Lazos de familia, Clarice Lispector.

“Y como una mariposa, Ana sujetó el instante entre los dedos antes de que desapareciera para siempre.”


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Mayo es el mes del relato corto, aunque para mí es todo el año ya que es el género al que más acudo. Mis escritoras favoritas, desde Emilia Pardo Bazán a Zadie Smith, han escrito relatos que se han convertido en piezas valiosísimas dentro de su producción y que revelan hasta qué punto puede llegar su prodigio literario. Los cuentos engloban lo mejor de la literatura y, en pocas páginas, revelan las claves de la ficción. He elegido dos colecciones de relatos cortos de dos autoras bien distintas pero con, al menos, una cosa en común: la introspección femenina presente en sus obras. Lazos de familia de Clarice Lispector y Mi vida querida de Alice Munro son las escritoras con las dedico este mes al relato corto desde el blog.

Hace años que dejé a un lado los libros en los que lo importante es “cómo termina”, “qué pasa al final” para disfrutar de todo el recorrido ficcional que ofrecen otro tipo de lecturas y autoras que serán las que vaya apareciendo por este blog. En mi búsqueda llegué a Lazos de familia donde Clarice Lispector utiliza como instrumento la palabra estática, desprovista de acciones, que  revela un dolor, una pérdida, un amor. De lo cotidiano surge un elemento que remueve a los personajes por dentro: lo que no están dispuestos a contar pero sienten. Clarice Lispector desnuda el alma de los personajes y, desde dentro, los sacude y extrae sus anhelos más íntimos, sus miedos. El hilo conductor de esta colección de relatos es lo familiar, las tradiciones, que se configuran como excusa para explorar nuestros sentimientos más profundos. Como ya hice con la colección de relatos El libro de los otros, vuelvo a seleccionar dos relatos que son, para mí, el ejemplo perfecto de los territorios en los que se mueve la autora brasileña.

“Misterio en San Cristóbal”.

Los elementos característicos de este relato son lo onírico, la mezcla de ensoñación, realidad y un ambiente festivo y folclórico para contarnos un episodio concreto en la vida de una familia: la celebración de una festividad. La tradición se encuentra contada mediante un fuerte simbolismo anclado en la naturaleza y los elementos. La noche, la familia, lo salvaje del ser humano. Por un lado, los tres hombres animalizados (un gallo, un toro, el demonio) identificados con la fuerza sexual, el pecado. Por otro, una joven descrita como blanca y pura al igual que los lirios del jardín. El mismo lirio que amanecerá herido, señal que solo será capaz de percibir la abuela. Durante esa noche se produce una violación, narrada a través de los símbolos: la víctima cosificada en el lirio, símbolo de pureza y fragilidad. La consecuencia inmediata la podremos advertir en la descripción de las fluctuaciones de la edad , los intercambios entre la niña-mujer y la mujer-niña en unas pocas horas. Lo impercetible es materia relatable para Clarice Lispector

 “Amor”.

En “Amor” nos encontramos los opuestos: frente a la tradición de una fiesta anual, la rutina de una madre de familia. Las reflexiones de una ama de casa y su lucha interna frente a las convenciones sociales.  La acción es simple: un viaje en tranvía, un hecho concreto que perturba la calma y estabilidad de la vida de la protagonista. El paso del tiempo se manifiesta en las referencias al crecimiento de los hijos, la mañana que sucede a la noche y así va pasando el día que nos relata la autora. Una cierta monotonía como pilar de la clave que sustenta esta familia: “Ella había apaciguado tan bien a la vida, había cuidado tanto que no explotara”. Este relato se asienta sobre la oposición, el juego de contrarios: el control/el desconcierto, asco/fascinación, riqueza/podredumbre, calma/culpabilidad, humor/tristeza. Aquí se desvela la perturbación a la que estamos expuestos, el riesgo de amar y de vivir.

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Clarice Lispector.

“Tengo miedo de escribir, es tan peligroso. Quien lo ha intentado, lo sabe. Peligro de revolver en lo oculto – y el mundo no va a la deriva, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que colocarme en el vacío.”


 

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A los pocos meses del nacimiento de Clarice Lispector (Ucrania, 1925),  su familia se instala en Brasil, primero en Recife y luego en Río de Janeiro. Allí estudió Derecho para, posteriormente casarse con un diplomático; circunstancia que la llevará por Europa y América. A su vuelta a Brasil, desarrollará su actividad periodística junto con la escritura. Ha publicado Cerca del corazón salvaje, La ciudad sitiada, Lazos de familia, La pasión según GH o La hora de la estrella.

Fue en 2015 cuando, leyendo entrevistas a escritoras como Jenn Díaz, comenzó mi interés por esta escritora brasileña, citada por numerosas autoras como referente principal. Con gran curiosidad me acerqué a Cerca del corazón salvaje, su primera novela, escrita cuando tenía 19 años. Su literatura no solo apela a los sentidos si no que la materia prima de la que se sirve es lo sensorial. Las palabras se difuminan  para dejar paso a los sentimientos que provocan. En primera persona, las protagonistas sienten y piensan, en una espiral de reflexión que deja en segundo plano las acciones. No importa la trama tanto como las emociones: las descripciones y los hechos están al servicio de  la expresión más íntima de los personajes. Pero nunca responde del todo los interrogantes, queda el misterio, señal también característica de su literatura. Es difícil compararla con otros escritores pues su estilo se aparta de las convenciones y se deja llevar por su propia concepción de la literatura. Pero sí que se encuentran paralelismos con la prosa de Virginia Woolf y sus referencias próximas a la ensoñación y al lirismo. Sus reflexiones sobre la escritura y la vida son un testimonio valiosísimo y un gran aprendizaje. Leer a Clarice Lispector sería como salir de la zona de confort, explorar nuevas formas literarias para regresar luego a otros libros y poder apreciar los matices y los juegos ficcionales. Clarice Lispector nos abre los ojos.