Emilia Pardo Bazán y la novela negra.

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El género policíaco puede elegir descubrirnos el misterio a la vez que el detective, como si fuéramos la misma persona. Pero también nos va dejando pistas, detalles que hacen que nuestra cabeza esté continuamente buscando respuestas, atando cabos. Por eso la lectura de este tipo de novelas es tan estimulante y engancha desde la primera página. Nos mantiene activos, somos parte de la trama. Seguro que Emilia Pardo Bazán experimentaba esa misma sensación cuando leía las obras de Sir Arthur Conan Doyle, si bien criticaba su falta de realismo. Y dejándose llevar por la intriga, ella misma escribió varios relatos policíacos  como “Nube de paso”, “La gota de sangre”, “Presentido” o “En coche-cama”. Yo he elegido “La cana” como ejemplo de su incursión en el género ya que tiene todos los ingredientes indispensables. Comienza con un cambio de planes aparentemente inofensivo, un encuentro con un amigo del pasado, un personaje perturbador, una ciudad de calles estrechas, lluvia y una trampa, una coartada que debe mantenerse en secreto, un asesinato y un detalle mínimo pero esencial. El relato podría haber terminado con la resolución del crimen pero el desarrollo psicológico va un paso más allá cuando la autora describe la consecuencia que este episodio tendrá en la vida del protagonista. Una reflexión sobre la desconfianza y la dificultad de borrar las sospechas, el mal de la intolerancia, de las habladurías. Por lo tanto, Emilia Pardo Bazán, precursora de la novela negra, introduce ya otros matices que van más allá del misterio y que ya entran –de manera superficial- en temas sociales, reflejo de una época.

La trama es sencilla pero no hay que olvidar que estamos en el inicio de este género y todavía estaba en desarrollo. “La cana” y sus otros relatos policíacos son otro ejemplo más de la personalidad inconformista de Emilia Pardo Bazán, siempre explorando nuevas literaturas. Toda su obra es una explosión de arte y vivencias, por eso, me parecería una idea genial que hicieran un biopic de esta escritora. Si se lo curran un poquito podrían conseguir enganchar a nuevas generaciones de lectores, o al menos que perdieran el miedo a la literatura del siglo XIX.

9788415803065_L38_04_lEn mi caso, siempre reservo el verano para dedicarme a leer novela negra, ya que así disfruto de ellas sin tener que posponer la lectura, sin las interrupciones de otras épocas del año. En 2015, dentro de mi año leyendo mujeres (prolongado hasta nuevo aviso), dediqué el verano a ponerme al día con las novelas de Rosa Ribas. Por eso, mi recomendación veraniega es su trilogía, que por ahora cuenta con  Don de lenguas y  El gran frío (dentro de poco se publicará la tercera entrega), escrita a cuatro manos por Ribas y Sabine Hoffman. Unidas por su protagonista, una joven periodista que nos arrastrará en sus investigaciones para resolver un misterio y, al mismo tiempo, irá recomponiendo las piezas de la sociedad española de los años 50. Las dos novelas discurren en dos mundos paralelos: lo urbano y lo rural. Lo que ocultan los hombres y las mujeres que allí aparecen trasciende lo individual para situarse en un plan más abarcador, un retrato de los sentimientos que impulsan nuestra manera de enfrentarnos a la vida, los intereses que nos mueven y también nuestro modo de protegernos. Todo ello configura el mapa de una época, contado a través de historias que se cruzan, que se van revelando, desarrollando una trama que atrapa y remueve, porque nos abre también los ojos. Es el poder de la ficción.

Imágenes: Lumen, Siruela.