CÓMO SER PERSONAJE FEMENINO EN EL SIGLO XIX (3): la femme fatale.

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En las últimas entregas de “Cómo ser personaje femenino en el siglo XIX” (1) y (2) la mujer sumisa fue la protagonista. Ahora le toca el turno al reverso de este doble “modelo” de mujer: la femme fatale.

Si las mujeres no se ajustaban a su papel tradicional de “buena hija- buena esposa- buena mujer”, pasaban al lado oscuro, las brujas, las castradoras, la mala mujer, Pandora, Eva, Salomé, la culpable. En esta época las mujeres intentan trascender el espacio doméstico, luchan por sus derechos, quieren votar, trabajar, ser independientes y toda esta situación provoca el rechazo por parte de los hombres. El conflicto entre lo que la mujer tiene que ser (según lo que otros hombres dijeron o escribieron) y lo que realmente son aparece reflejado en un texto de Ortega y Gasset, titulado “Esquema de Salomé”:

“la esencia de la femineidad es el hecho de que un ser sienta realizado plenamente su destino cuando entrega su persona a otra persona. Todo lo demás que la mujer hace o es tiene un carácter adjetivo dado. Frente a ese maravilloso fenómeno, la masculinidad opone su instinto radical, que la impulsa a apoderarse de otra persona. Existe, pues, una armonía preestablecida entre hombre y mujer; para ésta, vivir es entregarse; para aquél, vivir es apoderarse, y ambos sinos, precisamente por ser opuestos, vienen a perfecto acomodo.”

Ese ambiente propicia el crecimiento de tendencias misóginas basadas en tesis como la que vemos en el texto anterior: la mujer se anula por su carácter secundario respecto al hombre, su función es totalmente pasiva. Otras de esas tesis fundamentadas en una ideología represiva atribuían, por ejemplo, desordenes psicológicos a las mujeres que bailaban. Precisamente en el Fin de Siglo, nos encontramos con numerosas bailarinas como Carmen Tórtola Valencia, Loie Fuller o Isadora Duncan.  Mujeres fuertes que mostraban su libertad a través de movimientos innovadores:

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Isadora Duncan.

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Carmen Tórtola Valencia.

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Loie Fuller.

La femme fatale es un símbolo de ira y destrucción: las mujeres perversas y destructoras representadas con melena larga y cabello abundante de color rojo o a través de figuras animalizadas como la serpiente o la esfinge. Ellas atrapan al hombre, anulan su intelecto y son las culpables de todos los males. Todos esos atributos negativos vuelven a tener su representación artística en la época, reflejo del interés que despertaba en ese momento y de cuáles eran los modelos de mujer en ese momento histórico (a pesar de que sigan perdurando). También la literatura está plagada de referencias a este personaje femenino (Las Diabólicas, Barbey D’Aurevilly, La Quimera, Emilia Pardo Bazán) y en la próxima entrega me centraré en la figura de Salomé, especialmente en la obra teatral de Oscar Wilde.

8. Dante Gabriel Rossetti Helena de Troya (1863)

Helena de Troya, Rosseti (1863)

12. John William Waterhouse La belle dame sans merci (1893)

La belle dame sans merci, Waterhouse (1893)

2. Félicien Rops La Esfinge (1879)

La esfinge, Felicien Rops (1879)

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