Trece cuentos, Luisa Carnés

Embarcaron al filo de una noche negra. Ni una estrella iluminó la triste despedida. La oscuridad era completa. Las voces opacas, como ahogadas prematuramente. Las aguas se antojaban más duras que otras veces, y la nave parecía resbalar sobre ellas con dificultad. Sin luna, sin farol y sin la espada hermana del faro a los lejos, el barco y su carga eran una sombra sobre un esquivo lomo de mar.

(Sin brújula)


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Luisa Carnés no se limita a escribir. Ella se mancha las manos de tinta y con ellas te toca, impregnándote a ti también con su historia. Escribiendo, Carnés parece esquivar el destino silencioso de las mujeres, encarceladas, reprimidas, subestimadas o a la deriva, pero que nunca se rinden.

Ante todo, ella es inspiración. A pesar de trabajar diez horas al día, no dejó de escribir. Aunque asfixiaran los problemas económicos, siguió publicando. Ni siquiera, tras huir de una guerra con su único hijo, renunció a la escritura. Escribió contra guerra y marea, no solo para dejar una metáfora bonita sino para dar voz a las silenciadas. Como quien cura una herida, ella compartió su historia. Y es que ¿cuánto tienes que amar la literatura para llevarte al exilio tus relatos en una cartera? Cuando los cuentos son lo más valioso entiendes lo que significa escribir para Luisa Carnés.

En estos Trece cuentos hay una denuncia firme frente a las injusticias, como el trabajo precario en “[Olivos]” o  ese grito de las madres por la paz en “Momentos de la madre sembradora” o “Sin brújula”. La autora madrileña continúa aquí tejiendo el mapa de las mujeres, desde la sumisión (“Una mujer fea”) a la fragilidad de una joven mexicana ante la violencia de una sociedad machista (“La mulata”).

Y Carnés nos tiene reservada una punzada aún mayor en su retrato de la cárcel. No recuerdo haber leído libros con personajes encarcelados y mucho menos durante la Guerra Civil. Mi abuela murió siendo demasiado joven ella, demasiado niña yo, como para que pudiera contarme cómo se vivió la guerra en nuestro pueblo. Por eso, me aferro a estos relatos que me descubren esa parte de nuestra genealogía.

Me encontré en la calle después de nueve años de cárcel. Suspendido del brazo llevaba un hatillo de ropa, y en la mano derecha un pañuelo, a una de cuyas puntas había atado seis pesetas.

¿Qué puede esperar una mujer al salir de la cárcel? Sin casa, sin familia, ni trabajo. ¿Quién contrata a una mujer con esta mancha? Sola, deambula por una ciudad que finge no reconocerla, mientras alguien sigue sus pasos. La vida dentro de la cárcel no era mucho mejor. “La chivata” nos deja clara la supervivencia más primitiva y esa revolución que ninguna prisión es capaz de callar.

No se sabía quién era, pero se la sentía en todas partes. Se la sentía como algo impalpable, pegajoso y frío, algo que enmudecía el labio y hacía cerrar las manos debajo de los delantales y en los bolsillos de las batas. Era algo contra lo que había que luchar. Porque, ¿cómo se defiende la gente de una sombra? Y eso era la chivata

Más sorprendidas nos quedamos al comprobar que sus relatos no se limitan a España sino que, durante su exilio en México, su visión literaria se amplia. Y es que pocos temas escapan a la mirada honesta de la escritora. El fenómeno fan de unas jóvenes que esperan un concierto de Elvis en “Aquelarre”. Este es un relato tremendamente original y perturbador cuya crítica todavía está de actualidad. También el racismo, en “El señor y la señora Smith”, uno de los relatos más tiernos y a la vez más desgarradores. Un matrimonio interracial que permanece en secreto bajo la amenaza del Ku Klux Klan. Para mí, es uno de los imprescindibles de este libro.

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Pero no olvidemos que las madres también hacen la historia.

Una madre se tendió sobre los rieles sobre los que había de pasar un tren de soldados. Lo hizo en nombre de todas las madres, del mío, del vuestro. […] El mundo es hoy tan pequeño que el llanto de una madre española es enjugado por la sonrisa de una madre china. […] Toca a las madres hacer el porvenir.

Somos sembradoras de vida.

Seamos también sembradoras del nuevo día que amanece.

 

Luisa Carnés pone ante nuestros ojos los grandes problemas de su tiempo y del nuestro. Nos regala la empatía que solo una literatura comprometida como la suya puede conseguir. Además, es una contadora de historias talentosa, versátil, valiente…, tan valiosa que, a cada cuento, nos cautiva un poco más. [Adoro, ADORO sus descripciones]. Ojalá la sigan reeditando; y es que no me aguanto desde que sé que Natacha promete un escenario, de nuevo, con mujeres trabajadoras.

 

¿Que levante la mano quién haya caído en las redes de Carnés?


Las aguas se tiñeron más tarde de púrpura, brillaron como resucitadas.

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María de Zayas, escritora y feminista del siglo XVII

Pues señoras, desengañémonos; volvamos por nuestra opinión; mueran los hombres en nuestras memorias, pues más obligadas que a ellos estamos a nosotras mismas.


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¿Quién fue la escritora más famosa del siglo XVII? ¿Quién escribió el primer manifiesto feminista en España? No busquéis la respuesta entre los manuales de literatura al uso pues apenas le dedican unas líneas a la autora que contesta estas dos preguntas: María de Zayas. Y ¿por qué si contó con éxito en su tiempo -e incluso es alabada por Lope de Vega- se le concede tan poco espacio en los libros? La respuesta no os sorprenderá. Porque sus historias están escritas sobre y para las mujeres, lo que nunca se ha considerado tema universal sino más bien un tema menor y marginal.

Invisibilizaciones aparte, gracias al estupendo libro El feminismo en España de Anna Caballé descubrí hace años la faceta feminista de María de Zayas. Y es que el prólogo de sus novelas cortas, allá por 1637, escribe una defensa de los derechos de las mujeres y una denuncia de la precaria educación de las niñas. Un siglo antes de que Mary Wollnscraft publicara su Vindicación de los Derechos de las Mujeres, ya María de Zayas se preocupaba de las desigualdades de su género y escribía historias precisamente para combatirlas instruyendo a las mujeres y alertándolas de los desengaños de los hombres.

Lo que más llama la atención de su escritura es el desparpajo  con el que se desenvuelve y lo directa e irónica  que es al lanzar sus denuncias. Esto consigue que su prosa sea más moderna que la de algunos de sus coetáneos.

QUIÉN duda, Lector mío, que te causará admiración que una mujer tenga despejo, no sólo para escribir un libro, sino para darle a la estampa, que es el crisol donde se averigua la pureza de los ingenios. […]

¿Quién duda, digo otra vez, que habrá muchos que atribuyan a locura esta virtuosa osadía de sacar a luz mis borrones siendo mujer, que en opinión de algunos necios es lo mismo que una cosa incapaz?

¿Qué razón hay para que ellos sean sabios y presuman que nosotras no podemos serlo?

La respuesta a estas cuestiones la encuentra Zayas en la falta de educación de las mujeres, en no “darnos maestros”; si en vez de labores, las niñas accedieran a los libros y la cultura, diferente sería la situación de ellas. Como muestra, acompaña su argumento con una enumeración de escritoras clásicas (me encanta cuando un libro de una escritora me lleva a más escritoras) que prueban que las mujeres pueden ser escritoras igual que lo son los hombres. Rercordatorio: estamos en el SIGLO XVII (vamos, otra prueba de que llevamos desde el Barroco reclamando estos derechos básicos y denunciando la desigualdad).

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María de Zayas, la Sibila de Madrid

Sobre su vida un halo de misterio ya que son pocos los datos que se conocen. Nació en Madrid en 1590 y murió en la misma ciudad en 1661. Pertenecía a una familia de la nobleza media, lo que explica su educación y sus viajes por ciudades como Zaragoza o Nápoles, a los que hace referencia en sus textos. No fue una escritora al margen, sino que tenía contacto con otros escritores, el más notable Lope de Vega. Además, sus obras contaron con gran éxito en su época, alcanzando las cinco reediciones. Sus novelas cortas se reúnen en dos volúmenes: Novelas amorosas y ejemplares (1637) y Desengaños amorosos (1647). El objetivo de su escritura es prevenir y enseñar a las mujeres. Para ello utiliza personajes tipo de la comedia lopesca e incluye elementos transgresores como el erotismo, desde el punto de vista de la mujer [seguimos en el siglo XVII], o la fantasía (elementos sobrenaturales, sueños, conjuros).

 

Sin duda, la protesta que hace María de Zayas contra una injusticia que relegaba a la mujer a un estado de dependencia emocional e intelectual absoluta está enmarcado en un contexto que sigue siendo reactivo, pero no es victimista. Muy al contrario, la autora presenta unos personajes femeninos verdaderamente audaces, especialmente en el aspecto sexual, que combaten los códigos de honor y de honra vigentes en la época burlándose de ellos.

Anna Caballé, 2013:59.

También hay elementos costumbristas que convierten sus historias en un reflejo de su tiempo: la decadencia española o el ocaso de la aristocracia. Entre sus influencias, encontramos autores de novela cortesana como Cervantes o Boccaccio, pero también a Mateo Alemán o Margarita de Navarra.

María de Zayas es una de las primeras escritoras feministas en Europa y sus novelas contenían estos tres ingredientes: estar contadas por damas, ser casos verdaderos y encerrar una lección “para que las damas se avisen de los engaños de los hombres”. No es de extrañar que la crítica la haya olvidado con semejante prosa combativa en favor de las mujeres, pero eso no impide que la sigamos reivindicando y leyendo como la gran escritora y feminista que es.

[…] te ofrezco este libro muy segura de tu bizarría y en confianza de que, si te desagradare, podrás disculparme con que nací mujer, no con obligación de hacer buenas novelas, sino con mucho deseo de acertar a servirte.

Fuentes:

María de Zayas, Tres novelas amorosas y tres desengaños amorosos (Ed. Alicia Redondo Goicoechea), Castalia-Instituto de la Mujer, 1989.

Anna Caballé, El feminismo en España, Cátedra, Madrid, 2013.

Prólogo y Novelas amorosas y ejemplares: enlace.

Emilia Pardo Bazán | Cómo ser mujer en el siglo XIX (3)

LOS PAZOS DE ULLOA Y EL MACHISMO

La verdad es que el archivo había producido en el alma de Julián la misma impresión que toda la casa: la de una ruina, ruina vasta y amenazadora, que representaba algo grande en lo pasado, pero en la actualidad se desmoronaba a toda prisa.


En su último viaje a París, Doña Emilia asiste, como es costumbre, a tertulias en las que coincide con escritores y aristócratas franceses y rusos. Es entonces cuando empieza su fascinación por la literatura rusa, por sus tramas monumentales, por sus personajes. Con todo eso en la cabeza vuelve a su tierra para retratar sobre el papel la realidad que mejor conoce: la sociedad gallega. Así nace Los pazos de Ulloa (1886), una de las novelas más importantes de nuestra literatura.

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#DoñaEmiliaRocks

Se la conoce como la novela naturalista por excelencia, pero las ideas preconcebidas están para romperlas, ¿no?. No solo hay naturalismo en Los pazos, sino que es una novela social con una reflexión psicológica profunda y una combinación de estilos innovadora. Y todavía puedo fangirlear más: es la novela que mejor ha envejecido de todas las escritas en el siglo XIX. Palacio Valdés dijo que “estas mujeres que se meten a hombres no logran pasar de los veinte años”, refiriéndose a la propia Emilia. Perdona, pero estas mujeres son inmortales y llegan incombustibles hasta hoy gracias a sus obras (otros escritores no pueden decir lo mismo, y no miro a nadie, Armando).

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El tema principal es la decadencia de la novela rural, tema que convive con otros como la política (caciquismo), la religión (siempre benevolente con el clero) y la situación de las mujeres. Emilia Pardo Bazán crea unos personajes que parecen saltar de las páginas, rodeados de descripciones tan vibrantes, llenas de matices, en continuo movimiento. Es una novela dinámica, con un ritmo que se va acelerando especialmente al llegar al final, mientras contenemos la respiración. La trama se va desarrollando ante tus ojos y no puedes más que dejarte atrapar por la absorbente naturaleza gallega.

Sí encontramos naturalismo en la observación minuciosa de la realidad y la contraposición de la civilización frente a lo primitivo y rural. También en las descripciones fisiológicas: el parto, amamantar, la fiereza de excesos como el alcohol. Sin embargo, ese realismo se distorsiona con la presencia de sueños y alucinaciones que reflejan los verdaderos temores de los protagonistas. La crudeza y la magia, la religión y los conjuros viven en los pazos de Ulloa, ese edificio que es ruina física y espiritual. Una ruina tétrica, donde la violencia prevalece.

Sintió [Nucha] también que le asían las manos otras manos despojadas de carne, consuntas, amojamadas y momias; comprendió que la guiaban hacia el estrado, y que le ofrecían uno de los sitiales; y apenas se hubo sentado en él, conoció con terror que el asiento se desvencijaba, se hundía; que se largaba cada pedazo de sitial por su lado sin crujidos ni resistencia; y con el instinto de la mujer encinta, se puso de pie, dejando que la última prenda de esplendor de los Limiosos se derrumbase en el suelo para siempre…

Vale, mucho estilo pero ¿de qué va todo esto? Pues comienza con la llegada de un joven cura, Julián, a la aldea donde se encuentran los Pazos, propiedad del marqués, Pedro Moscoso. Allí el verdadero poder lo ejerce Primitivo, con amenazas y violencia. En toda esa barbarie crece el pequeño Perucho, hijo bastardo del marqués y su criada Sabel, que a su vez es hija de Primitivo. Vemos que este es un círculo cerrado –ya leeremos hasta qué punto-. Pedro cree que ha llegado el momento de buscar esposa y junto a Julián viaja a casa de sus primas. Elige a Nucha, la de apariencia más frágil y pura porque su mujer debía ser “limpia como un espejo” (y él, tremendo salvaje; peligrosa combinación). Nucha experimentará un completo infierno en un lugar que le es tan hostil como podamos imaginar.

Mary Lee Breetz sentencia que “estamos ante el primer estudio del machismo en la literatura española”. Pues bien, en mi última relectura he querido centrarme en este aspecto. Conclusión: es increíble la cantidad de escenas y alusiones a la violencia sobre las mujeres.

Esta es la primera vez que se refiere al maltrato:

Sabel, tendida en el suelo, aullaba desesperadamente; don Pedro, loco de furor, la brumaba a culetazos; en una esquina, Perucho, con los puños metidos en los ojos sollozaba. […]¡Perra…, perra…., condenada…, a ver si nos das pronto de cenar, o te deshago!

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Victoria Abril en el papel de Nucha. Versión de Gonzalo Suárez (1985).

Más adelante, será Perucho quien describa la violencia: El niño recordó entonces escenas análogas, pero cuyo teatro era la cocina de los Pazos, y las víctimas su madre y él. Cuando Perucho acuna a la nené (la recién nacida) le cuenta una historia cuyo protagonista es presentado así “el malo bribón del rey quería comerla, porque era el coco, y tenía una cara más fea, más fea que la del diaño”. […] “Y va el pagarito (Perucho) y con el bico le saca un ojo, y el rey queda chosco [tuerto]”. Es un ejemplo de un niño que presencia y sufre maltrato en su hogar.

Luego vendrán las amenazas de Pedro hacia Nucha: “soy capaz de romperle una costilla si me desobedece (si no da a luz a un niño). Y luego ella experimentará un maltrato físico (del que no somos testigos):

en las muñecas de la señora de Moscoso se percibía una señal circular, amoratada, oscura…

y psicológico, que se percibe en su continuo malestar, la excesiva obsesión con su hija, su enfermedad. Lo que unos llaman histeria yo lo llamo miedo de una mujer maltratada:

Quiero marcharme. Llevarme a mi niña. Volverme junto a mi padre. Para conseguirlo hay que guardar secreto. Si lo saben aquí, me encerrarán con llave, me apartarán de la pequeña. La matarán. […] Yo tengo miedo en esta casa.

El sufrimiento de Nucha es insoportable para ella, para Julián y para todos los espectadores de esta historia de brutalidad hacia las mujeres. (Preparaos para querer arrancar cosas, tirar cosas, entrar a salvar a los protagonistas, etc). Y Doña Emilia lo utiliza para denunciar la educación de las mujeres y la incomprensión de la sociedad.

Si todavía no os habíais acercado a Los pazos de Ulloa por temor soporífero, sabed que aquí no hay descripciones infinitas de 400 páginas ni alardes académicos. Esta es una historia apasionante, testimonio de una época, narrada tan magistralmente por la pluma de mi querida Doña Emilia. El final deja nuestro interés en un punto tan alto que solo podrá satisfacerse con la lectura de la segunda parte, La madre naturaleza.

Fuentes consultadas: 

Acosta, Eva: Emilia Pardo Bazán. La luz en la batalla. Biografía. Lumen, Barcelona, 2007.

Bravo-Villasante, Carmen: Vida y obra de Emilia Pardo Bazán, Revista de Occidente, Madrid, 1962.

[La cita de Mary Lee Bretz estaba en mis apuntes pero no pude encontrar la referencia concreta.]

*Esta entrada forma parte del proyecto “Adopta una autora” para la visibilización de las escritoras. 


Próxima entrada (julio): Emilia Pardo Bazán: “Guía de lectura”.

El mes más cruel, Pilar Adón

Y, mientras, percibían los evidentes cambios en la intensidad de la luz del sol, y los consiguientes, y también evidentes, cambios en la consistencia del aire.

—La rutina siempre tranquiliza.

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El mes más cruel, Pilar Adón. Editorial Impedimenta, 2010.

April is the cruellest month, breeding / Lilacs out of the dead land, mixing / Memory and desire, stirring / Dull roots with spring rain. (T.S. Elliot, 1922)

Fijaos bien en la portada, en lo que transmite esa imagen, la mirada, la apariencia. Es el mejor prólogo para esta colección de relatos. Todo lo que ella transmite, lo reviviremos en cada cuento. Esa cierta sensación inquietante, el frío y la humedad que desprende su rostro, la mirada firme que parece que interpela al lector, lo interroga. Puede que esté huyendo de algo. ¿Qué revelan sus ojos? Una plegaria o quizás miedo. Lo desconocemos, al igual que desconocemos, por mucho que lo intentemos, el significado de los relatos. Llegamos en medio de una historia y la narradora nos coloca ante un conflicto que nace en la parte más íntima de cada personaje. Unos personajes que están en plena huida. Abandonamos la última página con el desconcierto de quien es expulsado de un mundo que estaba empezando a entender. Pilar Adón nos presenta catorce maneras de escapar, las motivaciones y las reacciones del otro, sus parejas o amistades. Entre ellos hay una incomunicación: cada uno está preocupado por sus propios fantasmas o anhelos, de ahí que haya malentendidos, mentiras, conversaciones banales que esconden algo más profundo.

Todo esto consigue la prosa de Pilar Adón, tan sensorial y descriptiva, poética y turbadora. Esto sumado a la abundancia de detalles consigue que nos dejemos llevar, de la mano de la autora, sumergiéndonos en un mundo atemporal, más cercano a la fantasía. Las historias captan un instante y se desvanecen dejándonos sumidos en la incertidumbre. Pero que nadie se alarme, Pilar Adón nos recompensa con un cierre que remite a los cuentos tradicionales: el poema-moraleja que cierra cada relato.

La introducción de Marta Sanz sabe captar muy bien el significado de la colección, aunque ella dude, como yo, como todos, sobre la correcta interpretación de los cuentos, tan crípticos y volátiles. Lo que está claro es que disfrutaremos de una lectura muy estimulante. El tono del volumen es coherente hasta el punto de que incluso parece que no abandonamos el mismo escenario, como si todo sucediera en la misma zona o, al menos, todos contemplaran el mismo paisaje. También comparten la presencia de los libros y el desasosiego que sienten los personajes y consiguen transmitirnos.

A la hora de hablar de cada cuento en particular, he querido destacar, por su originalidad o por la intensidad de lo que describe: “En materia de jardines”, “El infinito verde” y “Noli me tangere”.

  • “El infinito verde” es un cuento muy breve con dos personajes, dos amigas que corren, en un juego de niños, alentadas por un rumor del pueblo. El lenguaje del relato recrea la naturaleza asfixiante que termina atrapando a las protagonistas. Puedes sentir la velocidad de la carrera con las plásticas descripciones de Pilar Adón. Fantasía mitológica de la fusión hombre-naturaleza, con una narración tan delicada que casi puede tocarse.
  • “Noli me tangere”: un relato desagradable porque aquí no ha elementos fantásticos es la realidad de un hombre que acosa a una joven en la estación. Ella arrastra un temor pasado que contribuye a aumenta la tensión que está experimentando y nosotros trascendiendo la posición de observadores, nos contagiamos de esa sensación. El título y las palabras que repite la protagonista son una plegaria: no me toques.
  • “En materia de jardines”: uno de los dos relatos más extensos de la colección. De nuevo dos protagonistas colocadas ante su reflejo. Parece un juego de espejos en el que ambas se miran, sin entender a la otra, preocupadas por sus propios miedos y conflictos. No hay una comunicación fluida y sus conversaciones, banales, importan más por lo que no se dice. Se nota lo incómodas que se encuentran la una con la otra aunque parecen necesitarse porque se complementan.
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Pilar Adón, Madrid, 1971


Un color anhelante, de un tono despejado y transparente. Tan transparente que tendía al ámbar… Pero la mañana concluía y el tiempo avanzaba hacia la tarde y, cuando eso sucedía, el verde empezaba a transformarse. El día se hacía maduro y el verde se hacía maduro de igual forma, adquiriendo entonces un tono más oscuro, más reflexivo. Más sombrío. Finalmente, la noche, como era de esperar, mostraba un verde mortecino. Un verde sabio pero también apagado. Un verde un tanto trágico.

Emilia Pardo Bazán | Cómo ser mujer en el siglo XIX (2)

EMILIA PARDO BAZÁN CONTRA LA HIPOCRESÍA: INSOLACIÓN.

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Magistral adaptación teatral de Insolación a cargo de Pedro Villora y Luis Luque (2015)

La hipocresía es uno de los temas omnipresentes en los textos de Doña Emilia. Tanto en sus cuentos como novelas el factor “guardar las apariencias” y el “qué dirán” determinarán los actos de los protagonistas. También sus artículos reflexionan sobre la doble moral a la hora de juzgar a las mujeres. En concreto, los siguientes:

“Hipocresía” (1909) De una anécdota de su propia experiencia surge este breve artículo sobre la hipocresía de la sociedad en lo que a las mujeres se refiere. Tras una visita al circo en la que pudo presenciar a una intrépida acróbata poner en riesgo su vida, recuerda a una aeronauta que también había arriesgado en su ejercicio. A pesar de estos ejemplos, sabe Doña Emilia que los autores seguirán hablando de la mujer como un “ser débil, tímido, dulce…” y poniendo el grito en el cielo al hablar de médicas o catedráticas.

“Contra la discriminación” (1911) y “En favor de la igualdad” (1914) se centran en la hipocresía de la justicia cuando le toca condenar a las mujeres. En el primero, una mujer condenada por fumar en público. ¿Su mayor delito? La parte pública, por supuesto. Si lo hubiera hecho en su casa, nada pasaría. “Pero delante de la gente…, es cosa que merece severísimo castigo […] Con esta clase de delitos suelen ser inflexibles nuestras celosas autoridades.” En el segundo, hace referencia al activismo de las sufragistas inglesas y critica que se las juzgue tan severamente cuando son consideradas, en todos los demás ámbitos, menores de edad. El hombre siempre está por encima de la mujer -más derechos, mejor educación-, mientras que las mujeres no pueden elegir nada de lo que les concierne y siempre están en manos de un hombre. Pero cuando hablamos de justicia las mujeres sí son responsables de sus actos e incluso se les aplican mayores penas.

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Por su parte, Insolación (1889) es una novela naturalista con un planteamiento muy moderno: una mujer habla de sus sentimientos y de una relación amorosa. Hasta entonces muchas historias pasionales se habían leído, pocas veces contadas en primera persona por una escritora. Tal fue el revuelo en la época que incluso la tildaron de pornográfica; Pereda se vio ultrajado espcialmente a causa de su narración con minuciosos pormenores sobre su manera de pecar –ejem, Sr. Pereda, se menciona una caricia-. Ya vemos que los críticos estaban más preocupados en desprestigiar a la autora que en comentar los aspectos estilísticos o temáticos. Se le suele atribuir una base autobiográfica, pues la propia Emilia había tenido una aventura amorosa con Lázaro Galdiano durante su relación con Galdós, a la que se refiere, en una carta al escritor, como “error momentáneo de los sentidos fruto de circunstancias imprevistas”. Con semejantes argumentos, ¿quién puede resistirse a Doña Emilia?

Insolación tiene como protagonista a Francisca de Asís, viuda de Andrade, que vive en Madrid en un ambiente privilegiado de cenas y reuniones de sociedad. Al conocer a Pacheco, un donjuán andaluz, su vida tranquila y discreta se tambalea y un poderoso sentimiento se apodera de sus actos. Esta sencilla trama da pie a una profunda y sensorial reflexión sobre la influencia del naturalismo en hombres y mujeres y cómo afecta a su comportamiento. La parte más reflexiva de la historia la representa Pardo, un señor gallego que diserta sobre la tendencia natural de los españoles a la barbarie. Y es que será un elemento natural, el sol que calienta la explanada en el día de San Isidro, el culpable de la censurable aventura que viven los protagonistas. Más adelante, en 1892, Emilia confesará: “¡Ah! No es la naturaleza, es la sociedad tal cual hoy se encuentra constituida quien acaso desequilibra a la mujer.” (“Del amor y la amistad”).

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María Adánez y José Manuel Poga.

A Emilia Pardo Bazán se le presentaba un conflicto: mostrar de forma directa los encuentros entre los amantes u omitirlos y sobre ello reflexionará en la obra (metaliteratura hermosa):

 “Queda, eso sí, el recurso de presentarlas de forma indirecta, procurando con maña que no lastimen tanto como si apareciesen de frente, insolentonas y descaradas, metiéndose por los ojos. Así la implícita desaprobación del novelista se disfraza de habilidad.”

Sin embargo, eso no impide que nos ofrezca descripciones como esta, donde queda claro lo allí ocurrido sin que tenga que esconderse nada:

 “Por eso, y porque no gusto de hacer mala obra, líbreme Dios de entrar hasta que el sol alumbra con dorada claridad el saloncito, colándose por la ventana que Asís, despeinada, alegre, más fresca que el amanecer, abre de par en par, sin recelo o más bien con orgullo. ¡Ah! Ahora ya se puede subir. Pacheco está allí también, y los dos se asoman, juntos, casi enlazados, como si quisiesen quitar todo sabor clandestino a la entrevista.”

Modernas son las descripciones y las alusiones, sin reparos, de la protagonista al aspecto físico de Pacheco. También la introspección femenina sobre la moral, lo que está bien visto frente a lo que se desea libremente. Su mayor preocupación es que les vean los criados o los vecinos, que comenten, que juzguen los otros, el qué dirán. Será en una conversación con Pardo, donde se muestre más extensamente la opinión de la autora sobre la hipocresía de la sociedad y la doble moral:

“La mujer se cree infamada, después de una de esas caídas, ante su propia conciencia, porque le han hecho concebir desde niña que lo más malo, lo más infamante, lo irreparable, es eso; que es como el infierno, donde no sale el que entra. A nosotros nos enseñan lo contrario; que es vergonzoso para el hombre no tener aventuras, y que hasta queda humillado si las rehúye…De modo, que lo mismo que a nosotros nos pone muy huecos, a ustedes las envilece.”

El desenlace es más tradicional ya que solo el matrimonio de los amantes podría remendar los pecados cometidos, a ojos de la sociedad, claro. Ni con esas contentó a la crítica, pero nos deja un testimonio valiosísimo de su época. Queda claro que es una novela adelantada a su tiempo y marcadamente feminista al cuestionar la doble moral de la época y defender la libertad amorosa de las mujeres.

 

Fuentes:

Bravo-Villasante, Vida y obra de Emilia Pardo Bazán, Revista de Occidente, Madrid.

Pardo Bazán, Emilia, La mujer española y otros escritos (Ed. Guadalupe Gómez-Ferrer), Madrid, Cátedra, 1999.

Pardo Bazán, Emilia, Insolación, Madrid, Cátedra, 2005.

*Esta entrada forma parte del proyecto “Adopta una autora” para la visibilización de las escritoras.


Próxima entrada (mayo): Los Pazos de Ulloa: novela social.

Tea-Rooms, Luisa Carnés

Matilde tiene una sonrisa amarga. Ella quisiera…Ella no quiere nada. Nada. El sol va pincandillo. Se cierran los ojos y un calorcito agradable cubre los párpados,  resplandece sobre los párpados. Y el vacío se acentúa.


 

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Tea-Rooms, Mujeres obreras, Luisa Carnés. (Hoja de Lata, 2016)

Al terminar de leer Tea-Rooms y la vida de las mujeres obreras sentí de nuevo la misma emoción que con la película “Las sufragistas“; de nuevo esa oleada de rabia, por los sacrificios y los abusos que sufrieron otras mujeres, pero sobre todo el orgullo de saber que lucharon hasta el final y gracias a eso hoy tenemos más derechos. No me cansaré de leerlas y de hablar de ellas porque no quiero que se olviden. Por eso, al terminar también me preguntaba ¿Dónde estaba Luisa Carnés mientras buscábamos relatos feministas? ¿A qué exilio la relegaron tras su muerte? El exilio del silencio, en apariencia más duradero que el físico puede romperse al abrir Tea-Rooms. Leer sus obras es ahora un acto de justicia literaria, rescatando una voz que nunca debió taparse.

Tea-Rooms, su tercera obra, es una narración con aspiración periodística, una novela reportaje que retrata, desde la ficción, la situación precaria de las mujeres en las primeras décadas de los años 30. Publicada en 1933, refleja la crisis económica padecida por la clase obrera y su impacto en cada una de las mujeres que irán apareciendo en la obra. Estamos, entonces, ante una novela social femenina y, por lo tanto, transgresora y muy valiosa para comprender una de esas décadas enterradas en la historia de las que tan poco se cuenta. Por eso los libros son tan peligrosos para algunos: son arma contra el olvido.

Desde la primera página, Luisa Carnés consigue que formemos parte de la vida de Matilde en su búsqueda de empleo. El ir y venir de las jóvenes aspirantes a secretaria, de los paseantes bajo el atrevido sol primaveral, comienza a envolvernos hasta que nos lleva al escenario principal, el que será su lugar de trabajo: la confitería. Entre brioches y bombones, privilegiados clientes y una odiosa encargada, se cuelan los secretos y miserias de mujeres sin recursos, los delantales negros. Ellas sobreviven a largas jornadas, a las pésimas condiciones laborales, a los abusos de los jefes.

El mayor valor de la novela reside en su capacidad para ser testimonio, contado por una mujer que experimentó esas condiciones y que será una prueba eterna del lenguaje, la moda o las rutinas de esta época sin que tengamos que imaginar o suponer. Tenemos a Luisa Carnés para contarnos cómo era la vida entonces. Los temas que abordará pueden dividirse en dos planos: el político y social –huelgas, paro, crisis- y el de las mujeres –búsqueda de empleo, relaciones sociales, aborto, prostitución-.

El escenario de la confitería se convierte en elemento imprescindible: todo ocurre en esta casa. ¿Y qué es lo que pasa? La vida de las mujeres. Y no es fácil encontrar una novela donde todas las protagonistas sean mujeres, contada por una mujer, y menos que provenga de esta época. Por eso leer esta novela es un ejercicio de empatía y de reencuentro con nuestras antepasadas, supervivientes, inspiradoras y muy realistas. A través de la protagonista alcanzaremos momentos de frustración; sin embargo, los que quedan son los de sororidad.

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Publicada originalmente en 1933 cuando Luisa Carnés ya era una escritora de éxito.

El relato irá acompañado de las reflexiones y reivindicaciones de Matilde –trasunto de Luisa Carnés-. Todo un discurso claro y vehemente de un espíritu inconformista e inteligente como el de esta escritora. Su defensa de los derechos de las mujeres y de la emancipación femenina nos resulta muy actual. Muchas de sus reivindicaciones siguen siendo válidas hoy; y es que se llevan repitiendo los mismos argumentos desde un tiempo que prometía unos avances que no han llegado. El final es de esperanza y duda al mismo tiempo; de no saber cuándo se podrán escuchar todas las voces.

Después de leer este libro y conocer a su autora (a través del imprescindible epílogo de Antonio Plaza) puedo decir que admiro profundamente a Luisa Carnés y espero que este rescate literario no se quede aquí sino que hagan un esfuerzo por reeditar el resto de sus obras. Podemos sentirnos privilegiadas de tener a Carnés de vuelta. Gracias, Hoja de Lata por presentárnosla así.


Pero también hay mujeres que se independizan, que viven de su propio esfuerzo, sin necesidad de “aguantar tíos”. Pero eso es en otro país, donde la cultura ha dado un paso gigante; donde la mujer ha cesado de ser un instrumento de placer físico y de explotación; donde las universidades abren sus puertas a las obreras y a las campesinas más humildes.

Daniela Astor y la caja negra, Marta Sanz

Vivo en una película que a veces va a cámara lenta y a veces se acelera escatimándome momentos. Vivo en un lugar que es y no es una historia.


Tengo que admitir que he estado posponiendo unos meses escribir algo sobre este libro, sabiendo que será difícil transmitir lo que esta lectura me ha dado. Fue a finales del 2015 cuando por fin me decidí a leer algo escrito por una autora cuyas críticas literarias (aquí comentando Nada se acaba de Margaret Atwood) llevaba leyendo/escuchando algún tiempo. Entonces ya sospechaba que lo que ella escribiera no me defraudaría. Le he estado dando vueltas a los temas, releyendo la historia y resulta que, si parece relativamente sencillo comentar un libro que te ha gustado, la cosa se pone cuesta arriba cuando un libro consigue removerte así. Mi opinión general es que este es uno de los libros mejor escritos que he leído nunca. Así que, tras romper el hielo de manera tan tajante y dejar las expectativas bien altas, no me queda más remedio que hablar de Daniela Astor.

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Premio Tigre Juan 2013

Consuelo, Piedad, Angustias, Martirio, Dolores, Contracción, Lumbalgia, Anestesia, Amnesia, Amputación, Concepción, Alumbramiento, Ascensión, Purificación, Desinfección, Lavado vaginal.

El lenguaje puede ser muy poderoso, si se usa bien. Aquí el lenguaje es fuente de descubrimiento, y a la vez es instrumento para poner al lector en el lugar de la protagonista y desde ahí, más que observar, experimentar la transición emocional de Catalina. Marta Sanz nos cuenta un episodio concreto en la vida de una niña de 12 años y el impacto que supone en su convencional vida. Su mundo está repartido entre la realidad del hogar y el colegio y la dimensión imaginaria que comparte con su amiga Angélica. Las niñas juegan a ser adultas imitando las poses de famosas de portada. Se nutren de gestos estudiados y comentarios banales sobre amoríos y lujo; despliegan todo su espectáculo en “la leonera”, el cuarto que antes fue de su abuela materna. Mientras, en la misma casa, todo ese mundo se irá desmoronando.

Entre la narración de Catalina se cuela la caja negra, fingido documental, collage de entrevistas y comentarios que nos sitúan en plena explosión del destape en España. Es un escaparate de mujeres vulnerables, injustas marionetas de su tiempo, que saltan de plató en plató.

Como las actrices que enseñan sus casas en las revistas del corazón, me gustaría tener un bonito biombo en mi alcoba. Una caja dentro de una caja. Un secreto dentro de otro. Detrás de mi biombo imaginario.

Habíamos dejado a las niñas jugando a seducir y a ser víctima, repitiendo clichés. Pero lo imaginario irá desdibujándose a empujones de realidad, contagiando la existencia despreocupada de Catalina.  La tensión en la realidad crece y Catalina se verá forzada a sacar a Daniela Astor, rebeldía pueril que solo desembocará en decepción. Uno de los rasgos más relevantes de nuestra protagonista es la crueldad con la que se refiere a su madre y cómo irá evolucionando hacía la comprensión en este viaje de reconocimiento. Esa evolución no es fortuita sino que correrá paralela a la crisis que se está viviendo en su casa. Los juegos se esfuman, se dinamitan las idealizaciones, y todo ello irá dejando paso a una claridad  dolorosa que revela a Catalina quién es quién: el padre, el cobarde, la valiente, la amiga. Todo este reconocimiento provoca una punzada en el estómago porque por unos días somos Catalina y escuchamos con la puerta entreabierta las conversaciones de los adultos; recomponemos murmullos, les quitamos la máscara a nuestros héroes y aprendemos que la culpa siempre es cosa de mujeres.

La crueldad más sofisticada consiste en obligar a una mujer a parir, a cuidar, a querer a un hijo que nunca deseó.

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Marta Sanz / Imagen: El Periódico.

Creo que uno de los valores de la novela es el relato de la relación madre e hija y es que nunca ha sido suficientemente explorada en la literatura, sobre todo desde un punto de vista tan honesto. Otro es el excelente retrato de la transición a la adolescencia con su consciencia del cuerpo, las contradicciones, la ingenuidad y el egoísmo, las pequeñas batallas. Además, se habla de la madurez precipitada, de cómo vivieron las mujeres la Transición, de la amistad y del aborto. Y es novedad cuando no debería serlo, tratar episodios recientes que siguen siendo tabú. Marta Sanz, dando voz a este silencio, hace justicia y nos devuelve un pedazo de historia invisibilizado, o peor, banalizado.

En un arrebato de locura lectora, cuando leo un libro tan bien escrito me dan ganas de comer todas las letras y llenarme la lengua de palabras tan bien escogidas, de esas que provocan tormentas eléctricas. Egoísta, pretendo que también sean parte de mí. Como no podía ser de otra manera, hasta la relectura del libro me dejó resaca literaria. Y qué mejor remedio que leer un libro de Sara Mesa y alargar el placer de un buen libro. Marta Sanz y Sara Mesa construyen literaturas vivas y en cada lectura despiertan sentidos que ni siquiera conocíamos. Otro día os contaré cómo fue encontrarse envuelta entre las tormentas de Sara Mesa en Mala letra.

Tengo casi trece años y me anticipo a mi convicción adulta de que el dolor es una carga que va gastando los riñones. Que nos encorva. Que no es un mal sueño del que uno se despierta una mañana diciendo “Ya pasó todo. Cura sana culito de rana”. La quemadura quema por mucho que se sople. Y la quemadura de mi madre es de cuarto grado. Una quemadura por frío. Por congelación.

 

Emilia Pardo Bazán | Cómo ser mujer en el siglo XIX (1)

EMILIA PARDO BAZÁN Y LA MUJER ESPAÑOLA

¿Por dónde empezar?

Si pensamos en los nombres más célebres de la literatura del siglo XIX en España se nos vendrán a la cabeza escritores, o lo que es lo mismo, la historia en masculino. A las mujeres de esta época no las conocemos más que por los personajes que salieron de la cabeza de otros hombres ilustres como Clarín-Ana Ozores, Flaubert-Emma Bovary o Tolstoi-Anna Karenina. El punto de vista único. Pero, ¿todas las mujeres piensan y actúan de la misma manera? Está claro que no. Por ello me he propuesto mostraros las diferentes mujeres de este siglo que podemos conocer leyendo las obras y artículos de Emilia Pardo Bazán. Ella fue una gran escritora decimonónica que supo plasmar, ya fuera en un ámbito teórico o en la ficción, las dificultades y las denuncias de las mujeres de su tiempo, abarcando temas como el matrimonio, la educación o el trabajo.

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Emilia Pardo Bazán (La Coruña, 1851)

Los artículos: “La mujer española”

Se queja Doña Emilia, en su artículo “Contra la discriminación” (1911), de la reciente detención de una mujer por fumar en presencia de otros hombres, mostrando una total falta de decoro, equivalente a nuestro “iba provocando”. Por eso la autora, dando rienda suelta a su saludable ironía, denuncia el doble rasero utilizado al juzgar a hombres y a mujeres  “¿A título de qué, vamos a ver, una hembra audaz se permite lo que solo pertenece a su señor, dueño y cabeza, el hombre?”. Indignada por la hipocresía de la sociedad y sus ridículos argumentos, no le queda más que preguntarse, ¿a qué se debe esta desigualdad?

Será en “La mujer española” (1901) donde Emilia Pardo Bazán intente descifrar las causas de un comportamiento perpetuado siglo tras siglo que deja a las mujeres en un completo estado de inamovilidad. Encontró la respuesta en la imposición masculina que obliga a las mujeres a satisfacer un ideal anclado en el pasado. Además, la escasa educación que recibían las mujeres no hacía más que aumentar la brecha que separaba a los dos géneros. Mientras uno evoluciona la otra se queda atrás, dentro de una “campana de cristal de la ignorancia”. Para completar su visión de la mujer española, ella, tan pedagógica como era, estructuró en clases sociales su estudio. Pese a las diferencias obvias de cada estrato, todas tienen en común dos cosas: reciben una educación insuficiente y son juzgadas por la sociedad si no siguen sus dictados.

  • Las aristócratas son frívolas. Todas. O así nos lo quieren hacer ver. Desde la educación, que instruye en la ciencia de convertirse en objeto decorativo, hasta el teatro que las satiriza en busca de la risa fácil (nos suena a algunos medios de comunicación hoy, ¿verdad?) Pero ya se encarga Doña Emilia de poner en cuestión todos los prejuicios. Para empezar, los hombres tienen comportamientos frívolos que superan con creces los de sus esposas y nadie lo critica. Además, ¿por qué las culpabilizamos a ellas de desempeñar el papel al que las tienen relegadas? ¿Acaso pueden elegir?
  • A las mujeres de clase media no les va mucho mejor. Su único fin es casarse para que un marido las mantenga ya que está mal visto que trabajen. Desde la cuna están destinadas al matrimonio y no existen más que en función de los otros (marido, padre, hijos): el destino relativo. La educación las mantiene en una minoría de edad permanente.
  • El pueblo se nutre de mujeres trabajadoras y generosas. En su caso, la necesidad las obliga a la emancipación; ellas sí pueden salir de casa para trabajar en el campo porque es el sustento de la familia. Aquí no se cuestiona esa autonomía, no porque hayan elegido libremente, sino porque otros ya han decidido por ellas.
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Coetánea del movimiento sufragista (al que alude en varios de sus artículos), Emilia Pardo Bazán fue una firme defensora de los derechos de las mujeres.

La solterona

solteronLas ideas feministas de Pardo Bazán aparecerán en boca de Feíta Neira en Memorias de un solterón (1896). Esta novela se centra en las experiencias de un hombre soltero que vive en Marineda (La Coruña) y sus confesiones acerca del matrimonio y la vida en la ciudad. Tras unas cuantas páginas de reflexión sociológica, muy del gusto de Doña Emilia, el foco se centra en las hijas de su amigo, Rosa, Argos y Feíta (Fe) Neira. Las tres representan modelos muy diferentes de mujer, pero será Feíta la que más se aleje del rol tradicional y acabe despertando el interés del propio protagonista.

Como suele ocurrir en las novelas decimonónicas, el narrador es el que nos presenta a nuestra heroína; aquí, además, servirá para realizar un apunte/crítica sobre la educación que reciben las mujeres:

Su instrucción ha sido, como suele la de las personas de su sexo, confusa, precipitada, incoherente, y con lagunas y deficiencias donde debían existir ciertas nociones sin duda elementales.

Feíta es una solterona por elección que quiere trabajar para ser independiente. En varias ocasiones denuncia la dictadura de la apariencia física que sufren las mujeres:

Sí ya sé que estoy muy derrotada y muy fachosa. Pero me importa un pito. No me mire usted, o mire para el techo.

¿Qué obligación tenemos de recrearles a ustedes la vista? ¿Somos odaliscas, somos muebles decorativos, somos claveles en tiesto?

Es una clara defensora de la emancipación femenina. De hecho, su momento de mayor excitación se produce al recibir su primer sueldo:

Te he ganado yo, yo misma; no te he recibido de manos de ningún hombrón; no eres señal de mi esclavitud, ¡eres prenda de mi emancipación total y absoluta!

Ella representa el modelo de mujer nueva que defiende Doña Emilia y que entra en conflicto con la sociedad de su época, como se ve en los reproches de Mauro Pareja, el solterón. Fe es un personaje muy moderno, una luchadora, feminista e independiente que defiende la soltería como elección personal. Y es que, leyendo los artículos de Pardo Bazán o conociendo a sus personajes, nos damos cuenta de que sus ideas coinciden con muchos de nuestros planteamientos actuales. Sin olvidar que fue una mujer privilegiada, demostró que podía vivir y escribir sin un marido, a pesar de las constantes críticas. Sus personajes encierran muchas de sus reivindicaciones y se rebelan contra las normas; son tan modernos como ella. Sin embargo, no son estos personajes los que se suelen nombrar en la Historia de la Literatura. El reinado del silencio (si no se nombra no existe) ha llegado a su fin, amigxs. ADOPTA UNA AUTORAHA TOMADO EL MANDO.

 

Fuentes:

Pardo Bazán, Emilia, La mujer española y otros escritos (Ed. Guadalupe Gómez-Ferrer), Madrid, Cátedra, 1999.

Pardo Bazán, Emilia, Memorias de un solterón, Madrid, Cátedra, 2004.

*Esta entrada forma parte del proyecto “Adopta una autora” para la visibilización de las escritoras.


[Próxima entrada (marzo): Cómo ser mujer en el siglo XIX (2): Emilia Pardo Bazán contra la hipocresía | Insolación.]

Un poema de Berta García Faet.

Recuerdo una asignatura, “Géneros Literarios 1”, en la que analizábamos el contenido de los poemas. Llevábamos a cabo una verdadera operación de los versos, extrayendo metáforas e intertextualidades, traduciendo el sentido (creyendo que conocíamos el idioma). Imagina ahora a uno de esos poetas (porque siempre eran textos escritos por hombres) espiándonos tras la puerta entreabierta, pensando: “¡qué ilusos! Cuántas vueltas le dan al poema, los dejan desnudos, contadas sus partes para, al final, no saber nada o saber demasiado”. La conclusión a la que he llegado es que los poemas podrían clasificarse en tres grupos:

  • Poemas que necesitan ser explicados para entender su significado y así apreciar el trabajo y la genialidad que entrañan.
  • Poemas que se disfrutan sin querer indagar más. Nos deleitamos con las palabras escogidas, el ritmo al que bailan, nos dejamos llevar por el arte.
  • Poemas que explican. Ellos te enseñan a ti y solo exigen una lectura atenta, comprensiva, abierta, para no dejarnos nada.

Y toda esta introducción viene a cuento porque he encontrado un ejemplo de este último tipo: “Este no es un poema feminista” de Berta García Faet (Valencia, 1988), en el que nos da una lección de Historia y Arte. Este poema no se comenta: se lee, se disfruta y se aprende o se recuerda lo que ya nos han contado alguna vez. Ella ha publicado los poemarios La edad de merecer (La Bella Varsovia, 2011) Fresa y herida (Diputación de León, 2011), Introducción a todo (La Bella Varsovia, 2011), Night club para alumnas aplicadas (Vitruvio, 2009) y Manojo de abominaciones (Ayuntamiento de Avilés, 2008). Aquí podéis leer el texto completo y otros de sus poemas.  Os dejo con un fragmento:

ESTE NO ES UN POEMA FEMINISTA

[…]

Después, amigo mío, pasaron los dulces años del escarmiento
y, sin más retraso, nos concedieron el honor de tener alma
−si bien, como contrapartida, poseída por el diablo−:

mal-éramos labios rojísimos-redes-de-pecados-terribles,
inútiles, arpías, lloricas, caprichosas
(unas fueron esposas y otras cortesanas: así, así
se dividió el mundo de las pobres vaginas):

si tú supieras, amigo mío:
un corsé con lazos diminutos
como garrapatas henchidas de bilis
nos aplastaba el pecho agrietado, y vivíamos
en balcones cerrados, detrás de abanicos
con estampas religiosas de vírgenes blancas.

Eran los tiempos del amor cortés,
de la concatenación de rosarios en la concatenación de días fútiles:
yo no podía besar al que quería, y si por caridad
conmigo misma
me saltaba
todas las conveniencias prácticas
y normas morales de la Ciudad de Dios
y él osaba entrar por el gran ventanal del carcelero,
él, o cualquier otro,
él, a mi cuerpo malva o blanquecino,
ni siquiera sabía encontrar mi boca.

Ni siquiera podía darme eso.

[…]

17b (1901)

Judith I, Gustav Klimt.