Tea-Rooms, Luisa Carnés

Matilde tiene una sonrisa amarga. Ella quisiera…Ella no quiere nada. Nada. El sol va pincandillo. Se cierran los ojos y un calorcito agradable cubre los párpados,  resplandece sobre los párpados. Y el vacío se acentúa.


 

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Tea-Rooms, Mujeres obreras, Luisa Carnés. (Hoja de Lata, 2016)

Al terminar de leer Tea-Rooms y la vida de las mujeres obreras sentí de nuevo la misma emoción que con la película “Las sufragistas“; de nuevo esa oleada de rabia, por los sacrificios y los abusos que sufrieron otras mujeres, pero sobre todo el orgullo de saber que lucharon hasta el final y gracias a eso hoy tenemos más derechos. No me cansaré de leerlas y de hablar de ellas porque no quiero que se olviden. Por eso, al terminar también me preguntaba ¿Dónde estaba Luisa Carnés mientras buscábamos relatos feministas? ¿A qué exilio la relegaron tras su muerte? El exilio del silencio, en apariencia más duradero que el físico puede romperse al abrir Tea-Rooms. Leer sus obras es ahora un acto de justicia literaria, rescatando una voz que nunca debió taparse.

Tea-Rooms, su tercera obra, es una narración con aspiración periodística, una novela reportaje que retrata, desde la ficción, la situación precaria de las mujeres en las primeras décadas de los años 30. Publicada en 1933, refleja la crisis económica padecida por la clase obrera y su impacto en cada una de las mujeres que irán apareciendo en la obra. Estamos, entonces, ante una novela social femenina y, por lo tanto, transgresora y muy valiosa para comprender una de esas décadas enterradas en la historia de las que tan poco se cuenta. Por eso los libros son tan peligrosos para algunos: son arma contra el olvido.

Desde la primera página, Luisa Carnés consigue que formemos parte de la vida de Matilde en su búsqueda de empleo. El ir y venir de las jóvenes aspirantes a secretaria, de los paseantes bajo el atrevido sol primaveral, comienza a envolvernos hasta que nos lleva al escenario principal, el que será su lugar de trabajo: la confitería. Entre brioches y bombones, privilegiados clientes y una odiosa encargada, se cuelan los secretos y miserias de mujeres sin recursos, los delantales negros. Ellas sobreviven a largas jornadas, a las pésimas condiciones laborales, a los abusos de los jefes.

El mayor valor de la novela reside en su capacidad para ser testimonio, contado por una mujer que experimentó esas condiciones y que será una prueba eterna del lenguaje, la moda o las rutinas de esta época sin que tengamos que imaginar o suponer. Tenemos a Luisa Carnés para contarnos cómo era la vida entonces. Los temas que abordará pueden dividirse en dos planos: el político y social –huelgas, paro, crisis- y el de las mujeres –búsqueda de empleo, relaciones sociales, aborto, prostitución-.

El escenario de la confitería se convierte en elemento imprescindible: todo ocurre en esta casa. ¿Y qué es lo que pasa? La vida de las mujeres. Y no es fácil encontrar una novela donde todas las protagonistas sean mujeres, contada por una mujer, y menos que provenga de esta época. Por eso leer esta novela es un ejercicio de empatía y de reencuentro con nuestras antepasadas, supervivientes, inspiradoras y muy realistas. A través de la protagonista alcanzaremos momentos de frustración; sin embargo, los que quedan son los de sororidad.

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Publicada originalmente en 1933 cuando Luisa Carnés ya era una escritora de éxito.

El relato irá acompañado de las reflexiones y reivindicaciones de Matilde –trasunto de Luisa Carnés-. Todo un discurso claro y vehemente de un espíritu inconformista e inteligente como el de esta escritora. Su defensa de los derechos de las mujeres y de la emancipación femenina nos resulta muy actual. Muchas de sus reivindicaciones siguen siendo válidas hoy; y es que se llevan repitiendo los mismos argumentos desde un tiempo que prometía unos avances que no han llegado. El final es de esperanza y duda al mismo tiempo; de no saber cuándo se podrán escuchar todas las voces.

Después de leer este libro y conocer a su autora (a través del imprescindible epílogo de Antonio Plaza) puedo decir que admiro profundamente a Luisa Carnés y espero que este rescate literario no se quede aquí sino que hagan un esfuerzo por reeditar el resto de sus obras. Podemos sentirnos privilegiadas de tener a Carnés de vuelta. Gracias, Hoja de Lata por presentárnosla así.


Pero también hay mujeres que se independizan, que viven de su propio esfuerzo, sin necesidad de “aguantar tíos”. Pero eso es en otro país, donde la cultura ha dado un paso gigante; donde la mujer ha cesado de ser un instrumento de placer físico y de explotación; donde las universidades abren sus puertas a las obreras y a las campesinas más humildes.