Nawal El-Saadawi + recomendaciones

La esperanza es poder. En prisión, bailaba para animarme. Nunca me he rendido. Pero lo que más me preocupa de Egipto es lo mismo que me inquieta del resto del mundo. No es posible separar lo local de lo global. Vivimos en un único mundo, no en tres, y está dominado por el mismo poder capitalista, patriarcal y religioso.


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Cuando era pequeña, me fascinaba Egipto y su cultura; me rodeaba de libros sobre la Época Antigua, históricos o de ficción. Lo que tenían en común era que siempre contaban la historia de los hombres. Entonces llegó Nawal El-Saadawi (1931), una mujer brillante y valiente que, en sus obras, relata las dificultades de una chica joven egipcia en una sociedad patriarcal. En un país en el que las mujeres permanecen ocultas ella decide hablar. Nawal El-Saadawi se rebela ya desde niña al cortarse el pelo, después al elegir estudiar Medicina y ejercerla en un mundo de hombres. Luego vendrán cargos políticos, directora de Salud Pública o consejera de la ONU para el programa Mujeres en África, pero sus opiniones resultan incómodas y acabará en la cárcel. Nada consiguió cambiar o suavizar su discurso; en vez de eso la represión y la censura la impulsaron a seguir con sus reivindicaciones y su activismo contra la mutilación genital femenina (que ella misma padeció). Sus palabras y su vida son un ejemplo de lucha por los derechos de las mujeres.

En Memorias de una joven doctora nos encontramos un texto autobiográfico cuyos episodios centrales vienen acompañados de una carga emocional que le aporta una matiz muy íntimo. Habla directamente al lector, pero casi parece que dialoga consigo misma para poner en orden sus recuerdos y contradicciones. El-Saadawi creció en una familia conservadora donde su hermano era el centro y ella, más inteligente y capaz, tenía que resignarse a un segundo plano, recatado e inmóvil. Sin embargo, ella no podía parar. En su relato el cuerpo va a tener un protagonismo fundamental; a través de él observamos las diferencias que la cultura ha impuesto a los chicos y a las chicas, y la mirada de una joven doctora sobre los cuerpos muertos, frágiles, donde el hombre aparece desprovisto de poder.

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Memorias de una joven doctora, Lumen (2006).

El enfrentamiento con el mundo que la rodea la lleva a apartarse de él y buscar refugio en una zona rural. Este aislamiento no arreglará su conflicto entre el cuerpo y sus ideas y tendrá que ir superando nuevos obstáculos. Ella es mujer y doctora lo que dificulta ganarse el respeto de la sociedad. No decae y en sus palabras, tan reconfortantes, encontramos auténticas lecciones de vida. Ninguna de sus decisiones es un error sino una oportunidad de aprendizaje, siempre con la búsqueda de la libertad como meta.

La relación con los hombres que aparece en Memorias… es otro ejemplo de la opresión masculina. Su primer marido se vuelve cada vez más controlador y ella acabará divorciándose. La escritora sabe bien que la independencia es un arma contra el control y por eso, en sus entrevistas, repite una y otra vez esa necesidad de autonomía unida al poder de la esperanza. Mi próximo paso es leer sus novelas, basadas en sus propias experiencias y que seguro ayudarán a entender la realidad de las mujeres de su tiempo en un Egipto que, en sus palabras, no ha cambiado mucho desde entonces.

Al terminar este libro de memorias, me queda la sensación de que me hubiera gustado leerlo hace años. Creo que es una lectura muy inspiradora en los años anteriores a empezar la Universidad, antes de tomar la decisión. Su escritura sencilla y emocional consigue diluir los prejuicios de la adolescencia y que veamos con más claridad. Además, su estilo consigue que nos podemos identificar con su historia, a pesar de la distancia temporal y espacial, y es un buen punto de partida para empezar a cuestionar la represión impuesta a las mujeres.

Este es el punto débil en el que los hombres se apoyan para conseguir el control sobre una mujer: la necesidad de protegerla de otros hombres. Los celos del macho sobre su hembra. Él dice temer por ella, cuando en realidad teme por sí mismo, dice estar protegiéndola pero lo que quiere es poseerla y rodearla de un muro.


Conocer las historias de las mujeres a través de su propia experiencia es tremendamente interesante y hermoso. Algunas utilizan el género autobiográfico y otras prefieren la ficción basada en sus vivencias. En todo caso, las diferentes perspectivas nos acercan, sus relatos nos ayudan a no sentirnos solas. Repasando mi cuaderno de lecturas he querido aprovechar esta entrada para compartir algunas lecturas sobre escritoras que nos cuentan la vida en otro tiempo o en otro lugar, no tan diferente ni tan lejano. Mujeres que hacen nuestra historia común #sororidad.

RECOMENDANDO ESCRITORAS:

Apuntes autobiográficos de Emilia Pardo Bazán que podéis leer aquí.

Los usos amorosos de la posguerra española, Carmen Martín Gaite.

Solterona, Kate Bolick. Ver entrada.

Tea-Rooms, Luisa Carnés. Ver entrada.

La mujer nueva, Carmen Laforet.

Mujeres de negro, Josefina Aldecoa (Segundo libro de la trilogía que empieza con Historia de una maestra)

Una habitación propia, Virginia Woolf.

El cuaderno dorado, Doris Lessing.

Women and Economics, Charlotte Perkins Gilman.

Manual para mujeres de la limpieza, Lucia Berlin.

Escucho el silencio, Mercedes Formica.

Y, aunque no los he leído todavía, muy arriba en mi lista de pendientes: La lección de anatomía y Clavícula de Marta Sanz.


¿Habéis leído alguna de estas lecturas? ¿Se os ocurren más libros sobre experiencias de escritoras? Si teneís alguna recomendación, no dudéis en comentar; estoy deseando conocer más libros para continuar mi viaje por las historias de las mujeres :).

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