y frío, algo que enmudecía el labio y hacía cerrar las manos debajo de los delantales y en los bolsillos de las batas. Era algo contra lo que había que luchar. Porque, ¿cómo se defiende la gente de una sombra? Y eso era la chivata

Más sorprendidas nos quedamos al comprobar que sus relatos no se limitan a España sino que, durante su exilio en México, su visión literaria se amplia. Y es que pocos temas escapan a la mirada honesta de la escritora. El fenómeno fan de unas jóvenes que esperan un concierto de Elvis en “Aquelarre”. Este es un relato tremendamente original y perturbador cuya crítica todavía está de actualidad. También el racismo, en “El señor y la señora Smith”, uno de los relatos más tiernos y a la vez más desgarradores. Un matrimonio interracial que permanece en secreto bajo la amenaza del Ku Klux Klan. Para mí, es uno de los imprescindibles de este libro.

luisa

Pero no olvidemos que las madres también hacen la historia.

Una madre se tendió sobre los rieles sobre los que había de pasar un tren de soldados. Lo hizo en nombre de todas las madres, del mío, del vuestro. […] El mundo es hoy tan pequeño que el llanto de una madre española es enjugado por la sonrisa de una madre china. […] Toca a las madres hacer el porvenir.

Somos sembradoras de vida.

Seamos también sembradoras del nuevo día que amanece.

 

Luisa Carnés pone ante nuestros ojos los grandes problemas de su tiempo y del nuestro. Nos regala la empatía que solo una literatura comprometida como la suya puede conseguir. Además, es una contadora de historias talentosa, versátil, valiente…, tan valiosa que, a cada cuento, nos cautiva un poco más. [Adoro, ADORO sus descripciones]. Ojalá la sigan reeditando; y es que no me aguanto desde que sé que Natacha promete un escenario, de nuevo, con mujeres trabajadoras.

 

¿Que levante la mano quién haya caído en las redes de Carnés?


Las aguas se tiñeron más tarde de púrpura, brillaron como resucitadas.

Emilia Pardo Bazán | Cómo ser mujer en el siglo XIX (4)

LA TRIBUNA Y LAS MUJERES OBRERAS

NANNIE COLESON TEXTIL

Niña trabajando en una fábrica textil en EEUU. Imagen: Lewis Wickes Hine. United States National Child Labor Committee

Al comunicar la chispa eléctrica, Amparo se electrizaba también. A fuerza de leer todos los días unos mismos periódicos, de seguir el flujo y el reflujo de la controversia política, iba penetrando en la lectora la convicción hasta los tuétanos.

La entrada de la mujer en el mundo laboral supuso un profundo rechazo. Mientras las mujeres dependiesen económicamente de los hombres, el sistema patriarcal estaba a salvo. Pero ¿qué ocurriría si ellas empiezan a ganar su propio sueldo? ¡Pues que podrían ayudar a la economía familiar! Sin embargo, pesó más el miedo a perder la autoridad masculina, por lo que el camino de las mujeres hacia la independencia fue todavía más duro. De hecho, en 1915, los obreros de la fábrica de pasta de sopa en Barcelona se pusieron en huelga para ¿exigir mejores sueldos? No, amigas. Su objetivo era expulsar a sus compañeras. Parece el ambiente perfecto para que se incorporen al sector.

Pese a todo, las mujeres entraron en las fábricas y su participación fue muy activa. El Madrid de 1830 fue testigo de cómo más de 3000 cigarreras se movilizaban para mejorar sus condiciones laborales y defender sus derechos. Las huelgas se sucedieron por toda España hasta culminar en 1891 con la creación de la primera Asamblea de Obreras. Gracias a estas protestas sociales se puede medir la evolución de las obreras y su situación laboral. Sin ir más lejos, entre 1905 y 1921 hubo más huelgas de mujeres que de hombres. Y ¿cuáles eran sus peticiones? Pues mayor salario y acabar con el acoso sexual, lo que nos indica que tenemos mucho en común con nuestras predecesoras.

En el resto del mundo, las mujeres trabajadoras se enfrentaban a los mismos problemas y para rastrear la defensa de sus derechos tenemos que seguir la pista, principalmente, de tres pensadoras feministas: Flora Tristán, víctima de la violencia de género y escritora de Unión Obrera, defensora de los derechos de los trabajadores y de la igualdad; Clara Zetkin, activista alemana organizadora de la Conferencia Internacional de Mujeres en 1907, y Alejandra Kollontai que, en la misma fecha, abrió el primer Círculo de Obreras en Rusia, país del que tendría que huir al año siguiente.

Esta es la época en la que Emilia Pardo Bazán escribe la primera novela en España sobre el mundo obrero y, además, con protagonismo femenino. Su testimonio no es fruto de su experiencia vital, como es el caso de Luisa Carnés, sino de un trabajo de investigación entrevistando a las cigarreras de la Fábrica de Tabacos de La Coruña. Sobre ellas escribe la que será la primera novela naturalista y lo hace para contar bien claro cuál es la situación de las mujeres trabajadoras a finales del siglo XIX.

El día en que unos señores dijeron a Amaparo que era bonita, tuvo la andariega chiquilla conciencia de su sexo: hasta entonces había sido un muchacho con sayas.

En Marineda crece Amparo, una muchacha que hereda el empleo de su madre como cigarrera y que será protagonista de dos revoluciones: la política, conviritiéndose en símbolo de la lucha, y la personal, al comprobar cómo el hecho de ser mujer la pone en una continua situación de riesgo. En 270 páginas, la trama abarca una cantidad de acontecimientos históricos, de ebullición política, de tensión amorosa y generosa sororidad que le da un ritmo mucho más “movido” del que nos tiene acostumbrados este siglo. Tres son los grandes temas de la novela: la política, la precariedad laboral y la situación de las mujeres.

taller cigarreras

A estas trabajadoras les espera una situación totalmente penosa en las fábricas. Pardo Bazán recrea con sus descripciones el ambiente de trabajo, el proceso de liado del tabaco, el calor asfixiante de la fábrica y la miseria en la que vivían las trabajadoras. Y de esa situación general, dirige el foco a cuestiones particulares de cada una: los malos tratos, los despidos, una dureza que contrasta con el apoyo que encuentran las unas en las otras, tan necesario. Recordemos cómo en la literatura las relaciones entre las mujeres destacan por las rivalidades, rencores y traiciones porque estaban escritas por hombres. Cuando la mirada es desde dentro, escrita por una mujer, esa amistad es honesta.

La ve usted

-La veo. ¡Olé y qué guapa se pone todos los días, hombre!

-Pero se me hace muy cargante con estas cosas políticas. Las mujeres no tienen más oficio que uno.

A través de la transformación política de Amparo, la autora nos mostrará cómo vivía el pueblo los cambios y tensiones que sucedían en Madrid. Sus dudas y temores se diluyen en este torbellino que es nuestra protagonista, una fuerza que llamará la atención de las autoridades y que la llevarán a convertirse en símbolo,  una tribuna desde la que movilizar al pueblo.

Amparo bailaba. Bailaba con la ingenuidad, con el desinterés, con la casta desenvoltura que distingue a las mujeres cuando saben que no las ve varón alguno, ni hay quien pueda interpretar malignamente sus pasos y movimientos.

Pero ante todo, esta obra es el retrato de unas mujeres reprimidas por una sociedad machista donde lo más importante es preservar la honra, sea cual sea tu clase social. Ese es el objetivo de Amparo en su relación con Baltasar; su orgullo la mantiene “a salvo” pero la represión también es insufrible y cuando las consecuencias lleguen, Baltasar estará ya lejos de sus requiebros y sus #notallmen, no soy como los demás. Al final nos encontraremos a las mujeres juntas, al pie del cañón, como siempre.

20170722_164056

Como ocurre en cada novela de Doña Emilia, no importa que haya sido escrita en el XIX para que venga un personaje como Amparo y te levante de la silla con su huracán de ideas y protesta social con la que tanto nos identificaremos. Pocas veces un personaje hierve a través de las páginas de una novela como lo hace ella. Si La Tribuna se mirase en un espejo se reflejaría en él Tea-Rooms. En ambas se abordan los mismos temas con apenas unos años de diferencia. Por eso, leer las dos obras es las dificultades de las mujeres trabajadoras desde una fábrica en Galicia en 1883 hasta un salón de té en Madrid en 1930.

Oíase el paso de las cigarreras que regresaban de la fábrica; no pisadas iguales, elásticas y cadenciosas como las que solían dar al retirase a sus hogares diariamente, sino un andar caprichoso, apresurado, turbulento. del grupo más compacto, del pelotón más resuelto  y numeroso, que tal vez se componía de veinte o treinta mujeres juntas, salieron algunas voces gritando:

-¡Viva la República Federal!

 

 

Fuentes:

Nash, Mary, Rojas: las mujeres republicanas en la Guerra Civil, Taurus, 1999, Madrid.

Pardo Bazán, Emilia, La Tribuna, Cátedra, 1999, Madrid.

Varela, Nuria, Feminismo para principiantes, Ediciones B, 2013, Barcelona.

*Esta entrada forma parte del proyecto “Adopta una autora” para la visibilización de las escritoras. 

*Si queréis conocer más opiniones sobre la novela no os podéis perder las geniales reseñas de Ajuste de Letras y Crónicas de Magrat.


Próxima entrada (noviembre): La femme fatale en La Quimera.

 

#LeoAutorasOct 2017: descubriendo escritoras

leoautoras

Otro año más, esta genial iniciativa que nació en Twitter para leer y recomendar escritoras vuelve con página web y seguro que muchas más colaboraciones. Además, octubre también es el mes de celebración del Día de las Escritoras (16 de octubre), por lo que para esta casa es como una especie de navidad, cumpleaños y todas las grandes fiestas juntas porque todo el mundo habla sobre autoras y se reivindica su literatura, siempre considerada secundaria.

El año pasado elegí leer dos novedades, y mis lecturas fueron Solterona, que se convirtió en mi libro del año (aquí os explicaba por qué), y Las chicas, la gran decepción del año (aquí os lo contaba).  Este año he decidido irme lejos, hasta Japón, país que tengo un poco olvidado. Allá por 2012 comenzaba mi idilio con la literatura nipona a través de Murakami y luego ya con Banana Yoshimoto y Yoko Ogawa. Creo que desde 2014 no he vuelto a leer a escritoras japonesas y necesito volver a ellas de nuevo. Para octubre mis lecturas responden a dos épocas muy distintas para que la experiencia sea más completa.

Por un lado, Cerezos en la oscuridad, una colección de relatos obra de la iniciadora de la novela moderna japonesa, Ichiyo Iguchi. Por otro, Ella en la otra orilla, en la que Matsume Kakata recrea una historia sobre el papel de las mujeres en la sociedad japonesa actual. Además, esta elección también me aparta de las grandes editoriales y me da la oportunidad de explorar otros sellos que nunca había probado: Satori y Galaxia Gutemberg.

· RECOMENDACIONES ·

Completo mi participación en #LeoAutorasOct con 4 recomendaciones muy especiales. Le he dado muchas vueltas porque he probado muchas escritoras nuevas que me parecen brillantes, pero quería darle un enfoque más concreto, sin dispersarme mucho. Si echáis un vistazo a mis lecturas recientes, no os extrañará que me haya decidido por las colecciones de relatos. Sí, me he vuelto un poco loca con los cuentos últimamente. Desde siempre ha sido mi género favorito y en estos meses he ido descubriendo autoras tan geniales y diferentes entre sí que quiero compartirlas con vosotrxs. Entre ellas, os recomiendo:

Mala letra, Sara Mesa. Lo mío con Sara Mesa era la crónica de un amor anunciado porque su estilo literario encaja perfectamente con mi gusto lector. Mala letra es una colección de relatos sobre la culpa, contado desde perspectivas muy distintas que demuestran la mirada crítica de esta escritora. Es increíble cómo dejando el lenguaje al mínimo consigue comunicar tanto. Y es que, en su escritura es muy importante lo que no nos cuenta, los huecos que deja en la historia y cómo la reescribimos al leerla.

El libro negro de los cuentos, A.S. Byatt. Sus historias tratan precisamente sobre el arte de contar, su importancia cuando somos pequeños o cuando queremos escapar o cuando parece que nada puede sorprendernos. La leyenda de la mujer que se convierte en piedra se ha convertido en mi relato preferido, por su belleza y calidad narrativa. En ella se funde la muerte y la mitología islandesa para describir la metamorfosis de una mujer, con tal minuciosidad que parece que la tengamos ante nuestros ojos.

Trece cuentos, Luisa Carnés. Esta autora ya fue un flechazo total con Tea-Rooms y con esta colección de relatos se confirma, no solo que es la mejor narradora de su generación, sino como un testimonio fundamental para rellenar los vacíos de nuestra historia durante la República, la Guerra Civil y el posterior exilio. Con Luisa Carnés no hay un tema tabú y las mujeres, sin importar su clase social, tienen voz propia.

La sonámbula y más relatos inquietantes, M. L. Kaschnitz. La escritora alemana nos envuelve a través de detalles cotidianos y encuentros perturbadores que, en vez de confundirnos, nos aferran a la historia, con el trasfondo de la guerra. Es una de las escritoras más aclamadas en Alemania aunque menos conocida en nuestro país. Sin duda, no hay que perderse a esta autora que domina magistralmente los tiempos y estructuras de la ficción corta.

Y no termina aquí. En Twitter (@TheWrittenGirl) dedicaré el mes a compartir escritoras españolas, clásicas y modernas ^^.

¿Cuáles son vuestros planes para este #LeoAutorasOct? ¿Vais a arriesgar con vuestras elecciones o a disfrutar con vuestras escritoras favoritas? ¡Feliz octubre!

 

María de Zayas, escritora y feminista del siglo XVII

Pues señoras, desengañémonos; volvamos por nuestra opinión; mueran los hombres en nuestras memorias, pues más obligadas que a ellos estamos a nosotras mismas.


mujer escribiendo 2

¿Quién fue la escritora más famosa del siglo XVII? ¿Quién escribió el primer manifiesto feminista en España? No busquéis la respuesta entre los manuales de literatura al uso pues apenas le dedican unas líneas a la autora que contesta estas dos preguntas: María de Zayas. Y ¿por qué si contó con éxito en su tiempo -e incluso es alabada por Lope de Vega- se le concede tan poco espacio en los libros? La respuesta no os sorprenderá. Porque sus historias están escritas sobre y para las mujeres, lo que nunca se ha considerado tema universal sino más bien un tema menor y marginal.

Invisibilizaciones aparte, gracias al estupendo libro El feminismo en España de Anna Caballé descubrí hace años la faceta feminista de María de Zayas. Y es que el prólogo de sus novelas cortas, allá por 1637, escribe una defensa de los derechos de las mujeres y una denuncia de la precaria educación de las niñas. Un siglo antes de que Mary Wollnscraft publicara su Vindicación de los Derechos de las Mujeres, ya María de Zayas se preocupaba de las desigualdades de su género y escribía historias precisamente para combatirlas instruyendo a las mujeres y alertándolas de los desengaños de los hombres.

Lo que más llama la atención de su escritura es el desparpajo  con el que se desenvuelve y lo directa e irónica  que es al lanzar sus denuncias. Esto consigue que su prosa sea más moderna que la de algunos de sus coetáneos.

QUIÉN duda, Lector mío, que te causará admiración que una mujer tenga despejo, no sólo para escribir un libro, sino para darle a la estampa, que es el crisol donde se averigua la pureza de los ingenios. […]

¿Quién duda, digo otra vez, que habrá muchos que atribuyan a locura esta virtuosa osadía de sacar a luz mis borrones siendo mujer, que en opinión de algunos necios es lo mismo que una cosa incapaz?

¿Qué razón hay para que ellos sean sabios y presuman que nosotras no podemos serlo?

La respuesta a estas cuestiones la encuentra Zayas en la falta de educación de las mujeres, en no “darnos maestros”; si en vez de labores, las niñas accedieran a los libros y la cultura, diferente sería la situación de ellas. Como muestra, acompaña su argumento con una enumeración de escritoras clásicas (me encanta cuando un libro de una escritora me lleva a más escritoras) que prueban que las mujeres pueden ser escritoras igual que lo son los hombres. Rercordatorio: estamos en el SIGLO XVII (vamos, otra prueba de que llevamos desde el Barroco reclamando estos derechos básicos y denunciando la desigualdad).

zayas_maria

María de Zayas, la Sibila de Madrid

Sobre su vida un halo de misterio ya que son pocos los datos que se conocen. Nació en Madrid en 1590 y murió en la misma ciudad en 1661. Pertenecía a una familia de la nobleza media, lo que explica su educación y sus viajes por ciudades como Zaragoza o Nápoles, a los que hace referencia en sus textos. No fue una escritora al margen, sino que tenía contacto con otros escritores, el más notable Lope de Vega. Además, sus obras contaron con gran éxito en su época, alcanzando las cinco reediciones. Sus novelas cortas se reúnen en dos volúmenes: Novelas amorosas y ejemplares (1637) y Desengaños amorosos (1647). El objetivo de su escritura es prevenir y enseñar a las mujeres. Para ello utiliza personajes tipo de la comedia lopesca e incluye elementos transgresores como el erotismo, desde el punto de vista de la mujer [seguimos en el siglo XVII], o la fantasía (elementos sobrenaturales, sueños, conjuros).

 

Sin duda, la protesta que hace María de Zayas contra una injusticia que relegaba a la mujer a un estado de dependencia emocional e intelectual absoluta está enmarcado en un contexto que sigue siendo reactivo, pero no es victimista. Muy al contrario, la autora presenta unos personajes femeninos verdaderamente audaces, especialmente en el aspecto sexual, que combaten los códigos de honor y de honra vigentes en la época burlándose de ellos.

Anna Caballé, 2013:59.

También hay elementos costumbristas que convierten sus historias en un reflejo de su tiempo: la decadencia española o el ocaso de la aristocracia. Entre sus influencias, encontramos autores de novela cortesana como Cervantes o Boccaccio, pero también a Mateo Alemán o Margarita de Navarra.

María de Zayas es una de las primeras escritoras feministas en Europa y sus novelas contenían estos tres ingredientes: estar contadas por damas, ser casos verdaderos y encerrar una lección “para que las damas se avisen de los engaños de los hombres”. No es de extrañar que la crítica la haya olvidado con semejante prosa combativa en favor de las mujeres, pero eso no impide que la sigamos reivindicando y leyendo como la gran escritora y feminista que es.

[…] te ofrezco este libro muy segura de tu bizarría y en confianza de que, si te desagradare, podrás disculparme con que nací mujer, no con obligación de hacer buenas novelas, sino con mucho deseo de acertar a servirte.

Fuentes:

María de Zayas, Tres novelas amorosas y tres desengaños amorosos (Ed. Alicia Redondo Goicoechea), Castalia-Instituto de la Mujer, 1989.

Anna Caballé, El feminismo en España, Cátedra, Madrid, 2013.

Prólogo y Novelas amorosas y ejemplares: enlace.

Siempre hemos vivido en el castillo, Shirley Jackson

Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amatita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto.


IMG_20170729_113628560

Siempre hemos vivido en el castillo, Shirley Jackson. Ed. Minúscula, 2017. Trad. Paula Kuffer.

Este verano está siendo el verano de las emociones, de los libros que trascienden la página para provocarnos. En junio comencé Trece cuentos de Luisa Carnés y con ella la triple punzada de la guerra, la cárcel y el exilio. Sus cuentos dejan vacío; te destrozan porque sabes que no hay ese salto con red que es la ficción: esta es la realidad. La ola de calor me pilló leyendo El frío, de Marta Sanz, su fría prosa que se te cala hasta los huesos; sus frases que se clavan en el corazón para destruir eso que llamamos el amor romántico. La atmósfera de ensoñación propia de esta época la recuperé con Fleur Jaeggy y Los hermosos años del castigo (reseñado aquí). Tras ella fui cayendo en la oscuridad hasta llegar a Shirley Jackson.

Siempre hemos vivido en el castillo retuerce tus nervios, tensa la acción para que ni siquiera te relajes cuando parece que nada pasa, que todo está en calma. Calma que tú sabes -vaya si lo sabes- es preludio de algo que ni imaginas. Este es un cuento de hadas malévolo no solo por lo que hacen o sufren los personajes sino por lo que la autora nos hace a nosotros. Esa experiencia nos llevará a recorrer las estancias de la casa, la casa Blackwood. Permitidme que os la presente.

Estás delante de la casa, plantada. Si pudieras verte como te ve Merricat, huirías de allí sin pensarlo, dejando tus huellas en un camino que solo puede pisar ella. La casa Blackwood es su fortaleza, una ruina que a duras penas conserva el esplendor que algún día tuvo, cuando allí vivía una familia completa. Si descorrieran los pestillos y te invitara a entrar, mirarías con recelo cada esquina porque nadie puede olvidar que allí ocurrió una tragedia.

we_have_always_lived_in_the_castle_cover

La cocina

Allí solo quedan las hermanas Blackwood, Constance y Mary Katherine, y su tío Julián, inválido. Connie está en la cocina preparando pan de jengibre y ningún rincón de la casa puede escapar a su aroma. Los botes de conservas, los de mermelada…todo reluce en aquella sala luminosa. Constance prepara las comidas, pero nunca sale de casa, ni va a comprar; solo cultiva su jardín, ¿algunas plantas serán venenosas? Sabemos que al final la absolvieron. Sin embargo, sigue encerrada.

El comedor

La tragedia ocurrió aquí. Por eso rechazas sentarte esperando que la visita sea rápida. Ellas saben que estás incómoda y les divierte. Por eso, te acercan la taza de té ¿con azúcar? Apenas tocas la taza y la dejas en la mesa. Todas sabemos que no te la vas a beber porque tienes miedo. Jonas, el gato de Merricat, merodea por la sala, buscando a su dueña.

El jardín

Mientras, Merricat da paseos por el jardín y se siente segura porque nadie puede traspasar sus límites. En su territorio. Y no hay nada más valioso para ella que sus refugios, sus escondites. Su objetivo es preservar la casa de todo contacto con el exterior, con los otros. Bienvenidos al tratado de la claustrofobia. Le molestan las visitas y no sabemos hasta qué punto será capaz de impedirlas. Podría contar las veces que revisa los candados para asegurar la puerta, pero entonces caería en su obsesiva trampa (creo que ya me ha atrapado).

El pueblo

El rimo del relato lo marca el contacto con los otros. Solo se nos cuenta una visita al pueblo, al odioso pueblo con sus odiosos vecinos, inquisitivos, burlones, asustadizos, que no soportan lo que queda de la familia Blackwood; y Merricat es un hervidero de odio hacia ellos. Volverá la calma en las escenas en las que la familia convive ajena al mundo, dentro de su rutina. La visita de Helen Clark o la del primo Charles nos llevarán de nuevo a momentos de tensión hasta que alcancemos el clímax de la novela. Tal es el suspense que paso de puntillas por la trama para dejarla intacta.

jackson-e1323813921628

Shirley Jackson (San Francisco, 1916- Vermont, 1965)

El ritmo y sus perturbadores personajes hacen de Siempre hemos vivido en el castillo una obra atípica y difícil de olvidar. Para ello, la autora utiliza recursos propios de las leyendas y los cuentos tradiciones para dar forma a una oscura narración. Los personajes se mueven en el terreno de lo inestable, puedes ver las grietas y eres consciente en todo momento de que aquello va a quebrar por algún lado. Así, Jackson demuestra que es una maestra en esto de sostener la tensión hasta hacerla insoportable para luego conseguir que todo explote ante tus ojos.

No has probado el té y ya tenéis que iros (lo estáis deseando). ¡Oh, Merricat! Esta ha sido la última visita.


Mi experiencia lectora de este verano continuó en la oscuridad de los relatos de Marie Luise Kaschnitz en La sonámbula y más relatos inquietantes, una maravilla literaria; más tarde me dejé atrapar por la absorbente historia de Viento del norte, novela con la que Elena Quiroga ganó el Premio Nadal en 1950. Habrá reseña, pero por ahora, veremos qué otros libros me trae septiembre; en el aire resuenan nombres como Mariana Enríquez o Flannery O’Connor (y repetir siempre con Luisa Carnés y Marta Sanz).

Emilia Pardo Bazán | Una guía de lectura

emilia-pardo-bazc3a1n_bealuke1

Ilustración de @BeaLuke

A estas alturas ya sabemos que Emilia Pardo Bazán fue una escritora prolífica que no temía género ni tema, y su insaciable curiosidad la llevó a probar todas las tendencias que surgían en Europa. Escribió tanto y tan variado que a veces podemos encontrar dificultades a la hora de elegir por dónde empezar con Doña Emilia. Por eso, os traigo una pequeña guía de lectura que espero pueda ayudaros a encontrar la obra que mejor encaje con vuestros gustos e intereses. O a lo mejor, que os anime a arriesgaros con algo totalmente diferente. Emilia tiene un libro que lleva tu nombre.

*

 

VIRGINIA WOOLF

Si os gusta el ensayo feminista y Una habitación propia es vuestro de libro de cabecera, vais a encontrar un material muy interesante en La mujer española. Es la recopilación de ensayos en los que Emilia Pardo Bazán denuncia la situación de las mujeres en España. También incluye cartas y cuentos de temática feminista.

Puede que estés atravesando una fase de crisis lectora y ninguna obra de ficción consiga llenar ese vacío. Quizás te interese conocer de primera mano la Historia de la Literatura con su ensayo La cuestión palpitante. En la época, su publicación montó un auténtico follón porque se entendió como una defensa del Naturalismo. Ni siquiera ella lo veía así, pero tuya es la reflexión final.

edith-wharton

¿Estás enganchada a las novelas de Edith Wharton o Charles Dickens? Entonces lo que te va es una crónica social que no escatima en críticas a la hipocresía de la sociedad o retratos de las miserias humanas. Su equivalente gallego es Los pazos de Ulloa. En este enlace está la entrada que dediqué a la novela, que trata temas como el maltrato a las mujeres.

solterona

 ¿Vibraste con Solterona el año pasado? Las vivencias de Kate Bolick y su defensa de la independencia femenina tienen mucho que ver con Feíta Neira, el personaje feminista de Memorias de un Solterón. En esta novela, Pardo Bazán reflexiona sobre el matrimonio y la emancipación de las mujeres a través de una joven rebelde que prefiere trabajar y rechaza el matrimonio.

Cubierta_TeaRooms¿Tuviste un flechazo instantáneo con Tea-Rooms de Luisa Carnés? Si es así, seguro que te quedaste con ganas de seguir leyendo las historias de las mujeres obreras. Debes saber que la primera obra sobre el proletariado la escribió Doña Emilia. La tribuna está contada desde la perspectiva de las trabajadoras de la Fábrica de Tabacos de La Coruña. De hecho, es fruto del trabajo de investigación de la escritora que entrevistó a las mujeres que allí trabajaban.

Si sientes una profunda atracción por los poetas malditos como Baudelaire o por el estilo oscuro de Oscar Wilde, La Quimera o La sirena negra son las opciones perfectas para ti. Las últimas novelas de la escritora gallega se tiñen de decadentismo y abordan temas más espirituales con gran protagonismo del arte y la muerte.

bovaryTodo el mundo sabe que eres fan de la novela clásica decimonónica y Madame Bovary está entre tus novelas favoritas de todos los tiempos. Doña Emilia, al igual que Flaubert, también llevó a la ficción el tema de la libertad amorosa de sus protagonistas en dos novelas: Un viaje de novios e Insolación. De esta última tenéis el comentario aquí.

¿Todavía nada? Si no te convencen estas novelas, puede que entre sus cuentos (escribió más de 600) encuentres tu flechazo. Según la temática, estos son algunos de sus relatos más famosos:

Policiaco: “La cana” o” En tranvía”; Violencia de género: “El indulto”; Galicia: “Cuentos de Marineda”; Misterio: “La madrina”, “Los zapatos viejos”, “El conjuro” o “La calavera”, Fantasía: “Fantasía”; Amor: “El fantasma”, “La perla rosa”; Navidad: “La Nochebuena del carpintero”, “Los magos”; Denuncia de la situación de las mujeres: “Náufragas”, “Banquete de boda”, “Champagne”.

Y para terminar, os dejo una lectura que nadie podrá rechazar: su recopilación de recetas en La cocina española antigua.

¡Qué os aproveche la lectura!

PD. No dudéis en comentarme vuestras impresiones emilianas, si os decidís por alguna de sus obras.

*Esta entrada forma parte del proyecto “Adopta una autora” para la visibilización de las escritoras. 


Próximas entradas

Septiembre: Cómo ser mujer en el siglo xix (4): La Tribuna y las mujeres obreras.

Noviembre: Cómo ser mujer en el siglo xix (5): La Quimera y la femme fatale.

Los hermosos años del castigo, Fleur Jaeggy

improvvisamente, germogli di verde, verdeazzurro
come acqua
sopra quanto è distrutto
sopra quando è distrutto lo splendore –

Laura Pugno.


Hay como una exaltación, leve pero constante, en los años del castigo, en los hermosos años del castigo.

Vuelvo del Appenzell como quien despierta de un sueño largo y pesado. A destiempo. Y es que todo lo que aquí se cuenta está envuelto en un aura de ensoñación de la que es difícil desprenderse. Los hermosos años del castigo (Milán, 1989) comienza con una anécdota literaria y maldita que nos arrastra hasta este internado, situado en un remoto cantón suizo. Leer estas primeras líneas supone caer en el hechizo de Fleur Jaeggy, sin remedio, y dejarse llevar por su prosa oscura y elegante, bajo una aparente sobriedad que solo oculta una pasión reprimida.

Los hermosos años del castigoEsta novela corta cuenta la historia de una muchacha (trasunto de la autora) que rememora sus años de niñez y adolescencia siendo estudiante, en diferentes internados. En concreto, a sus 15 años, su estancia en el Bausler Institut marcará profundamente su recuerdo, no por lo excepcional de su educación, sino por una persona, una compañera llamada Frederique. Estamos ante el relato de la fascinación de la protagonista por otra joven, misteriosa e inalcanzable, sobre las que la autora construye una metáfora de la adolescencia.

La novela está compuesta por escenas de tremenda belleza, dando como resultado una joya literaria, una verdadera obra de arte. Las descripciones del paisaje, la decoración y, sobre todo, la figura de Frederique suponen una sucesión de cuadros. Todo ello da la impresión de que el ritmo se ha detenido, ajeno al mundo, en aquella isla. La reclusión a la que obliga el internado lo convierte en el escenario perfecto para transmitir la intensidad de las emociones que experimenta nuestra narradora. Poco espacio queda para la espontaneidad o la rebeldía, que apenas se añora; cada una de ellas lleva con naturalidad su condición de interna y también de privilegiadas, hijas de grandes familias europeas.

Noté en su mirada una veladura plúmbea y opaca, algo malvado en sus ojos, que a veces me parecían de color índigo, pero que solo eran musgo y pantano.

Los ingredientes que la convierten en una novela tan inolvidable beben también de la estética decadentista que se desarrolló a finales del siglo XIX. Por eso no es de extrañar que nos recuerde a Muerte en Venecia de Thomas Mann o a Brujas, la muerta de Georges Rodenbach. De hecho, en la primera página ya se nombra a Baudelaire, por lo que la inspiración de los poetas malditos no parece casual. El momento en el que me di cuenta de que estaba ante una representación decadentista fue al leer esta frase:

Pensaba en ella como en una medialuna, en un cielo de Oriente. Mientras duermen, les corta la cabeza

¿Luna? ¿Cortar cabezas? ¡Es Salomé! Fleur Jaeggy hace un guiño al mito de Salomé, llevado al teatro por Oscar Wilde, texto en el que se asocia a Salomé con la luna. Por un lado, la Diosa de la Luna era representada como una mujer destructora, atributo compartido con Salomé, la decapitadora. Por otro, el decadentismo, brutalmente misógino, asocia la mujer a la luna porque ambas reproducen un reflejo, lo que apoya su tesis de que las mujeres no son creadoras sino que solo sirven para copiar (por eso son buenas actrices). Ejem.

fleur jaeggy

Fleur Jaeggy (Zurich, 1940)

Luego, se fueron revelando el resto de referencias decadentistas:

  • El tópico de la ciudad muerta como expresión del ánimo del personaje. La propia narradora hace continuas alusiones a la vejez (de sus manos) a las ruinas o a la muerte. Lo mismo ocurría en Venecia (la peste) o en Brujas (ciudad vacía).

Una doble imagen, anatómica y antigua. En una, corre y ríe, y en la otra yace en una cama, cubierta por un sudario de encaje. Su misma piel lo ha bordado.

  • Hiperestética: el decadentismo surge como oposición al materialismo naturalista. De ahí la exaltación de la belleza, el arte como estilo de vida. Esto pide un lenguaje ágil pero pausado que recuerda a la poesía. Las novelas pasan a ser estudios estéticos y de emociones. Así ocurrirá con Los hermosos años del castigo, al igual que en su tiempo con Del revés de Huyssmans o La Quimera de Emilia Pardo Bazán (sí, Doña Emilia también se dejó cautivar por la tendencia decadentista).
muerte-en-venecia-impresionismo1

Muerte en Venecia, Visconti. Un cuadro en movimento.

Me parecía que su expoliación era un ejercicio espirtual, estético. Solo un esteta puede renunciar a todo.

  • La idealización de la mujer como un ser espiritual con el que no hay contacto físico. Frederique es esa idealización con un toque trágico; juntas comparten paseos, reflexiones precisamente sobre la estética, siempre contenidas, sin expresar sus sentimientos.

Desde lejos veo a Frederique, no tocada por la felicidad de las chicas y por la alegría. Frederique tiene la vista baja sobre un libro.

Esta inspiración no resta un ápice de originalidad al texto de Jaeggy, al contrario, pues la escritora recrea una emoción y un lugar con un lenguaje tan elegante y evocador que la convierte en una novela única. Además, si en los decadentistas sus planteamientos rozaban límites enfermizos, aquí en cambio todo fluye de manera más natural, sin tantas imposturas. Cada escena es un conjuro que invoca la belleza.

Y no desvelo más. Disfrutad sus 117 páginas hermosas. En otoño volveré a buscar más libros de Fleur Jaeggy.

 


Nunca hablamos de la guerra ni de la destrucción de su ciudad, luego resurgida. La pequeña bailarina nocturna había crecido, pues, sobre las ruinas.

Mis lecturas del “Adopta” (Ginzburg, Némirovsky, Byatt y Atwood)

A lo largo de estos meses de vida del proyecto Adopta una autora, he ido descubriendo nuevas autoras, pero al mismo tiempo también se encendía, de vez en cuando, una señal de atención ante escritoras que he ido posponiendo desde hace años, animándome a que les diera por fin una oportunidad. Aquí están recopiladas las lecturas elegidas y mi opinión sobre ellas. Ya os adelanto que todas han sido geniales lecturas y no han hecho más que confirmar lo que ya sospechaba: estamos rodeadas de escritoras fantásticas, invisibilizadas sí, pero ya nunca más olvidadas. ¿Quién más se ha animado a elegir lecturas guiándose por Adopta? Si no sabéis que leer este verano siempre podéis dar una vuelta por su web.

 

Y esto fue lo que pasó, Natalia Ginzburg o la eterna pendiente. Y os podéis preguntar, ¿cómo una lectora insaciable de Carmen Martín Gaite pudo obviar las referencias a la Ginzburg? Sí. Hace años atravesé una fase Martín Gaite lo que significa que me leía todo lo que hubiera escrito (os recomiendo Entre visillos y Usos amorosos de la posguerra española) y esta escritora menciona a Gizburg en sus obras y yo lo veía y seguía dejándola en “pendientes” (¡MAAAL!). Después de leer las entradas de Raquel decidí que ya estaba bien, era el momento de leerla. Me he estrenado con su segunda novela, un texto confesional, breve y sin embargo suficiente para dar prueba de lo excelente narradora que es. Te envuelve entre la cotidianidad y la profunda reflexión psicológica con la que retrata a cada personaje y va directa al fondo de las frustraciones, construyendo un relato melancólico donde los sentimientos estallan (desde el inicio). Recordatorio: repetir pronto la experiencia con Naty siguiendo las sugerencias de El momento de Raquel.

*

El baile, Irène Nemirovsky. De nuevo otra obra primeriza y juro que no fue intencionado: la casualidad me fue llevando a cada libro. Encontré esta pequeña novela en una librería de segunda mano, con el radar de autoras siempre encendido. Hace un año ni siquiera hubiera reparado en ella, pero entonces ya tenía en mente las entradas de Pilar, esa fascinante biografía que recoge en su blog de esta escritora discreta. Bajo esa apariencia se esconde una narración incisiva y directa, con mucha fuerza. El hecho de que sea una novela corta es el medio perfecto para condensar la tensión de la familia protagonista. Unos personajes insufribles, llenos de complejos y guiados de manera egoísta hacia un baile nada convencional. Su retrato da en los puntos clave de tal forma que acabaremos poniéndonos en la piel de cada uno. Aquí os dejo el enlace a la reseña completa en el blog de Pilar.

 

El libro negro de los cuentos, A. S. Byatt. Esto va a ser difícil de explicar. Mientras leía “Una mujer de piedra” iba sintiendo un poco de ansiedad, me abrumaba de tal manera que tenía que parar de leer y así un solo relato me duró varios días. En cada lectura sufría un pequeño stendhalazo ante la belleza de lo que me estaban describiendo. El cuento trata sobre la transformación física de una mujer en piedra, una metamorfosis que arraiga en la mitología islandesa. Nos explica cada leve cambio con tal minuciosidad, reparando en la textura o el color con tal precisión que sentimos cada descripción como si la estuviéramos viviendo ante nuestros ojos. Nunca había leído nada parecido, con esa calidad en el lenguaje y tan palpable. Y eso solo con uno de los relatos, que ya se ha convertido en mi preferido. El resto de la colección es redonda. Los relatos están conectados por la muerte y la literatura, el maravilloso y misterioso arte de contar, de crear mundos con las palabras como hace la propia Byatt (o Antonia, como me gusta llamarla, porque ya es parte de esta casa). Y no sé si acabaré haciendo un comentario más extenso por que cada uno de ellos tiene muchísima miga (reflexión en voz alta). Para dejaros fascinar por esta mujer, podéis echar un vistazo a la biografía realizada por El bosque de Marbaden.

*

La mujer comestible, Margaret Atwood. ¿Quién no ha deseado salir corriendo (literal) ante una situación incómoda? Y hemos reprimido el impulso. Marian, no. Ella huye de todas las formas posibles, con su mente y con su cuerpo. Ese cuerpo que revela la ansiedad de una joven que se siente atrapada. Pero, ¿qué podía esperar una chica en esa época? Buscar un trabajo anodino y provisional hasta que llegara ÉL, se casaran y todo se arreglara. ¿Y si el matrimonio tampoco soluciona nada? Margaret Atwood reflexiona sobre la situación de las mujeres en los 70, antes de la explosión de los feminismos, a través de metáforas y esa fina ironía que tantas alegrías nos da. Marian experimentará una transformación a lo largo de todo el libro: dejará de comer carne y otros alimentos, se dejará llevar por Duncan, un joven narcisista; y todo narrado con una precisión que nos hace sentir asco como ella, incluso masticar con ella. Se nota que Margaret es hija de una entomólogo y una nutricionista: en esta obra fusiona las dos disciplinas. Es una narración que va desde el estómago a la mente tan increíble que decidí volver a releerla este año cuando ha sido adoptada por @Eibi82 en Ajuste de Letras, ¡y no podía tener mejor representante! Si seguís sus entradas, ¿acaso alguien puede resistirse a no probar una y otra vez la droga atwoodiana?

Por eso, no dudéis ni un minuto en comenzar a leer autoras adoptadas o cualquier escritora que os llame la atención porque no quiero que os perdáis la satisfacción lectora que producen. Solo así podremos cambiar la situación literaria actual, dominada por los hombres (atrincherados en sus cómodos sillones del canon), mientras las mujeres trabajan incansables, con todo en contra, por ofrecernos unos textos maravillosos que a menudo quedan olvidados.

 

Las fichas de mis autoras adoptadas: Emilia Pardo Bazán y Zadie Smith.

chicas leyendo playa

Life vía Women Reading

Los hombres me explican cosas, Rebecca Solnit

La violencia doméstica, el mansplaining, la cultura de la violación y el derecho sexual están entre las herramientas lingüísticas que redefinen el mundo con el que muchas mujeres se encuentran cotidianamente y abren el camino para comenzar a cambiarlo.


sonit

Traducción de Paula Martín · Capitán Swing, 2016.

[*En esta entrada confluyen mis impresiones después de leer el libro de Rebecca Solnit, su mensaje y cómo este dialoga con diversos fragmentos de las reflexiones de la socióloga y feminista Charlotte Perkins Gilman, nacida en 1860]

El mansplaining es la punta del iceberg. Es el primer paso para silenciar a las mujeres, para minar su confiaza. Y así aislarlas hasta que desaparezcan sus voces. Un desprecio hacia la opinión de las mujeres que ya vienen denunciando escritoras a lo largo de los siglos. Por eso Rebecca Solnit nos explica su Virginia Woolf o relee a Susan Sontag. Por eso es importante escuchar a las que nos precedieron.

When women suggest that it could be done differently, their proposal is waved aside -they are “only women” -their ideas are “womanish”. [En The Man-Made World]

Lo que nos cuenta Solnit no nos es ajeno ya que estamos acostumbradas a que la opinión masculina sea siempre la de los expertos, la que hay que escuchar y respetar; la voz canónica y profesional, ¿incuestionable?. Por supuesto que la tenemos que cuestionar pero es bien difícil hacerlo cuando te han ridiculizado o amenazado por defender tus ideas; cuando han eliminado toda influencia femenina en la historia, dejándote desarmada.

Fiction, under our androcentric culture, has not given any true picture of woman’s life, very little of human life, and a disproportioned section of man’s life. [En The Man-Made World]

Primero fue Casandra, la representación perfecta de cómo destruir la credibilidad de las mujeres. “Las mujeres son mentirosas por naturaleza.” Ahora repítelo una y otra vez hasta que se convierta en la norma. Luego está esa manía de tergiversar las palabras de las mujeres; no aceptar el no. El no que es porque nuestra opinión no cuenta. Sabemos que esto no nace de un día para otro. La educación y aleccionamiento al que nos someten ha surtido su fruto durante demasiados siglos, no grites, cierra las piernas, busca siempre la aprobación masculina. Deja que crezca esa costra monstruosa de inseguridad alrededor de tu libertad.

This ultra lilltleness and ultra femaleness has been demanded and produced by our Androcentric Culture. [En The Man-Made World]

ana teresa fernández

“Telaraña”, Ana Teresa Fernández. Cuadro al que Solnit hace referencia en su artículo “Abuela araña”.

We have a world wherein men, industrially, live in the twentieth century; and women, industrially, live in the first -and back of it. [En The Man-Made World] 

Después llega la invisibilización física: el velo, relegarnos al espacio del hogar. Allí donde nadie nos ve, ni nos escucha. Y que no se te ocurra quejarte o defender tus derechos. Serás una histérica. Maldita palabra que ya en su significado no puede ser más machista. Silenciar también se consigue aislando. Una mujer sin referencias, sin árbol genealógico femenino está sola. De ahí que se elimine la influencia de las mujeres artistas. Si todo esto no sirve y ellas acaban descubriendo su genealogía, y junto a otras defienden sus derechos en las redes sociales, llegarán las críticas y las amenazas que solo son otra manera de decir CÁLLATE.

Harriet Martieau must conceal her writing under her sewing when callers came, because “to sew” was a feminine verb, and “to write” a masculine one. Mary Someville must struggle to hide her work from even relatives, because mathematics was a “masculine” pursuit. [En Women and Economics]

El mansplaining es el resultado de una  educación que da el poder a los hombres y el descrédito a las mujeres, relegadas a un plano secundario. Pero solo es el principio. Las agresiones hacia las mujeres buscan su silencio y sumisión. Una mujer que tiene miedo a salir por la noche o a viajar sola es vulnerable. Vulnerable, vulnerable y vulnerada hasta llegar a la forma más extrema de anulación: el asesinato.

A woman, a spaniel, and a walnut-tree –the more you beat ‘em, the better they be. [Handbook of Proverbs of All Nations, en Women and Economics]

rebecca solnit elle

Rebecca Solnit (San Francisco, 1961) · Elle

Los hombres me explican cosas es una colección de ensayos sobre todas las maneras que existen de invisibilizar y anular a las mujeres en nuestra sociedad; Solnit se apoya en ejemplos mitológicos e históricos, en anécdotas de su vida personal y en terribles sucesos recientes para denunciar esta condena del silencio, degradante y violenta. Sin embargo, frente a los continuos obstáculos que nos limitan, permanece la esperanza. La esperanza de la lucha y la revolución que es el feminismo. Por eso, entre novelas con historias apasionantes, resulta muy estimulante introducir ensayos feministas de este tipo que nos recuerdan las lagunas de nuestro conocimiento y nos dan las armas necesarias para cambiar nuestro futuro y defender nuestra libertad.


“Sus demandas de liberación de la mujer no eran únicamente el que pudiesen realizar parte de las tareas institucionales que hacían los hombres, sino el tener total libertad para vagabundear, geográfica e imaginariamente”, Virginia Woolf.