Oso, Marian Engel

En la ciudad la mañana solo puede soportarse. Ya no hay amanecer, ni tampoco verdadera oscuridad. Lo único que queda, después de llover o de que hayan regado la calle, es el chirrido de las llantas en el asfalto mojado. Aquí, en cambio, Lou volvió a despertarse temblando y alzó la nariz como un animal. […] El mundo estaba cubierto de una tardía nieve primaveral.


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De nuevo una novela sobre una mujer que huye para alcanzar la libertad; esta vez a una isla remota al norte de Toronto. La protagonista, Lou, es una bibliotecaria que parece haber pasado toda su vida invernando. Trabaja en un instituto sobre la Historia de Canadá, estudiando mapas antiguos, clasificando libros olvidados y documentos en un sótano. Cuando se le presenta la oportunidad de catalogar la biblioteca de Coronel Jocelyn Cary en la isla que lleva su nombre, no lo duda y emprende un viaje que le cambiará la vida. Eso era exactamente lo que yo sabía cuándo cogí este libro.

Al igual que ante Lou se extiende un paisaje inabarcable y abrumador, Oso (1976) nos presenta una madeja de temas que según vayamos desarrollando nos rodeará hasta obligarnos a parar y coger aliento. A veces, la referencia a un tema será mínima por eso, al detenernos, cobrará todo el sentido. El tema de la naturaleza extenderá sus brazos hacia la oposición entre la vida en la ciudad y la vida en la isla, así como la supervivencia en un territorio hostil o el aislamiento.

Una señal de que la naturaleza nunca se rendiría, de que por muy depredador que fuese el hombre había cosas que escapaban a su control.

Además, esta es una novela feminista. Lou es una mujer insatisfecha en sus relaciones con los hombres y en su vida. Disfruta con su trabajo en la isla porque se siente libre y plena, algo que la tiranía de la ciudad no le permitía. Sola, sin depender de ningún hombre, sin que tengamos el clásico flechazo con algún lugareño que la salve, Lou descubre todo un mundo de libertad por ella misma. Tendrá que enfrentarse al machismo de Homer, también a ese sentimiento de culpabilidad que nace cuando una mujer hace lo que quiere. Engel aprovecha esta novela para criticar los usos de la sociedad que oprimen a las mujeres, creando un oasis de libertad: la isla.

Porque lo que le disgustaba de los hombres no era su erotismo, sino que dieran por supuesto que las mujeres no tenían. Lo que las confinaba al papel de amas de casa.

Y luego está el oso. Al principio vi en su relación una alegoría de ese abrazar la naturaleza, una vuelta al origen. Según iba avanzando, entendí que era una celebración de la libertad sexual de la mujer. Muy controvertida, eso sí, porque los orgasmos no los provoca el hombre. Y en nuestra cultura patriarcal, ¿puede haber algo más transgresor? Al final, da la impresión de que con oso o sin él, ella alcanzaría ese mismo final de autoconocimiento. Sin embargo, esta no es más que mi opinión. Marian Engel (1933-1985) ha escapado a los convencionalismos creando una novela totalmente significativa e inclasificable. Cualquier etiqueta se queda corta con la multiplicidad de interpretaciones que suscita.

Luego fueron a la orilla y en lugar de sacudirse a su lado, él se limitó a echarse y lamerle el agua del cuerpo mientras ella, de cara al cielo, dejaba caer las estrellas: una, dos, catorce, un millón…Parecían caerle encima, dispuestas a quemarla. Una vez alargó el brazo para coger una, tan cerca la veía, pero el resplandor se apagó en su mano, se apagó en la Vía Láctea.

De ahí que de me resulte muy difícil capturar todo el potencial de esta novela en estas palabras. Eso sí, lo que más me ha gustado del libro es su capacidad para transmitir con las descripciones. En increíble cómo desde el comienzo te atrapa con su estilo reposado y sus frases cortas, creando imágenes tan evocadoras que te trasladan a ese rincón canadiense de tanta belleza.

Y ahora, yo me pregunto ¿qué pasa con las autoras canadienses? ¿por qué describen tan bien? No sé si será porque tienen una relación con el paisaje, con su naturaleza, más intensa, que forma parte de su tradición. Pensemos en Margaret Atwood, Alice Munro, Marian Engel. De Alice Munro siempre recuerdo la que es mi descripción favorita: un lago helado en su cuento “Amudsen”. De Margaret Atwood su maestría para describir emociones: el asco de La mujer comestible, o la psicología en Alias Grace. Para alegría nuestra, son una fuente inagotable de obras hermosas que nos hacen cuestionar todo lo que nos rodea. Valiente Marian.

No puedo terminar esta entrada sin comentar la belleza de la ilustración de Gabriella Barouch en la siempre perfecta edición de Impedimenta. Es la única portada que he visto que refleja la sensibilidad de la novela sin quedarse en la superficie erótica, más comercial, pero que no hace justicia al texto.


¿Dónde he estado?, se preguntó. ¿En una vida que ahora podría considerarse una ausencia de vida?

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Alice Munro

“La memoria es la forma en que seguimos contándonos a nosotros mismos nuestras historias”, Alice Munro.


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Si yo, como lectora, fuera una casa, cuando leía a los que en algún momento fueron mis escritores favoritos (Paul Auster, Murakami o Vila-Matas) sus historias se quedaban en la puerta, me gustaban, reconocía su calidad, pero no conseguían superar la superficie; siempre se interponía una pared. Con las escritoras, sobre todo cuando las empecé a leer exclusivamente, fue diferente: su prosa me iba envolviendo y, no solo conseguían entrar, sino que llenaban todas las estancias. Sus historias forman parte de mi estructura: a veces la sostienen y otras sacuden mis cimientos.

Eso fue exactamente lo que me ocurrió cuando empecé a leer los cuentos de Alice Munro (Ontario, 1931). (Sí, no se me había olvidado que después de comentar uno de sus cuentos de Mi vida querida, todavía no le había dedicado una entrada). Ella me diría: “Déjate de casas, lo importante es tener una habitación propia”. Porque la joven Munro, siendo ama de casa, escribía sus relatos en el cuarto de la plancha durante las siestas de sus hijas. Antes de casarse ya tuvo que cuidar de su madre y ocuparse de sus hermanos. Después comenzó Periodismo y Filología inglesa pero abandonó los estudios para casarse. Aunque su vida parecía dedicada a los otros, con poco tiempo para desarrollar su genio, su impulso creativo la llevó a buscar pequeños momentos libres para ir plasmando sus ideas en el papel.

A los 30 consiguió publicar y por suerte, sus obras vieron la luz. Sus historias tienen mucho que ver con su infancia, la relación con su madre, con la religión. Todo envuelto en ese ambiente de quietud y aparente inamovilidad canadiense. Sin embargo, tras esos detalles sencillos y acontecimientos cotidianos, nos encontramos una radiografía de la sociedad en la que creció y, en especial, de la vida de las mujeres. Entre las escritoras que la inspiraron destacan tres: Eudora Welty, Flannery O’Connor y Carson McCullers, sin olvidar la huella de Chéjov, con el que a menudo se la ha comparado. Pero ella es única. En 2013 le concedieron el premio Nobel de Literatura. Me pregunto si alguno de los escritores galardonados experimentó tantas dificultades como las mujeres, si alguno tuvo que ocuparse de la familia, la casa y hacer malabarismos para escribir sus novelas. Supongo que la mayoría contaba con un despacho propio y tiempo para viajar y vivir aventuras que luego les servirían de inspiración. Si quieres conocer a mas escritoras de Nobel sigue este enlace.

Lo que está claro es que Canadá es un país que nos regala grandes contadoras de historias como Margaret Atwood y Munro. Además, gracias a la editorial Hoja de Lata sumamos otra más: Gabrielle Roy. En su página puedes encontrar más información sobre la obra y su autora.

Para leer más Alice Munro:

  • Dance of the Happy Shades,alice-munro2
  • La vida de las mujeres(Lives of Girls and Women, 1971), Lumen, 2011, novela.
  • Something I’ve Been Meaning to Tell You, 1974.
  • Who Do You Think You Are? o The Beggar Maid, 1978.
  • Las lunas de Júpiter(The Moons of Jupiter, 1982), De Bolsillo, 2010.
  • El progreso del amor(The Progress of Love, 1986), RBA, 2009.
  • Amistad de juventud(Friend of My Youth, 1990), De Bolsillo, 2010.
  • Secretos a voces(Open Secrets, 1994), RBA, 2008.
  • El amor de una mujer generosa(The Love of a Good Woman, 1998), RBA, 2009.
  • Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio(Hateship, Friendship, Courtship, Loveship, Marriage, 2001), RBA, 2007.
  • Escapada(Runaway, 2004), RBA, 2005.
  • La vista desde Castle Rock(The View from Castle Rock, 2006), RBA, 2008.
  • Demasiada felicidad(Too Much Happiness, 2009), Lumen, 2010.
  • Mi vida querida(Dear Life, 2012), Lumen, 2013.

Mi vida querida, Alice Munro.

Ha empezado el día que sin duda recordaré toda la vida. Llevo mi vestido de crespón verde recién sacado de la tintorería y enrollado con esmero  en mi pequeño  bolso de viaje. Mi abuela me enseñó que el truco para que la ropa no se arrugue es enrollarla bien prieta en lugar de doblarla.  Supongo que me tendré  que cambiar en algún lavabo.


 

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“La verdad es que en el amor nada cambia demasiado”, termina el relato “Amundsen”, contenido en la colección Mi vida querida de Alice Munro. Y es que ¿de verdad cambia tanto las cosas? La vida está llena de repeticiones, de elecciones que nos devuelven al mismo lugar. Alice Munro (Ontario, 1931) habla en sus cuentos de la vida de las mujeres con una aparente sencillez de lenguaje y trama para sacar a la superficie pequeñas complejidades, ya conocidas, quizás obviadas. Y mientras, Alice va extrayendo las partes de los conflictos, desenredado una historia –con  sus pausas y silencios- que nunca es ajena.

El relato comienza con una viaje hacia un nuevo trabajo, una mudanza. El frío y la sensación incómoda y triste que conlleva estar rodeado de enfermedad, configura el escenario al que la protagonista va a tener que acostumbrarse. Predomina la neutralidad, la conformidad de esta muchacha que se mueve en una época de represión. Pero pronto veremos que también hay deseos canalizados, en este caso, a través del único hombre del relato. Su relación es un ensayo de las pasiones que nunca han sido mostradas. La escritora escribe sobre las elecciones que tomamos y aquellas que nos obligan a tomar (los otros, las circunstancias). Aquí se representa un relato circular con un viaje de ida e, inesperadamente para ella, también de regreso: que es a la vez otra ida, otro comienzo. Detrás de todo ello, queda la huella que van dejando esos lugares, esas experiencias nuevas y extrañas y cómo acaban volviendo, aunque sea un segundo, para decirnos que seguimos siendo la misma persona. Esta colección de relatos termina con cuatro cuentos con inspiración autobiográfica que nos acercan a la infancia de la escritora.

Es magistral el enfrentamiento entre las banalidades del pueblo y la cotidianidad frente a la ebullición que concentra la protagonista en sus pensamientos. Además, este relato tiene una de las descripciones más perfectas y evocadoras que he leído nunca. Alice Munro nos demuestra una vez más el grandioso poder que tienen las palabras como instrumento de comunicación y de revelación de historias e imágenes.

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Si los relatos no son tus preferidos, te recomiendo La vida de las mujeres, donde toda la esencia de los cuentos se une para crear una novela inolvidable.

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Penélope y las doce criadas, Margaret Atwood.

“Ahora que estoy muerta lo sé todo”, esperaba poder decir; pero, como tantos otros de mis deseos, éste no se hizo realidad. Sólo sé unas cuantas patrañas que antes no sabía. Huelga decir que la muerte es un precio demasiado alto para la satisfacción de la curiosidad.


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Lo que a las historias de ayer les falta, los escritores de hoy se lo dan.

Escribir es una magia: dar voz al silencio de los siglos, recrear los hechos o cuestionar el orden establecido, responder todos los interrogantes, retirar la venda de los ojos. Margaret Atwood, en cada libro, nos hace un poco más sabios, nos deja pensando sobre las palabras y los actos. No somos conscientes del proceso, pues su humor nos rescata de la profundidad para que la reflexión llegue naturalmente.

En Penélope y las doce criadas Margaret Atwood da a Penélope la voz que el mito le negó. De esta manera, completamos la historia con el punto de vista que faltaba. La mujer del héroe también tiene algo que contar. La escritora canadiense se propone aquí responder a una pregunta que la tradición no explica: ¿por qué se ahorcaron las doce criadas de Penélope? Además, Penélope nos revelará su ingenio e inteligencia para tejer su vida y su supervivencia porque ella es mucho más que una mujer que solo espera. Para ello, el libro se estructura siguiendo el modelo clásico y, entre capítulo y capítulo, se intercala el canto del coro, asumido por las criadas y construido en clave satírica. Los temas principales son la amistad y la lealtad frente al engaño y la traición. Temas, a su vez, básicos tanto en los mitos como en la historia de la humanidad. Lo que rompe la tradición es que aquí la voz narrativa y los personajes principales son mujeres, ya que la trama discurre durante los años que permanecieron en Ítaca, tras la partida de Ulises. El tiempo del relato es principalmente el pasado, los recuerdos de aquella época, pero también un presente en el que Penélope y el resto de los personajes habitan el inframundo. Su estilo es novedoso y ameno, como es habitual en la prosa de Margaret Atwood. Esta escritora es una gran contadora de historias y, una vez más, logra sorprender al lector.

En este libro, Atwood consigue crear una historia verosímil y divertida, que mezcla mitología y actualidad. Esto la convierte en una obra imprescindible para entender los mitos desde una perspectiva más abierta, pero también para dejarse cautivar por una escritora que ha sabido adelantarse a tu tiempo y tratar temas olvidados que atañen a las mujeres. Al final, es un grito, el grito de las mujeres ante la injusticia que se ha cometido con ellas.