Mi vida querida, Alice Munro.

Ha empezado el día que sin duda recordaré toda la vida. Llevo mi vestido de crespón verde recién sacado de la tintorería y enrollado con esmero  en mi pequeño  bolso de viaje. Mi abuela me enseñó que el truco para que la ropa no se arrugue es enrollarla bien prieta en lugar de doblarla.  Supongo que me tendré  que cambiar en algún lavabo.


 

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“La verdad es que en el amor nada cambia demasiado”, termina el relato “Amundsen”, contenido en la colección Mi vida querida de Alice Munro. Y es que ¿de verdad cambia tanto las cosas? La vida está llena de repeticiones, de elecciones que nos devuelven al mismo lugar. Alice Munro (Ontario, 1931) habla en sus cuentos de la vida de las mujeres con una aparente sencillez de lenguaje y trama para sacar a la superficie pequeñas complejidades, ya conocidas, quizás obviadas. Y mientras, Alice va extrayendo las partes de los conflictos, desenredado una historia –con  sus pausas y silencios- que nunca es ajena.

El relato comienza con una viaje hacia un nuevo trabajo, una mudanza. El frío y la sensación incómoda y triste que conlleva estar rodeado de enfermedad, configura el escenario al que la protagonista va a tener que acostumbrarse. Predomina la neutralidad, la conformidad de esta muchacha que se mueve en una época de represión. Pero pronto veremos que también hay deseos canalizados, en este caso, a través del único hombre del relato. Su relación es un ensayo de las pasiones que nunca han sido mostradas. La escritora escribe sobre las elecciones que tomamos y aquellas que nos obligan a tomar (los otros, las circunstancias). Aquí se representa un relato circular con un viaje de ida e, inesperadamente para ella, también de regreso: que es a la vez otra ida, otro comienzo. Detrás de todo ello, queda la huella que van dejando esos lugares, esas experiencias nuevas y extrañas y cómo acaban volviendo, aunque sea un segundo, para decirnos que seguimos siendo la misma persona. Esta colección de relatos termina con cuatro cuentos con inspiración autobiográfica que nos acercan a la infancia de la escritora.

Es magistral el enfrentamiento entre las banalidades del pueblo y la cotidianidad frente a la ebullición que concentra la protagonista en sus pensamientos. Además, este relato tiene una de las descripciones más perfectas y evocadoras que he leído nunca. Alice Munro nos demuestra una vez más el grandioso poder que tienen las palabras como instrumento de comunicación y de revelación de historias e imágenes.

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Si los relatos no son tus preferidos, te recomiendo La vida de las mujeres, donde toda la esencia de los cuentos se une para crear una novela inolvidable.

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Margaret Atwood.

“La humanidad es muy adaptable decía mi madre. Es sorprendente la cantidad de cosas a las que llega a acostumbrarse la gente si existe alguna clase de compensación.”

El cuento de la criada, Margaret Atwood.

Margaret Atwood

Margaret Atwood  (Bernard Weil/Toronto Star via Getty Images)

Buscaba a Margaret Atwood sin saberlo. Y la encontré recopilando información para un trabajo de latín. Lo cotidiano o la casualidad es, en ocasiones, la llave de los descubrimientos. Entre materiales de mitología aparecieron los poemas de esta escritora, para mí, desconocida. Unos meses después llegó el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y la oportunidad de escucharla en Oviedo. Entonces nació una admiración que fue creciendo a medida que iba leyendo sus obras.

Margaret Atwood nació en Ottawa en 1939 (qué tendrá Canadá que nos da tan buenas narradoras, entre ellas, Alice Munro, Premio Nobel de Literatura en 2013). Compaginaba su trabajo como profesora de Literatura inglesa en la Universidad con la escritura y en 1961 publicó su prr libro de poesía, Double Persephone. Pero será con sus novelas con las que adquiera un mayor reconocimiento. Entre sus obras más destacadas se encuentra La mujer comestible, Alias Grace, El cuento de la criada o El asesino ciego por citar algunas, ya que ha recibido numerosos premios literarios por todas ellas, y el nivel literario no deja de superarse novela a novela. En 2015, Lumen publicó Nada se acaba que permanecía inédita en castellano, y en el que -en palabras de Marta Sanz-, “construye un relato agudo y nada convencional sobre la identidad en el amor.”

Su estilo es rompedor, su lenguaje directo y las historias que cuenta, a pesar de partir de una metáfora, nunca ocultan el retrato y la crítica política y social de nuestra realidad. Más que retrato es una disección precisa y cierta. Crea mundos nuevos, paralelos al nuestro; todo adquiere cierta distancia, para observar mejor, para entender mejor. Las protagonistas de sus obras son mujeres que luchan contra convenciones impuestas, que tendrán que desenvolverse en situaciones difíciles. La ironía y el ingenio que irradian sus páginas se convierten en un vicio saludable para lectores curiosos que no se conforman con lecturas ligeras.

Aunque la lectura más impactante y genial que podría recomendar de Margaret Atwood es El cuento de la criada, he elegido para la sección LECTURAS una obra muy especial, Penélope y las doce criadas. En esta novela se muestra la escritora más divertida y cómplice con el lector, además de dar voz a uno esos personajes silenciados que encontramos en la mitología.

Os dejo con unos versos de aquel poema que descubrí hace años y que fue la puerta abierta hacia Margaret Atwood y sus tesoros literarios.

“[…]Como una semilla roja en la mano
que olvidaste que aprietas,
llevas tu amor…
Él necesita ver para creer
y está oscuro.
Atrás, atrás…, le susurras,
pero quiere que vuelvas
a alimentarlo, Eurídice,
puñado de tul, pequeña venda,
soplo de aire frío,
no se llamará Orfeo
tu libertad… “

 Eurídice, Margaret Atwood.